Manuel Sacristán Luzón (1925-1985) es uno de los referentes teóricos del pensamiento ecologista en el estado español. Teórico marxista, traductor e introductor en España del pensamiento de Antonio Gramsci, Giorgy Lukács, Theodor Adorno, Karl Marx o Friedrich Engels, su pensamiento siempre entendió que la izquierda “obrerista” no estaba a la altura de los desafíos que implicaba el desarrollismo desaforado, que había confiado siempre en que el “desarrollo de las fuerzas productivas” era una garantía de progreso social, sin atender, en ningún momento a las limitaciones objetivas del planeta y a cómo el capitalismo, abandonado a sus propia dinámicas, suponía un riesgo para la propia existencia de la humanidad. Reproducimos algunas de sus reflexiones de los años 80, cuando se encontraba impulsando el ecologismo político en España.

“La lucha contra las nucleares y ecológica tiene la importancia de ser en este momento lo que Lenin llamaba “el ataque al eslabón más débil” y es por donde debemos atacar aquellos que creemos que hay que detener este modelo de crecimiento”
“Nos parece mala la civilización montada sobre el despilfarro energético, aunque fuera montada sobre enormes concentraciones de plantas solares”
“El socialismo va al desastre si no asimila la motivación ecológico-revolucionaria, aunque ésta también, a su vez, debe asimilar y comprender que es necesaria una revolución social. Porque el capitalismo tiende a la concentración, y por tanto no puede dar una organización de vida social admisible aunque quisiera”.
“El anterior gobierno socialdemócrata alemán intentó legislar, un par de años antes de la caída del canciller Schmidt, la abolición de la industria del amianto. Se trata de uno de los procesos industriales más cancerígenos que se conoce, y el producto no es tampoco inocente para los usuarios, aunque, naturalmente, los más amenazados son los obreros de la rama. Pues bien: en la oposición se encontraron aliados la patronal y el sindicato obrero. No es más que un ejemplo, pero creo que ilustra bien el problema a que me refiero. La civilización capitalista ha llevado a una situación – por lo menos en los países del capitalismo avanzado – en el cual sectores importantes del proletariado son capaces de defender la producción de su propio cáncer a cambio de poder retener su automóvil”.
“No tenemos ninguna garantía de que la tensión entre las fuerzas productivo-destructivas y las relaciones de producción hoy existentes haya de dar lugar a una perspectiva emancipatoria. También podría ocurrir todo lo contrario. Alguna vez he dado el siguiente ejemplo para precisar lo que quiero decir sobre este punto: en el pensamiento conservador existen ya utopías, perspectivas que construyen un futuro sumamente opresivo, jerarquizado y explotador (porque se oprime para explotar) sobre la base de dar libre curso a las fuerzas productivo-destructivas más problemáticas de este capitalismo avanzado, en particular esa adorada panacea, becerro de oro de todo optimismo desarrollista, que es la energía de fisión nuclear. Pensemos, por ejemplo, en la utopía de Adrian Berry Los próximos diez mil años que tradujo hace algún tiempo Alianza Editorial. No sé si han tenido ustedes la curiosidad de leer ese monstruo La perspectiva de Adrian Berry se opone al Manifiesto de Estocolmo Una sola Tierra.  Berry arguye que decir que hay una sola Tierra para la especie humana es sostener una tesis oscurantista contraria al progreso de la ciencia y de la técnica, porque en realidad hay muchas Tierras posibles para la humanidad (…)
(…) Ese camino empieza por la unificación autoritaria de la humanidad. Berry presume que eso ocurrirá mediante una o varias guerras atómicas (…)
(…) Una vez colonizada la Luna, se fragmenta mediante explosiones nucleares el planeta más grande y más adecuado para la finalidad que persigue Berry: Júpiter. (…)
(…) Parecen claras las condiciones políticas del  proyecto conquistador de Berry: un régimen autoritario y una jerarquización extrema de la humanidad (…)
“Un programa socialista no requiere hoy (quizá no lo requirió nunca) primordialmente desarrollar las fuerzas productivo-destructivas, sino controlarlas, desarrollarlas o frenarlas selectivamente.”
“Una política socialista respecto de las fuerzas productivo-destructivas contemporáneas tendría que ser bastante compleja y proceder con lo que podríamos llamar “moderación dialéctica”, empujando y frenando selectivamente, con los valores socialistas bien presentes en todo momento, de modo que pudiera calcular con precisión los “costes socialistas” de cada desarrollo.”
Ginestar (Ribera d’Ebre, Tarragona) Acto contra la central nuclear de Ascó en 1979. De izquierda a derecha: Joan Tapia, Comas (abogado del PSUC), Octavi Pellissa, Manuel Sacristán, Eduard Rodríguez Farré, Toni Tulla y el alcalde de Ginestar.

Todas las citas provienen de la obra “De la Primavera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristán Luzón”, editado por Catarata en 2004. Agradecemos profundamente el tiempo y el interés de Vera Sacristán, quien facilitó ambas fotos.