Les richesses et les ressources naturelles appartiennent au people.
Elles sont utilisées pour l’amélioration de ses conditions de vie.”
(“Las riquezas y los recursos naturales pertenecen al pueblo.
Estos serán utilizados para la mejora de sus condiciones de vida”).

Constitución de Burkina Faso, 1991 - Art. 14

“Il n’y a pas de feu au lac, on est ensemble.”
(“No hay fuego en el lago; estamos juntos”).

Dicho popular burkinabé.

Introducción

A un estudiante de ciencias naturales, cualquiera que sea su rama, cuando ataca un problema complejo, en el que el objeto de estudio no puede aislarse de su entorno, o donde múltiples procesos tienen lugar simultáneamente, se le aconseja seguir cuidadosamente una serie de pasos para llegar a buen puerto:

1°- Observar;
2°- Describir;
3°- Analizar;
4°- Interpretar. 

Seguir este orden es importante, así como agotar las posibilidades de cada paso antes de pasar al siguiente. De este modo, uno puede albergar esperanzas de llegar a conclusiones consistentes y completas, y no perderse por el camino, o pasar por alto elementos clave para la interpretación final. Esto lo podemos aplicar a cualquier proceso que imaginemos: la erosión de sedimentos en la ribera de un río, los ciclos de nutrientes en un ecosistema, los ciclos fenológicos de un bosque, la respuesta de un ecosistema a distintas presiones antropogénicas, etc.

En el mundo de hoy, muchos problemas de carácter complejo son ya y de forma creciente desafíos ecológicos de primer orden, cuya comprensión, además, se ve dificultada por sus dimensiones. Y claro, si su comprensión es aún difícil de lograr completamente, aún más lejos estamos de remediarlos. Siendo en su origen cuestiones relativas a las ciencias naturales (por ejemplo, el calentamiento global, la degradación de ecosistemas, la pérdida de biodiversidad, la inseguridad alimentaria, las migraciones climáticas etc.), necesitan ser enfocados desde un concierto de disciplinas de manera integrada (ecología, climatología, hidrología, sociología, técnicas de computación, política, economía, historia) para dar cuenta de todas sus implicaciones. En este sentido, uno de los sectores que más necesita de un enfoque integrado como este es la protección de ecosistemas y gestión de recursos naturales. Y una de las regiones más sensibles al inminente desafío de la emergencia climática es África Occidental.

Mi intención en este artículo es sólo dar unas pinceladas sobre este tema dentro de los mencionados puntos 1° y 2° (observar y describir) y así ser capaz de sugerir preguntas al lector que encaminen al 3° (análisis), sobre un caso en el que he tenido la oportunidad de trabajar los dos últimos años: la gestión de recursos hídricos en Burkina Faso. 

Escasez de agua a escala global y en África Occidental

Durante décadas, la escasez de agua se ha destacado como uno de los principales desafíos para el desarrollo humano a escala mundial (Alcamo et al., 2000). Recientemente, ha sido catalogado por el Foro Económico Mundial como uno de los mayores riesgos globales en términos de impacto potencial en el futuro inminente (Foro Económico Mundial, Informe de Riesgos Globales, 2019). En todo el mundo, el crecimiento demográfico, la rápida industrialización o la expansión de la agricultura y la ganadería son algunas de las fuerzas impulsoras de una demanda de agua cada vez mayor. De hecho, desde los años 80, la demanda mundial de agua se ha más que duplicado a pesar de contar, recordemos, con una dotación de agua mundial limitada (Wada et al., 2011).

Como resultado del calentamiento global, la creciente variabilidad climática ha provocado en algunas regiones del planeta una disponibilidad impredecible de recursos hídricos, lo que ha dado lugar a la cobertura incierta de las necesidades básicas de la sociedad, la perturbación de ecosistemas y al mal funcionamiento de diferentes sectores económicos tanto a escala local como regional (industria, producción agrícola, mantenimiento del ganado, etc.) (Cherlet et al., 2018).

