Mientras escribo esto, el Parlamento británico está completamente estancado ante la decisión de abandonar la Unión Europea. Aunque nadie pueda predecir qué va a ocurrir, hay una cuestión muy clara: el Brexit ha ahogado a la Democracia en la mayor crisis constitucional en siglos.

Hay muchas maneras de analizar cómo hemos llegado a esta situación, pero en este texto lo que pretendo es arrojar algo de luz sobre el resurgimiento experimentado por la derecha política británica así como aportar algunas ideas de cómo hacerlo retroceder. 

En 2009, la BBC emitió uno de los capítulos más polémicos de su famoso programa “Question Time”. Como invitado en la mesa estaba Nick Griffin, el líder de extrema derecha del Partido Nacional Británico (BNP), y a pesar de las protestas, el show siguió adelante. Poco tiempo después, el BNP alcanzó su punto de inflexión y entró en declive debido a una combinación de sordidez, escándalo y falta de liderazgo. 

Lo que la gente no percibió fue hasta qué punto las ideas de la extrema derecha no sólo se estaban popularizando, sino que estaban dictando los movimientos de nuestros líderes políticos.

Entra en escena David Cameron. Mucha gente atribuye el caos actual del Brexit a la actual Primera Ministra (aún PM cuando escribo estas palabras) Theresa May. Sin embargo, David Cameron debe asumir su parte de culpa por el enredo en el que se encuentra la política en el Reino Unido.

Su primer gobierno se caracterizó por el uso de la coalición, que hasta ese momento no había supuesto un rasgo propio del panorama político británico. Esto hacía intuir que su gobierno se caracterizaría por un compromiso centrista, con los Liberal Demócratas acercando al ala derecha del partido conservador hacia el centro del tablero. En la práctica, sin embargo, no fue esto lo que ocurrió. De hecho, la presión del flanco derecho de David Cameron fue más potente de lo que nunca había sido. La huída de dos perfiles de alto nivel, Douglas Carswell y Mark Reckless, hacia el partido antieuropeo y anti-inmigración UKIP (Partido de la Independencia de Reino Unido) aumentaron la presión sobre Cameron para escorarle hacia la derecha.

“David Cameron estaba seguro de que el Partido Conservador se mantedría en coalición con los Liberal Demócratas, quienes bloquearían la idea del referéndum”

 

Para enfrentarse al problema, Cameron pensó que era el momento de hacer un gran gesto político. En vista de la situación, parecía un movimiento táctico inteligente: prometer un referéndum que se celebraría únicamente si se daban unas condiciones con muy pocas posibilidades de cumplirse. En Enero de 2013 David Cameron prometió la celebración de un referéndum para abandonar o permanecer en la Unión Europea siempre y cuando (y esta es la gran condición) su Partido Conservador ganara con mayoría en las próximas elecciones. Desafortunadamente, David Cameron fue víctima de su propio éxito. Nadie, y Cameron menos que nadie, esperaba ganar las elecciones. Tal como Donald Tusk, el Presidente de la Comisión Europea, revelaría más tarde en un documental para la BBC, David Cameron estaba seguro de que el Partido Conservador se mantendría en coalición con los Liberal Demócratas, quienes bloquearían la idea del referéndum.

Mucho antes de que la fecha del referéndum fuera anunciada, la derecha política británica ya había comenzado su movilización. Qué mejor causa para el cumplimiento de sus políticas que una campaña contra la Unión Europea. 

Y su mensaje caló, junto con las incoherencias que vinieron después. Hay un ejemplo clásico de un hombre al que paran por la calle y le preguntan por qué votó LEAVE la UE, a lo que responde “se trata de la inmigración… y de impedir a los Musulmanes que entren al país”.

Influyó que las políticas del gobierno de David Cameron estuvieran dictadas por el flanco derecho del Partido Conservador, pero es necesario tener un conocimiento pleno de la situación económica y política del contexto británico en aquel momento para comprender por qué la campaña para abandonar la UE fue tan exitosa.

Después de que el Partido Laborista fuera barrido del poder en 1997 con la aplastante victoria de Tony Blair, el centro del tablero político británico disfrutó de relativos estabilidad y éxito. Con una agenda marcada por las reformas sociales, la introducción del salario mínimo, inversiones récord para el sector público junto posturas pro-negocio y pro-riqueza había un sentimiento de que se había “superado” la Política – el equilibrio entre público y privado, reforma y estabilidad, libertad y elección. El gobierno de Blair se enorgullecía también de ser internacionalista; aspiraba a que el Reino Unido no sólo participara sino que liderara Europa e incluso tuvieron que disuadirle de que Gran Bretaña se uniese al Euro. 

