“La resistencia está siempre presente en el poder desde el comienzo, como lo está el potencial de ruptura. Los procesos de sujeción y la producción de subjetividades funcionales al poder son precarios y están atravesados de resistencias y potenciales alternativos. La subjetividad, en otras palabras, no es algo dado, sino terreno de lucha”[i]

El 2 de diciembre de 1970, Michel Foucault pronunció su famosa lección titulada “El Orden del Discurso”. En ella, el filósofo francés expone la importancia del comentario sobre un texto y el inevitable desfase entre un texto original y su comentario. Este representa dos cometidos solidarios: En primer lugar, permite la construcción de nuevos discursos su reactualización, permanencia, reiteración y sentido múltiple del primer texto. En segundo lugar, por el contrario, el comentario busca “decir por fin lo que estaba articulado silenciosamente allá lejos”. Entramos en una paradoja que resulta de “decir por primera vez aquello que sin embargo ya estaba dicho […] el comentario […] permite decir otra cosa aparte del texto mismo, pero con la condición de que sea ese mismo texto el que se diga, y en cierta forma, el que se realice.” En cada comentario, por tanto, nos encontramos en un acontecimiento nuevo, no por lo que se dice, sino por el retorno de lo que se dice.

Partiendo de estas premisas, elaboraré una reseña de la obra sin duda magistral “Asamblea” (Akal, 2019), de Michael Hardt y Antonio Negri. No tengo mayor ambición que repetir las palabras de Hardt y Negri, ejemplificando con elementos cercanos a nuestra realidad española; y animar a quien lea esta reseña en profundizar en los brillantes análisis de los autores y sus propuestas, en la lucha contra las subjetividades neoliberales yendo más allá de las lógicas estatales de representación y soberanía.

El texto de Asamblea se divide en cuatro ejes, siempre realizando réplicas, debates y llamamientos a la praxis política. El primero es un análisis del problema del liderazgo en los movimientos sociales, el segundo una propuesta de la construcción y apertura de la propiedad para el Común, el tercero un análisis marxista sobre el capitalismo financiero y el cuarto una propuesta de construcción de un nuevo príncipe que nace desde la pluralidad de la multitud, o sea un nuevo sujeto político que va más allá de la representación política en instituciones soberanas y que nace de las distintas experiencias y luchas: ya sean movimientos antirracistas, feministas, ecologistas o en favor de la vivienda y contra la precariedad. La voluntad de todos construyendo subjetividades plurales frente a un enemigo común.

El gran interés de la obra es el diálogo teórico-político entre Maquiavelo, Foucault, Marx y Spinoza que parte de la necesidad de observar las formas de vida actuales y la dialéctica con el mando del capitalismo financiero y la producción neoliberal “desde abajo”. Al decir “desde abajo” los autores proponen una postura tanto política como epistemológica basada en que “sólo desde abajo puede conocerse la naturaleza de los de arriba; sólo desde el punto de vista de los ciudadanos se puede conocer la naturaleza del príncipe y, sólo desde el punto de vista de los trabajadores puede conocerse la naturaleza del capital”[i]. Sólo poniendo el foco en quienes son gobernados y explotados podremos observar la potencia de la multitud a la hora de plantear alternativas y batallas al neoliberalismo y al capital financiero. Entender el poder como una relación y no como simple dominación vertical es transversal a toda la obra y está presente en todo el escrito. Privilegiar el punto de vista en los sujetos que son gobernados, y sus capacidades de resistencia y potencia, evita que caigamos en el pesimismo, el desasosiego y la inacción. Y no por ello se está realizando una propuesta utópica, más bien al contrario, Hardt y Negri reivindican una y otra vez que su propuesta parte del realismo político de Maquiavelo. Podemos resumir este axioma con el siguiente enunciado “Primero está la resistencia y luego el poder.”

Negri y Hardt quieren dar respuesta al problema de construir movimientos no jerárquicos y centralizados pero que a su vez puedan construir marcos políticos duraderos capaces de cristalizarse en instituciones, eso sí, no soberanas.[ii] Un ejemplo que ofrecen es el de las experiencias de Black Lives Matter en 2014 en Estados Unidos, también lo es el movimiento feminista en el Estado español. Estos dos casos ejemplifican a la perfección el modelo propuesto: movimientos que se dotan de mecanismos de inmunización frente a los liderazgos, con una división distinta del trabajo en el seno de los propios movimientos y figuras como las portavocías o apariciones en medios como algo contingente y rotatorio. Respecto a las figuras intelectuales, no las rechazan si bien entienden que no tienen por qué encabezar los movimientos.

El problema aquí, es pensar en todas aquellas experiencias que en la misma medida que desechaban los liderazgos, impedían cualquier tipo de continuidad y sedimentación del movimiento. Para dar respuesta a esto se propone una muy difícil y sospechosa significación: Los/las emprendedoras de la multitud[iii].

