Hace algunos meses, rememorábamos el estallido de la crisis financiera de 2008 y su posterior devastación política, económica, ética y social. En la antigua Grecia, crisis, significaba krinein, esto es, “separar y decidir”. Y paradójicamente, desde el ciclo de movilización global abierto por las plazas en 2011 hemos decidido tomar la democracia para construir cambios de largo aliento, y posteriormente nos hemos separado abiertamente de una contrarrevolución reaccionaria.

Que Salvini y Bolsonaro son producto de la resignación y el desencanto no cabe duda, pero sin embargo, entre estos experimentos de la derecha radical hay diferencias y similitudes a tener en cuenta (aquí algunos detalles). Sabemos que la partida en el campo de la extrema derecha no es estrictamente política, tiene características más amplias. Podremos imaginar que el surgimiento y la posterior irrupción de las extremas derechas señalaban una posición casi necesaria en el tablero político, a la derecha de liberales y conservadores; sin embargo, desde La Penúltima no nos creemos que el racismo, la xenofobia, el odio a las mujeres y personas LGTBI, así como las políticas neoliberales con tintes chovinistas sean naturales o estén a disposición de la politología. Para nosotras, los cambios son siempre en relación a fenómenos, procesos, que pueden darse o no, pero que nunca responden a una configuración “natural” del mundo.

Es por ello que este número va dedicado a identificar al monstruo. No para regodearnos en el fácil “os lo dijimos”, tampoco para hacer ficciones impostadas, pues la amenaza de la extrema derecha tiene un proyecto político demasiado serio. Queremos, desde la humildad que representa nuestra publicación, intentar formular líneas de ataque a la extrema derecha que no pasen por la repetición y el hábito, sino por la creatividad y la transversalidad: al fin y al cabo, no hay mejor sujeto del antifascismo que aquella persona que lee con atención estas líneas.

Tres momentos definen en los próximos tiempos la geografía del miedo de la extrema derecha europea y española:

1) La competición hegemónica y el vector de Bannon (a veces sobrevalorado) entre las dos almas de la derecha autoritaria europea: el ala destropopulista representada por Salvini, o la ultraconservadora de Casado o Sebastian Kurz. ¿Es posible una convivencia de ambas almas?

2) Las elecciones europeas del 26 de mayo, en las que un gran grupo –siempre disperso, etnonacionalista de sus patrias pequeñas y arrodilladas a la lógica de la austeridad- de la extrema derecha ha tenido, en suma, un resultado grande aunque menos de lo esperado: ¿Arrastrarán a los conservadores a sus posiciones?¿Se confirma la lepenización de los espíritus?

3) En territorio patrio, la escisión de la derecha del PP, hoy conocida como Vox, ¿conseguirá implantar un imaginario de la escasez dentro de los márgenes neoconservadores propiciados por Aznar y la lógica de la austeridad europea? Por el momento, la working class no se siente interpelada. En los bares y discotecas de Serrano y El Viso sí.

Tres apuntes para delinear respuestas a las incógnitas: más Europa, más diversidad del sujeto, más revolución democrática.