“El capitalismo desregulado había creado un shock económico y los gobiernos nacionales elegidos democráticamente estaban en el puesto de mando”

 

Blair ganó tres elecciones y pasó el mando al Canciller Gordon Brown en 2007 con el consenso liberal centrista apenas intacto. Después vino la crisis financiera de 2008, que lo cambió todo.

Los líderes políticos deberían no sólo haber percibido las amenazas del panorama político sino también haber reconocido las oportunidades. Esta era una oportunidad para dar a la política una nueva forma. El capitalismo desregulado había creado un shock económico y los gobiernos nacionales elegidos democráticamente estaban en el puesto de mando. El rescate financiero debería haber tenido condiciones estrictas, los banqueros deberían haberse enfrentado a la Justicia y los gobiernos nacionales deberían haber aprovechado la oportunidad para re-equilibrar sus economías en favor de los perdedores de la globalización.

Por el contrario, en el Reino Unido, Estados Unidos y en otros lugares, los líderes nacionales dejaron escapar la oportunidad, siendo en muchos casos  gobiernos de centro-izquierda los que rescataron a los bancos y dejaron a quienes habían causado la crisis que saliesen impunes. El problema fue que la desigualdad que se había ido construyendo y posteriormente extremando por la crisis económica no se redujo a pesar de los intentos de los gobiernos, antes fructíferos, de estabilizar sus economías. Esto resultó todavía más difícil en Reino Unido cuando el gobierno de coalición de David Cameron llegó al poder e implementó un severo programa de austeridad. Desde entonces, los salarios se han estancado, el número de trabajodrxs pobres ha aumentado y ha habido un crecimiento sorprendente en el uso de los bancos de alimentos a lo largo y ancho del Reino Unido.

Es en este contexto en el que el referéndum del Brexit se desarrolló y la narrativa de la derecha caló fácilmente. La población británica estaba harta, herida, asfixiada y se sentía impotente después de años de austeridad; los favorables al Brexit se aprovecharon de este sentimiento. Usando el slogan “recupera el control” argumentaban que todos los problemas del Reino Unido se solucionarían aislándonos del resto de Europa: terminando con la inmigración, terminando con las directrices de Bruselas y recuperando una vez más nuestra libertad. La ahora infame mentira de la campaña LEAVE de que se recuperarían  £350 millones por semana para el sistema nacional de salud NHS fue efectiva, precisamente porque el servicio de salud pública se había degradado hasta el borde del colapso durante el gobierno conservador.

Desafortunadamente, la izquierda estuvo dividida frente al Brexit, lo que permitió que la campaña a favor de REMAIN estuviera dominada por aquellos en el antiguo centro político. La campaña de la derecha a favor de LEAVE presentaba una visión de esperanza y cambio, mientras que la centrista a favor de REMAIN estaba representada por el status quo. Enmarcado de este modo, está claro por qué la agenda de la derecha, a pesar de presentar soluciones erróneas para los problemas del país, ganó el referéndum con el 52% de los votos.

“La mentira de que se recuperarían  £350 millones por semana para el sistema nacional de salud NHS fue efectiva, precisamente porque el servicio de salud pública se había degradado hasta el borde del colapso”

 

Todo ha sido caos desde entonces y el Brexit dominará y desestabilizará la política británica durante los próximos años. Pero una cosa está clara. Si alguna vez queremos  vencer a la derecha política del odio y de la división, la izquierda deberá presentar una agenda de transformación clara, progresista y radical que verdaderamente se entregue a la mayoría de la población. Si realmente se quiere que la gente recupere el control de sus propias vidas, una agenda radical de izquierdas que no sólo resuelva las profundas injusticias sociales, sino que también presente una plataforma electoral ganadora debería incluir una adecuada inversión en servicios sociales, mejor servicio de cuidados a la infancia, devolver nuestros servicios a la propiedad pública, educación superior íntegramente financiada, impuestos progresivos para que los de arriba paguen su parte y, entre otras cosas, hacer frente al Cambio Climático con nuestro propio Green New Deal. Solo entonces podremos hacer retroceder a la derecha en el Reino Unido y en todo el mundo.