Para ciertas regiones, como África Occidental, el impacto del calentamiento global probablemente dará lugar a una disminución de la precipitación neta y a un cambio (espacial y temporal) en la distribución de lluvias (Abubakari et al., 2017), mientras que se espera que la aridez del suelo y las tasas de evaporación aumenten (Huang, 2015). En este escenario, la escasez de agua se ha convertido en un desafío prevalente y en un tema transversal con impactos directos en tres ámbitos diferentes: el económico, el social y el ambiental (Brandt et al. 2014). Esta situación se da de modo paradigmático en ese cinturón geográfico al sur del Sáhara llamado el Sahel.

Según las proyecciones climáticas futuras, se espera que la variabilidad climática aumente en la región del Sahel, lo que provocará la perturbación de los principales sistemas fluviales y lacustres (es decir, cambios en los patrones de distribución de las lluvias y en los caudales superficiales, una mayor evapotranspiración provocada por el aumento de las temperaturas medias o perturbaciones en el balance hidrológico del suelo). Sin embargo, es difícil lograr pronósticos regionales precisos, y las últimas generaciones de modelos no logran un acuerdo claro con respecto al patrón de precipitaciones de África Occidental en el futuro próximo (Awotwi et al., 2015). Desafortunadamente, la variabilidad y la falta de acuerdo de las proyecciones climáticas futuras producen todavía hoy en día una alta incertidumbre de la respuesta hidrológica al calentamiento global en África Occidental (Yira et al. 2017).

Gestión de recursos hídricos y políticas públicas en África Occidental

El uso del agua es una conditio sine qua non para la vida tal como la conocemos, y siempre ha estado determinado por su disponibilidad, cantidad y calidad (Biswas, 2004). El marco de Gestión Integrada de los Recursos Hídricos (GIRH) es un enfoque holístico de gestión de recursos hídricos que se planteó por primera vez en los años 40 del siglo XX. Éste fue redescubierto más tarde en los años 90 (Principios de Dublín, 1992) y desde entonces se ha ido integrando gradualmente en los planes estratégicos de desarrollo de estados en todo el mundo, así como en el plan de Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU (SDG’s, UNDP 2015). En oposición al habitual enfoque “sector por sector”, la GIRH representa un marco de trabajo para la gestión del agua basado en los ecosistemas acuáticos, teniendo en cuenta a las múltiples partes involucradas en la asignación de recursos y teniendo por objeto dar cuenta de los complejos sistemas que intervienen y se ven afectados por el ciclo hidrológico a escala de la cuenca fluvial. Muchos casos en todo el mundo, y particularmente en África Occidental (Anderson et al. 2008), muestran la efectividad de la implementación de la GIRH para compartir mejor entre los diferentes usuarios del agua, apoyando objetivos económicos y sociales, así como manteniendo al mismo tiempo la integridad de los ecosistemas acuáticos.

Al contrario que este reciente enfoque, durante la segunda mitad del siglo XX, en toda el África subsahariana, ha sido una práctica común de las políticas gubernamentales promover la explotación para el desarrollo económico a expensas de la conservación y la sostenibilidad (Odada et Olago, 2006), impulsada por proyectos centralizados y a gran escala, con poca atención a la pequeña empresa y la gestión local (Banco Mundial, 1981). Sin embargo, la necesidad de soluciones sostenibles a largo plazo para cada programa de desarrollo ha sido enfatizada cada vez más en las últimas décadas. Para ello, se hace necesario un enfoque integrado, basado en el ecosistema, que tenga en cuenta los complejos sistemas relacionados con el agua y su interdependencia (Allan et al. 1999). En consecuencia, no sólo la comunidad científica, sino también las organizaciones internacionales han defendido este marco desde hace bastante tiempo:

«Este enfoque holístico, basado en el ecosistema, es el mejor enfoque de gestión para abordar los crecientes desafíos de la gestión del agua y se considera el mejor enfoque para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio».

(UNESCO-WWAP 2006, p.526).