¿En qué consiste esta idea del emprendimiento de la multitud? Nada que ver con esa distorsión perversamente neoliberal del emprendimiento social. El emprendizaje de la multitud responde a la posibilidad del surgimiento de esas figuras que no ejercen liderazgo pero que son capaces de desarrollar iniciativas y alternativas al neoliberalismo mediante todos esos saberes y capacidades cognitivas que hoy reclama la producción neoliberal, puestas ahora en manos de los movimientos sociales. Si tuviéramos que poner un gran ejemplo de una persona emprendedora de la multitud, podríamos hablar de la muy polémica figura de Greta Thunberg que indiscutiblemente ha tenido un papel imprescindible en el movimiento ecologista a nivel global, pero sin que ello se traduzca en liderazgo y control del mismo. Podemos afirmar que el movimiento ecologista desbordó completamente ese papel catalizador de Thunberg, construyendo así la capacidad de formas de subjetivación alternativas al neoliberalismo. Y con esto, los autores de Asamblea ven en la construcción de nuevas subjetividades la forma de lucha contra el neoliberalismo. Los movimientos deben ser horizontales pero organizados y no contentarse con un papel táctico: deben marcar la estrategia a largo plazo y construir subjetividades múltiples y resistentes.

Las subjetividades forman el grueso de la obra.  Aquellos seguidores de la obra de Negri, saben que es un autor foucaultiano, y a pesar de entender la biopolítica de manera inflacionaria, piensa desde un análisis foucaultiano unido a los de Marx en El Capital. Y esto se traduce –– seguimos con el argumento de que “primero está la resistencia y luego el poder” –– en la idea de las nuevas formas de trabajo que se apropian de los conocimientos y que nacen más allá del trabajo. El trabajo es cada vez más social y cooperativo, basado en la constante comunicación y en la infame gestión emocional. Cada vez se exigen mayores conocimientos en el ámbito de la informática[iv].

Las fuerzas neoliberales han visto muy bien la creciente capacidad que tenemos para organizarnos y compartir contenido y conocimientos de todo tipo sin que ello resulte en formas de propiedad. El contenido digital en base a suscripciones o la libre descarga bajo licencias Creative Commons dan cuenta de ello. La cuestión es observar cómo el modo de producción actual se apropia de esta potencia a través de la construcción de subjetividades neoliberales, impidiendo así la aparición de una suerte de Común y de prácticas que vayan más allá de la propiedad privada.

Ejemplos muy claros de este fenómeno pueden ser el consenso generalizado de sumar al currículum laboral cualquier tipo de actividad, o más bien realizar cualquier tipo de actividad de cara a un currículum. Se ve mejor aún en la transformación de aquello que parecía que iba a ser economía colaborativa, que incluso podía implicar prácticas más allá de la propiedad privada (aquí la resistencia) como podía ser Couchsurfing, Blablacar o incluso -visto con retrospectiva se abre un abismo- Airbnb. Y lo que hizo el neoliberalismo es justamente apropiarse de la potencia de la organización y cooperación común para crear nuevos nichos de mercado y especulación. Un ejemplo a gran escala, sutil y sangrante a partes iguales es el de Google, que a través de sus algoritmos pone toda nuestra cooperación y conocimiento compartido a trabajar para ellos. Sería de justicia, según los autores, reclamar lo que es nuestro y expropiar el capital fijo que es el mundo del Big Data y del algoritmo y ponerlo a trabajar para el Común. El Común, al igual que la resistencia siempre está antes, y el poder capitalista y sus formas de apropiación son siempre reacciones al Común.

El llamamiento a los movimientos es el de dar una lucha biopolítica que sea capaz de construir subjetividades emprendedoras de la multitud capaces de expropiar todo aquello que ya es nuestro y de lo que ya somos capaces, y que el neoliberalismo ha visto muy bien, que es la capacidad de producir cada vez de forma más social y cooperativa en un mundo en el que los propietarios de las empresas están cada vez más alejados de la producción. Negri y Hardt ven la capacidad de producción común más allá de lo público y lo privado en la medida en la que ya estamos construyendo el General Intellect[v] que permite la producción neoliberal y el capitalismo financiero. Debemos apropiarnos de nuestro trabajo vivo que “incluso cuando está desorganizado, incluso cuando está reducido a la precariedad, todavía está ahí y, por lo demás, la producción ha adoptado formas cada vez más sociales, sirviéndose de relaciones intelectuales, cognitivas, afectivas y cooperativas. Además, aunque parezca que el neoliberalismo produce sujetos dóciles compatibles con su dominio, continuamente surgen nuevas subjetividades socializadas e inteligentes, es decir, capaces de generar nuevas crisis y, en última instancia desafiar el dominio capitalista. [vi]

Como afirma Paolo Virno[vii], el trabajo es cada vez más virtuoso, parece responder a la virtud necesaria para la política. Y nuestra tarea es devolver esa virtud al plano de la política y de la economía y construir alternativas de producción comunes. El realismo político aquí pasa por reconocer que no todas las subjetividades producidas en el neoliberalismo le son funcionales y un análisis “desde abajo” nos lleva a observar los potenciales de resistencia y rebelión que van más allá del neoliberalismo.

