Entrevista a Nerea Barjola sobre su libro “Microfísica sexista del poder”.

¿Qué es la “microfísica sexista del poder”?

Es el título del libro pero, en realidad, este es un concepto que viene del filósofo Foucault:  “la microfísica del poder”. Él lo definiría como ese poder que circula, que es difícil de ubicar, que no se sabe bien quién lo tiene pero que es ejercido por todos. A mí me parecía un concepto interesante pero siempre y cuando pudiese meterle la variable sexista en el centro del término. Romper el término de microfísica del poder e introducir la variable sexista como concepto o categoría política, para visibilizar que ese poder que ejercemos es sexista y misógino y que a través de los discursos y los significados ejercemos y materializamos violencia machista. El libro es un análisis del crimen sexual de Alcàsser en el que hago una resignificación del relato que se construye desde una perspectiva feminista, poniendo también el foco en cómo ese relato y esa narrativa se va a construir a través del conjunto social, no únicamente a partir de los medios de comunicación.

¿Por qué el crimen de Alcàsser es ilustrador de la microfísica sexista del poder?

Porque al hacer ese análisis ves claramente cuáles son los elementos que conforman y que ayudan a construir el relato. Pero no sólo se trata de este crimen, sino que los relatos sobre el peligro sexual en general necesitan de esta herramienta para existir, para construirse y para sobrevivir. Es un conjunto social construyendo una narrativa. Eso nos muestra cómo el conjunto social es profundamente machista,  y que cada una de las cosas que lo conforman está reproduciendo violencia: los significados, las categorías… construyen ese relato.

¿Cómo se convierte la narrativa de este crimen en un disciplinamiento para las mujeres jóvenes de toda una generación?

El relato no se centró en las relaciones entre hombres y mujeres, es decir, en cuáles son los motivos o la estructura patriarcal que permite que los hombres ostenten el poder sobre el cuerpo de las mujeres. No se construyó desde ese foco. El relato del crimen de Alcàsser se construyó sobre la culpabilidad de las mujeres: qué es eso que hicieron y no deberían haber hecho, cuáles fueron las fronteras que traspasaron y que no deberían haber traspasado. Esto se ve cuando se las culpabiliza por hacer autostop, es decir, culpándolas por transitar el espacio público con total libertad. Ejercer esa libertad es una transgresión que el sistema patriarcal no puede permitir. Por eso los relatos siempre pusieron el foco en la responsabilidad de las mujeres. Por lo tanto, esa es la idea básica de cómo todos los avisos aleccionadores que se fueron empleando afectaron a toda una generación. No sólo esos avisos aleccionadores descriptivos, que también, sino que todo esto se materializaba en detalles crudos sobre la tortura sexual.

¿Cuál fue el papel de los medios de comunicación y cuáles fueron los motivos que les llevaron a intervenir de ese modo?

Los medios de comunicación, también ahora, difunden de manera masiva el terror sexual. Lo hacen de manera exponencial, llegan a muchísimas más personas de las que llegamos en el corro de contarnos las cosas sobre violencia sexual. Tampoco creo que opten por ese papel sino que son ese papel. Las personas que conforman los medios de comunicación están construidas por y para el patriarcado. Y es que el machismo no es únicamente el hombre que pega, ni quien acosa por la calle. Machismo es dar cobertura a una noticia sin ningún rigor, ni contextualizar el asesinato a las tres adolescentes en un contexto machista o político que usa la violencia contra las mujeres para detentar ese poder sobre nuestras vidas. Entonces, la única manera de no contar una noticia de la manera en la que la contaron en Alcàsser es tener perspectiva feminista.

¿Crees que eso ha cambiado?

En parte ha podido cambiar pero de manera muy localizada en personas que tienen perspectiva feminista y, por tanto, especial cuidado en cómo contar las noticias. Pero, por otro lado, creo que han podido cambiar las formas pero no el contenido. Hemos asistido a cómo han vuelto a hacer un relato similar sobre la compañera agredida en Iruña, cómo se ha puesto el foco en su culpabilidad, en su actitud, en lo que hizo y lo que no hizo… el fondo sigue siendo el mismo aunque las formas hayan cambiado.

