“Por oriente alumbra la escena un sol completamente republicano, de rayos rojos, morados y amarillos, como será la bandera de la Segunda República” (cartel de 1931)

Por Concha Torralba

En pleno confinamiento, debido al Covid-19, nos sale al paso la fecha del 14 de abril. Fecha esta, cargada de nostalgia, aupada por un cierto espectro que nos asalta cultural e históricamente y nos conmina a pensar en una herencia ineludible de todas y para todas. Aún más, esas horas pasadas con ese espectro logra, sin escusas, quizá sin piedad, despejar esa herencia nostálgica y enfrentarnos al tiempo que nos ha tocado vivir. Si es necesario hacer comparaciones, háganse. Días de desasosiego estos en los que no se acierta a ver ningún atisbo tranquilizador en el horizonte y así, preguntarse pero ¿entonces que es el republicanismo? O mejor dicho, ¿de qué rasgos republicanos vamos a escribir a continuación? ¿Que nos dejó esa herencia, que utilidad tiene a día de hoy? En la pandemia sólo la ciencia vendrá en nuestra ayuda, pero en la catástrofe económica, de la que hablan machaconamente los medios agoreros, no saldremos con las fórmulas de siempre.

No se pudo resolver la crisis del 2008, aún arrastramos los recortes inmisericordes de todo lo público y comprobamos estupefactos, que las cosas pueden tomar los mismos derroteros. Toman el control, que debería ser democrático, una serie de dirigentes de empresas, más o menos en la sombra, de toda la economía; aquellos que verdaderamente mandan, en connivencia con los mandatos de la Europa de los mercados y sus exigencias austericidas, sin haberse presentado nunca a ningunas elecciones. Los préstamos que, a bombo y platillo, se anuncian como ayudas, son insuficientes y se tendrán que devolver al precio de más recortes sociales.

La constitución del 78 es continuista, salió del franquismo bajo el principio de “soberanía nacional” que garantizaba poderes y privilegios a los poderes económicos y aseguraba la monarquía de los Borbones. La Constitución de 1931 fue transformadora, su principio era el de “soberanía popular” para dar solución a los enormes problemas con que se encontraba España a principios del siglo XX. Las reformas de un estado laico, los derechos sociales a los grupos más desfavorecidos, la participación ciudadana y la iniciativa legislativa popular, referéndum sobre las leyes votadas en las Cortes, la constitucionalización de la libertad sindical y los jurados populares. El texto actual contempla referéndum, sí, pero vinculante en el caso de reforma constitucional o aprobación de “algunos” estatutos de autonomía. Tras largos debates en las cortes, se aprobó en 1932 el estatuto de autonomía para Cataluña, que sentó las bases del actual.

En estos días de pandemia los datos de la división sexual del trabajo son contundentes. La mayoría de las enfermeras y personal auxiliar en los hospitales son mujeres, así como las cuidadoras de las residencias de ancianos y ancianas. Se hace patente la desigualdad en el trabajo entre hombres y mujeres en el mercado laboral.

Las tareas domésticas y de cuidados no son repartidas ni de manera individual ni colectivamente. El sistema capitalista en el que vivimos reparte roles sociales diferentes. La mujer subordinada por la idea de familia o de reproducción es el resultado y el aspecto ilustrativo de la unión histórica, ya, entre patriarcado y capitalismo. El rol hegemónico saca una, nada exigua plusvalía, del trabajo no-remunerado del rol supeditado. Se cumple la inexorable supremacía de un término sobre otro en toda relación binaria, en todo par de contrarios. El trabajo de cuidados de las mujeres puede contabilizarse en el PIB. La manera de entender las relaciones tiene que cambiar radicalmente. Necesitamos una Tercera República para que se respeten a las personas trans o no-binarias/no-normativas. Para cambiar la hegemonía heteronormativa. En definitiva, una estrategia para cambiar el mundo.

No dejemos que este encierro voluntario solape los recortes brutales en servicios públicos, No olvidemos la crisis de la monarquía de los Borbones a quienes no necesitamos en absoluto. Tenemos una oportunidad en estos días de zozobra. Urge limitar el poder del capital financiero, prohibir los paraísos fiscales, revisar la fiscalidad de las multinacionales que operan en nuestro país, vigilar los abusos del principal partido de la oposición y de sus autonomías. Recuperar de alguna manera aquel espíritu del 15M.

Vamos a por la Tercera, nuestra historia pasada nos lo demanda.