Red nacional de embalses en Burkina Faso

Desde la década de 1950, se han implementado gradualmente planes de desarrollo de infraestructuras para contrarrestar la escasez crónica de agua y los episodios de sequía severa que padecía cada vez más la población burkinesa. Se crearon cientos de embalses para proporcionar una red de almacenamiento de agua en todo el país. Los primeros embalses artificiales fueron construidos por la iglesia católica en los años 20 (R. Ouedraogo, 2010) para luego convertirse en un tema de importancia estratégica (años 70 a 90), siendo incluidos en los planes nacionales de desarrollo. Esta planificación fue especialmente fomentada después de los dramáticos efectos de las sequías en toda África Occidental de los años 70 y 80. De hecho, la mitad de todas las presas existentes en el país (49,7%, ~ 850 embalses) fueron construidos durante el período 1974-1987 (DGH, 2001). 

Clima regional

Aunque las características precisas del clima de África Occidental (fuentes de humedad, variabilidad estacional, etc.) no son aceptadas por consenso (Nicholson, 2009), el marco clásico para entender el clima regional puede describirse ampliamente de la siguiente manera: los vientos estacionales monzónicos (que vienen de la cuenca atlántica hacia el noreste, entre junio y septiembre) y el harmatán (desde el Sahara central hacia el suroeste, de octubre a marzo) marcan el ritmo de la alternancia estacional en la región (Joly et al. 2009). Este patrón de vientos está determinado principalmente por el cambio estacional de la Zona de Convergencia Intertropical (ITCZ), que induce un enorme gradiente de temperatura y humedad relativa entre el Sahara central y el Océano Atlántico ecuatorial (Elfatih et al., 1996). Durante la temporada de lluvias, estos vientos pluviales procedentes del Atlántico ecuatorial migran hacia el norte, llegando a África occidental a finales de junio y precipitando gradualmente (Hagos y Cook, 2007). Durante la estación seca, los vientos alisios cálidos provenientes del desierto del Sahara soplan hacia el suroeste hasta alcanzar el Golfo de Guinea, aumentando la temperatura ambiente media (Schwanghart, 2008). Siendo la mayor fuente de polvo del mundo, este viento (llamado Harmatán) reduce la humedad relativa en el norte de Burkina Faso hasta un 25% (INSD, 2017).

El territorio de Burkina Faso está dividido en tres grandes cuencas hidrográficas (río Comoé, río Volta y río Níger). Como el país se encuentra entre dos regiones climáticas distintas (norte: Sahel; sur: Sudano-Tropical) y la topografía es característicamente plana en todo el país, las condiciones climáticas están determinadas principalmente por la latitud. La región se caracteriza por un gradiente sur-norte de aumento de aridez (es decir, aumento de las temperaturas medias y disminución del contenido de humedad del aire).

En el norte -una extensa llanura seca con arroyos superficiales que desembocan en el río Níger-, la temporada de lluvias es extremadamente corta y muy escasa en descarga neta (ca. 400-450 mm/año), superando sólo los 100 mm en el mes de agosto. El mes más cálido suele ser mayo (temperatura media de 34 °C), mientras que la temperatura media alcanza los 29,5 °C (INSD, 2017).

En la meseta central, la estación lluviosa trae más precipitaciones (850-1150 mm/año) y también dura más (de junio a septiembre), mientras que el mes más cálido suele ser abril (temperatura media de 30, 7º C).  Las temperaturas medias anuales son algo más suaves que en el norte, alcanzando los 28,4 °C.

En las latitudes más australes del país, la tendencia se mantiene constante: la estación de lluvias se prolonga aún más, con una mayor descarga anual (1000-1200 mm/año), un mes cálido más temprano (marzo, 29,5 °C) y temperaturas medias más suaves (27,4 °C).

Calentamiento global y creciente aridez: impacto sobre los recursos

Aunque actualmente no existe un acuerdo sólido en relación con la respuesta esperada del ciclo hidrológico al calentamiento global en África Occidental (Yira et al. 2017), se espera que los efectos del aumento de la aridez en la región tengan un impacto más dramático en los embalses pequeños y medianos que en los sistemas lacustres más grandes. Los embalses pequeños son más sensibles que los grandes al incremento de la aridez. Debido a su menor inercia térmica, los embalses más pequeños presentan cambios de temperatura mayores que los sistemas más grandes, como consecuencia del intercambio de calor con el ambiente circundante, resultando en mayores tasas de evaporación por unidad de volumen (Incropera et al., 1999). Además, los embalses más grandes -es decir, los destinados a la generación de energía hidroeléctrica- se localizan principalmente aguas abajo, recibiendo corrientes de agua de diferentes regiones. 