¿En qué contexto de la lucha feminista sucedió todo esto? ¿Cómo afectó al derecho de las mujeres al espacio público y a los derechos sexuales?

Ellas desaparecen el 13 de noviembre del 92 y aparecen el 27 de enero del 93. Cuando hacemos un ejercicio de contexto vemos que hay una parte, el relato que se va a construir, que es precisamente esa generación de mitos y estereotipos que venía trabajando y tratando de combatir el movimiento feminista en la época previa al crimen. Durante esa época, la década de los 80 y principios de los 90, se estaban consiguiendo una serie de derechos que no sólo estarían en las normativas sino que traerían un doble significado social. Por ejemplo, teníamos la reforma del divorcio y la ley del trabajo, que para las feministas de la época significaba un ataque frontal a la institución de la familia. Por otro lado, la reforma del aborto y el cambio del código penal en materia sexual. Todo reclamaciones ligadas a la autogestión de nuestros cuerpos y a la libertad sexual. En ese sentido, el crimen de Alcàsser va a suponer un ataque a todos los caminos de avance abiertos por el movimiento feminista que las mujeres ya estaban empezando a incorporar. Es un llamamiento y un aviso aleccionador al terror sexual y al miedo. La idea es que las mujeres es mejor que se queden en casa por miedo a lo que les pase en el espacio público, así que ahí hay un intento, digamos a través del relato, de generar un retroceso: más control de nuestros cuerpos y reformulación de actitudes. Muchas mujeres que hacían autostop dejaron de hacerlo. Pero, por otro lado, es cierto que con el tiempo han vuelto a tomar el espacio público y han vuelto a hacer autostop. Por tanto las mujeres no cedemos nuestro espacio gratuitamente y seguimos en él.

¿Cuál crees que es la relación del caso de Alcàsser con el de La Manada?

La diferencia que veo es que cuando sucedió el caso de Alcàsser hubo una respuesta feminista pero la envergadura de los medios de comunicación se comió bastante su presencia y, sin embargo, ahora hay una respuesta feminista potente, pero también tenemos la opción de responder en las redes sociales. Las redes sociales funcionan un poco como aliadas del feminismo, nos permiten contrarrestar la violencia brutal que se está ejerciendo desde los medios de comunicación. Es decir, un movimiento feminista potente, un movimiento popular potente, y una respuesta casi inmediata.

¿Crees que la crítica a la “justicia patriarcal” tuvo tanta fuerza en ese momento?

La verdad es que también hubo una lucha muy importante en este sentido con el crimen de Alcàsser y se movían en los mismos parámetros en los que nos movemos siempre. Digamos que lo primero a lo que apelamos es a un cambio legislativo y, en realidad, yo primero apelaría a un cambio social para que el cambio legislativo fuese efectivo. Pero sí, cuando sucedió lo de Alcàsser se abrió un debate super potente sobre la pena de muerte que lo podríamos asimilar ahora a la revisión de la pena, y también a la revisión del Código Penal. Yo creo que esos elementos estaban allí y ahora.

¿Cuáles crees que serían las lecciones que se trató de imponer a las mujeres pero también cuáles son las lecciones que deberíamos sacar las feministas de todo este caso?

En ese momento era claro que la libertad de expresión corporal y sexual y la libertad de transitar por el espacio público no eran nuestras, así que hubo un llamamiento a la autoridad del padre, a volver a casa y a la familia. Es una lección clara: este es vuestro sitio y, si no, este es el precio que tenéis que pagar. Por otro lado, para mí la lección que debemos sacar las feministas es la respuesta a la indefensión aprendida. Si nos estáis diciendo que nos tenemos que quedar en casa, vamos a salir todavía más a la calle. Que estos relatos terroríficos se vuelvan contra sí mismos y nos tengan enfrente, sin miedo.