Ser mujer en el mundo de los videojuegos no es fácil, tanto si te encuentras dentro como fuera de la pantalla. Vas a estar continuamente a examen: se te juzgará por tu aspecto, tu papel en la historia o tu habilidad como jugadora. ¿Por qué? Porque muchos, a día de hoy, siguen pensando que los videojuegos no son cosa de mujeres. Si los protagonizan, el juego no merece la pena. Si eres jugadora o te quieres dedicar a ello, es por aparentar o para atraer las miradas de los hombres. La mujer como personaje en los videojuegos debe tener un papel secundario; como jugadora, no está a la altura. Los videojuegos son un mundo por y para hombres, piensan, y así debe seguir siendo.

El machismo en la industria de los videojuegos existe desde su nacimiento. Se estableció como un entretenimiento por y para hombres, acorde con el pensamiento de mediados del siglo pasado. Sin embargo, en pleno siglo XXI la idea de que los videojuegos no son para mujeres sigue predominando en muchas de las personas relacionadas con el sector, ya sea a nivel profesional o aficionado. Prueba de ello son las numerosas controversias que han tenido lugar durante los últimos años.

Una de las polémicas más destacables de este 2018 es, sin ninguna duda, la relacionada con la nueva entrega de la saga Battlefield: Battlefield V, que se anunció durante el E3. En este evento de periodicidad anual en el que las empresas del sector presentan sus novedades, Electronic Arts mostró el tráiler de su nuevo videojuego, ambientado en la segunda guerra mundial y durante el cual se dio especial protagonismo a la figura femenina, siendo de hecho una mujer la protagonista de su portada. Las críticas no tardaron en llegar por parte de varios usuarios, que a través de las redes sociales mostraron su indignación ante el hecho de que hubiese mujeres en el juego con mensajes en los que se quejaban de que esto le restaba veracidad, o directamente insultaban a la compañía y a las mujeres. Ante estos ataques, no fueron pocas las personas que sacaron a la luz documentos históricos en los que se evidenciaba la presencia femenina en las tropas de la segunda guerra mundial para defender el juego y la figura de la mujer.

En la misma línea encontramos el caso de Assassin’s Creed Odyssey, entrega de la conocida saga de Ubisoft ambientada en la antigua Grecia en la que podemos elegir como personaje jugable una mujer. También mostrado en el E3 2018, el juego recibió críticas en relación con el aspecto y el papel del personaje femenino, que muchos aseguraban por una parte que era demasiado masculino por tener unos músculos definidos, mientras que por otra afirmaban que en aquel periodo histórico no existían mujeres guerreras como la protagonista que se presentaba.

Otro caso notorio fue el de Horizon Zero Down, juego de Sony lanzado al mercado en 2017 y que generó una gran variedad de opiniones en relación a Aloy, su única protagonista. Muchos jugadores se mostraron indignados ante el hecho de tener que jugar obligatoriamente como una mujer, argumentando que no se sentían identificados con ella y que por ese motivo no comprarían el juego, e incluso llegando a juzgar su aspecto físico por no ser suficientemente atractiva. En cambio, otra gran parte de jugadores –especialmente entre el público femenino– lo recibió con gran entusiasmo, llegando a convertirse en uno de los videojuegos más vendidos de 2017.

Estos son sólo algunos de los casos en relación con títulos concretos, aunque son muchos más los que han traído consigo polémicas similares al querer dar mayor protagonismo a la mujer y apoyar la igualdad de géneros en el sector. Aun así, analizándolos es fácil darse cuenta de que una gran parte de los aficionados siguen considerando que las mujeres deben ocupar un segundo lugar con respecto al hombre.

Este tipo de pensamiento se ve reflejado también dentro de la propia comunidad de jugadores, donde las mujeres son a menudo insultadas en juegos online con frases en la línea de “deja el mando y ponte a fregar”. Otra práctica común es infravalorar sus habilidades como jugadoras, alegando que por el simple hecho de no ser hombre no saben jugar y denegándoles incluso el acceso a ciertos roles en juegos competitivos, encasillándolas en el papel de support, es decir, aquel miembro del grupo destinado a sanar a los demás. Esto, sin mencionar a aquellas mujeres que se atreven a compartir sus partidas en plataformas como Youtube o Twitch, siendo especialmente notable el acoso en esta última al ser una web dedicada a hacer retransmisiones en directo o streamings de videojuegos, donde abundan comentarios de índole sexual o sobre el físico de la streamer.

Sin embargo, estas actitudes no proceden únicamente de los usuarios. Las propias desarrolladoras son en muchas ocasiones la raíz de estos problemas, alimentando este machismo con su caracterización de la mujer dentro de los propios videojuegos o con conductas empresariales poco igualitarias.

Uno de los casos más comentados recientemente ha sido el de Riot Games, el estudio creador del internacionalmente conocido League of Legends, que fue acusado de sexismo por 28 trabajadores y exempleados de la compañía en la web Kotaku. Entre sus declaraciones, acusan a la empresa de no permitir entrevistar a mujeres para puestos de liderazgo, de infravalorar su trabajo y opiniones, así como de permitir que sus empleados realizaran cadenas de emails en los que comentaban cómo sería penetrarlas. Si bien es cierto que tras estos escándalos la compañía pidió disculpas y aseguró que tomaría medidas al respecto, recientemente ha sido demandada por dos de sus exempleadas por seguir llevando a cabo conductas discriminatorias y sexistas.

Como Riot, muchas otras empresas han sido en algún momento el origen de conductas machistas hacia sus empleadas, discriminando a sus desarrolladoras e impidiéndoles avanzar en sus carreras. Afortunadamente, como contrapunto encontramos otras que apuestan por la igualdad, escuchan a la comunidad y dan el reconocimiento que merecen a sus profesionales.

Sin embargo, el camino que queda por recorrer para erradicar estas conductas machistas es largo todavía. A día de hoy, falta mucho para que hombres y mujeres sean considerados iguales en el mundo de los videojuegos, tanto por los profesionales del sector como por sus propios jugadores, pero no es una meta imposible. Colaborando todos, desde la empresa desarrolladora que decide que su protagonista sea una mujer no sexualizada, hasta los empleados que tienen en igual consideración las propuestas de sus compañeros que de sus compañeras, o los jugadores que no dan importancia al género de los miembros de equipo u oponentes; es posible hacer del mundo de los videojuegos lo que debería haber sido desde sus inicios: un lugar de disfrute para todos.