Por lo tanto, los servicios sociales y ambientales más amenazados son aquellos relacionados con los embalses pequeños y medianos (por ejemplo, la agricultura de subsistencia, el abastecimiento de agua a los hogares), los cuales se encuentran principalmente en las cabeceras de la red de fluvial. 

En cuanto a su distribución geográfica, las regiones más vulnerables a los efectos del calentamiento global son las situadas al nordeste del país, dentro de la región climática del Sahel, así como las provincias que se encuentran en la cuenca hidrográfica del Níger.

Aspectos demográficos y económicos de Burkina Faso

Burkina Faso es uno de los países más pobres del mundo (puesto 183 de 188 en el Índice de Desarrollo Humano; Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas, 2019), con más del 40% de la población (es decir, 7,7 millones) viviendo por debajo del umbral de pobreza a fecha de 2014 (Banco Mundial; Burkina Faso: Informe técnico, 2018). La pobreza sigue siendo un fenómeno principalmente rural, con alrededor del 90 % de los pobres viviendo en zonas rurales. Los miembros de los hogares pobres (6 miembros estimados por hogar en promedio según el INSD, 2017) permanecen prácticamente excluidos de los principales servicios básicos, el acceso al suministro de agua y a la infraestructura de saneamiento.

El país se enfrenta a condiciones meteorológicas cada vez más severas, lo cual constituye uno de los principales obstáculos para estabilizar el sector agrícola y contribuir a mitigar la pobreza extrema. Alrededor de un tercio del país se encuentra en el Sahel, esa vasta franja de tierra al sur del desierto del Sahara con niveles muy bajos de resiliencia del suelo (es decir, baja capacidad del suelo para restaurar las propiedades químicas y físicas por sí mismo, así como bajo potencial de secuestro de carbono), cuya respuesta a la sobreexplotación de cultivos y al calentamiento global sigue siendo difícil de predecir (Brandt. et al., 2016; Ouedraogo et al. 2015). Aunque los modelos climáticos regionales no logran un acuerdo sólido sobre las proyecciones futuras para la región, ya se puede observar que el Sahel se ve cada vez más afectado por largas sequías e inundaciones más intensas durante episodios de lluvias torrenciales (NAP, 2015).

El sector agrícola de Burkina Faso es uno de los menos productivos de toda África (Knauer et al., 2017). Las condiciones climáticas adversas (pobreza natural en nutrientes, precipitaciones insuficientes y erráticas) y la degradación constante de los suelos reducen considerablemente los rendimientos agrícolas. Estas limitaciones naturales, sumadas a la falta de desarrollo financiero y técnico del sector, han llevado a la práctica de una agricultura extensiva de subsistencia, muy básica en medios técnicos y con bajos rendimientos de producción. Estas circunstancias explican la debilidad de los ingresos y la fluctuación de la producción del sector primario, lo cual explica que el país sea incapaz de garantizar de forma duradera la seguridad alimentaria de todos los hogares (NAP, 2007 y 2015).

En cuanto a la composición social, la edad media es similar a las de los países vecinos (Burkina Faso: 17,1 años; África Occidental: 18 años), siendo una de las características más notables de la población de Burkina Faso su extrema juventud: el 47% de la población de Burkina Faso tiene menos de 15 años y el 67% menos de 25 años (Naciones Unidas, DESA, División de Población, 2017).