Trabajos anteriores de Negri y Hardt nos mostraban cómo el capitalismo es capaz de apropiarse de todo movimiento, toda acción, pensamiento y subjetivación. Hoy nos muestran que, si ponemos el foco ya no en las altas esferas sino en la multitud, que carga bajo sus hombros todo el trabajo productivo y reproductivo, encontraremos fórmulas de apropiarnos de lo que ya es nuestro y podremos plantear nuevas luchas. Superando una autonomía de lo político y un reformismo que relega a la izquierda institucional a un puro tacticismo sin horizonte cuando este debe venir marcado siempre por los movimientos.

Esta obra llega en un momento clave en el que los rojipardos repiten constantemente el sagrado rezo de más soberanía -como si fuera equivalente a la autonomía- como si de un bálsamo se tratara cuando avanzan ideas que parten de la trampa de la masculinidad rancia que piensa al sujeto de la revolución como el obrero industrial. No se trata de volver al Estado Westfaliano[viii]  Mal que nos pese (o no) la soberanía traducida como capacidad de un Estado (y no digamos ya de un pueblo…) para tomar decisiones independientes se ha perdido. Es mucho más útil preguntarse cómo construir una estrategia desde los movimientos reforzada por el tacticismo institucional. En otras palabras, esto que se supone que hemos perdido llamado soberanía se solucionaría construyendo un equilibrio de fuerzas favorable, no reforzando la capacidad del Estado para tomar decisiones, que por cierto ya toma. No hay nada más soberano que un desahucio o los CIEs.

A su vez la crítica se dirige también su crítica a quienes vuelven a hablar de soberanía -ahora en la fórmula de pueblo soberano- planteando la verdadera democracia a través de instituciones liberales basadas en la insuficiente representación (tampoco serían deseables de funcionar bien) cuyo principal argumento es el de la autonomía de lo político de forma desligada a los cambios económicos (económicos sí, pero culturales y materiales).

No es la voluntad popular roussoniana que debe ser una con tal de ser soberana, es la voluntad de todos y todas, de movimientos ecologistas, feministas, antirracistas, en defensa de la vivienda que deben protegerse del centralismo y las jerarquías, apoyándose en las modalidades federalistas, pero respetando la diversidad y pluralidad de territorios y subjetividades.

Asamblea es una de esas grandes obras teóricas orientadas a la praxis, que impiden que caigamos en el inmovilismo y que dan un sin fin de análisis y propuestas como la renta básica universal o la huelga social cuyo objetivo es parar la producción y reproducción más allá de los centros de trabajo. La lucha por las subjetividades es larga pero los movimientos hace tiempo que ya dieron el paso. No hay excusa ni para un pesimismo posible, ni para el de la voluntad ni para el de la inteligencia. Urge cambiar las formas de vida, tomar las plazas y apropiarnos del trabajo vivo y virtuoso. Es momento de organizar la rabia y defender la alegría. Y siempre, desde abajo.

Es el común lo que ya está ahí, así como nuestra capacidad de resistencia. Tomemos el poder, pero de otra forma.

Notas

[i] Op. Cit. pp. 122.

[ii] Op. Cit. pp.  37.

[iii] Op. Cit. pp. 197.

[iv] Entendemos que todo trabajo por muy manual que sea requiere un cierto grado de capacidades cognitivas y viceversa.

[v] General intellect entendido como la intelectualidad de masas que resulta de la cooperación entre trabajadores y trabajadoras. En tanto que hoy el trabajo es cada vez más social y cooperativo, mayor es la importancia por reapropiarnos de este capital fijo. Véase sobre el capital fijo en los Grundrisse de Marx: “Por tanto, es evidente que el poder material productivo ya presente, ya trabajado, existente en la forma de capital fijo, junto con la población, etc.; en resumen, todas las condiciones para la riqueza, esto es, el abundante desarrollo del individuo social; que el desarrollo de las fuerzas productivas alcanzado por el desarrollo histórico del propio capital, cuando alcanza cierto punto, suspende la autorrealización del propio capital, en lugar de postularla” Marx, K Grundrisse vol 2 p.282

[vi] Op. Cit. pp. 280.

[vii] Virno, P.(2003): Gramática de la multitud. Para un análisis de las formas de vida contemporáneas.  Madrid, Traficantes de Sueños.

[viii] Sobre los regímenes de Soberanía véase Agnew,J:(2006)Entre la Geografía y las Relaciones Internacionales y Agnew, J (2005): “Geopolítica. Una re-visión de la política mundial”. Encontramos en Asamblea una firme crítica a la soberanía y a la democracia representativa atacando la misma conceptualización de Rousseau. (Primera parte capítulo 3: “Contra Rousseau, o pour en finir de la souveraineté”, pp.53-75).