Actuales estrategias de desarrollo en Burkina Faso

En cuanto a las estrategias nacionales de desarrollo en el sector del agua, durante las dos últimas décadas se han centrado los esfuerzos del gobierno en la renovación de la estructura institucional así como la transición hacia un sistema más descentralizado, la creación de entidades de gestión local y la adopción de medidas urgentes para garantizar un cierto nivel de protección de los recursos hídricos (PAGIRE, Plan de Acción para la Gestión Integrada de los Recursos Hídricos en Agua; y PN-AEPA, Programa Nacional de Abastecimiento de Agua y Saneamiento). Desde 2016, se ha implementado una nueva generación de programas de desarrollo con un marco integrado como el que describíamos al principio. Estos programas, inspirados en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (SDG), tienen por objetivo adaptar el sector del agua en un marco integrado con vistas a 2030 (saneamiento de aguas residuales, abastecimiento, gobernabilidad sobre los recursos y desarrollo hidráulico).

A fin de aplicar las políticas de desarrollo adecuadas que permitan hacer frente a los desafíos existentes en el país (escasez de agua, aumento de la aridez, inseguridad alimentaria, degradación de los ecosistemas, etc.), una medida necesaria es crear conocimientos fiables (por ejemplo: actualizar y armonizar las bases de datos) para mejorar la capacidad de los profesionales locales mediante investigación aplicada. Para ello, diferentes instituciones internacionales de investigación en ciencias naturales y sociales (PNUMA, PNUD, UNESCO, UICN, entre otras) se han centrado en proponer soluciones viables para un desarrollo humano sostenible, asegurando al mismo tiempo la integridad de los ecosistemas naturales. Sin embargo, hasta la fecha, las investigaciones en este campo se ven interrumpidas periódicamente, debido a la falta de estabilidad institucional y a una inversión inestable. La financiación de las campañas de recopilación de datos suele estar vinculada a proyectos de desarrollo temporales, por lo que son frecuentes las interrupciones en la recopilación de datos sobre el terreno. Por lo tanto, es difícil obtener series de datos hidrométricos continuos durante períodos prolongados (DGH, 2001).

En relación con la conservación de los ecosistemas acuáticos, hasta la fecha, pocos estudios han evaluado el estado ecológico de las masas de agua superficial de Burkina Faso (Sanogo et al. 2014; Sendzimir et al. 2015). Con el fin de abordar esta carencia, investigaciones recientes han propuesto técnicas de biomonitorización para evaluar el efecto de las actividades humanas sobre los ecosistemas acuáticos -por ejemplo, modificación de la calidad del agua, intensificación de la agricultura y ganadería, actividades mineras, etc.-, evaluando el resultado de las perturbaciones antropogénicas sobre la biosfera (Melcher et al., 2012; Kaboré et al., 2017). De hecho, el uso de bioindicadores ha demostrado ser una herramienta muy útil como método de «alerta temprana» de la degradación de los ecosistemas y evaluación de la biodiversidad (Barbour et al., 1995; Alonso et al., 2011).

Conclusión

Queda aún mucho que decir sobre los distintos agentes intervinientes en la gobernabilidad del país, las causas del nomadismo de sus instituciones (los motines ciudadanos contra el gobierno de Blaise Campaoré -instalado en el poder por 27 años-  comenzaron en 2011, terminando con su derrocamiento en 2014), la influencia en la economía local de los titánicos desembarcos de pescado importado de China y los caladeros Senegaleses, el origen de la inversión privada extranjera, el papel que desempeña el Banco Mundial en el diseño institucional del país, las nuevas formas de colonialismo económico y cultural que practica Francia, los flujos migratorios en la región…, en fin, como puede verse, la cuestión es compleja.

Por ello, simplemente espero haber sido capaz de describir algunos de los aspectos más generales de la situación del país, como paso preliminar a cualquier análisis, así como haber servido de puente para profundizar en el tema por medio de las referencias aportadas.

Espero también haber despertado un poco el interés de los lectores sobre este hermoso país que tanto lucha por alcanzar materialmente lo que fue ideado bajo el gobierno de Thomas Sankara, esto es, dejar de llamarse por el nombre que les pusieron sus colonos, “País del Alto Volta”, para ser Burkina Faso,  “País de la Gente Digna”. Este interminable y difícil camino, repleto de espinas, de titanes extranjeros y déspotas domésticos, pasa con toda seguridad por lograr la propia soberanía alimentaria y la estabilidad de sus instituciones republicanas.

Por Jaime Caballer Revenga, Ingeniero de energía y medioambiente

Referencias

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