Ignacio Paredero, politólogo.

 

La política, para algunos, es un juego. Entre las élites económicas y políticas de toda la vida, la política es escenificación, es decir y hacer lo que haga falta, para transmitir los mensajes necesarios, para conseguir el poder. Lo que se haga con el poder para ellos es irrelevante o solo lo es en dirección a mantenerlo: políticas que favorezcan a los tuyos, repartos de beneficios que vuelvan en forma de donaciones al partido, asignación de puestos en empresas públicas o cargos institucionales, que, a su vez, nos devuelvan el apoyo prestado. Esto es fundamental entenderlo para entender cual ha sido la respuesta de Miguel Ángel Rodriguez e Isabel Díaz Ayuso a la crisis del coronavirus, una crisis real, con vidas humanas en juego, que dependen de la gestión de un gobierno autonómico con las competencias en sanidad y servicios sociales.

 

Partamos de los datos. La Comunidad de Madrid es la Comunidad del Estado con más tasa de mortalidad por habitante a dia de hoy, con 108 muertos por 100.000 hab y la segunda con mayor número de casos por habitante. A nivel internacional, es la tercera región subnacional con mayor número de muertos y la región subnacional comparable (en esto siempre hay diferencias de criterio) con mayor numero de muertos por habitante. El foco principal de mortalidad son las residencias de la Comunidad, con una mortalidad, solo esas residencias, superior a la de Irán y por debajo de la de Reino Unido. Son datos estremecedores, pero que sería injusto imputar a Díaz Ayuso o incluso al PP. Es cierto que hay que analizar a futuro el papel del modelo privado de Madrid de residencias (95% privadas) y de los recortes de la sanidad pública (quinta con menos personal sanitario por habitante con 1105, cuarta comunidad con menos camas de hospital por habitante con 275, penúltima comunidad en gasto sanitario por persona con 1068€, ultima comunidad en gasto sanitario en % del PIB con 3,41%). Pero imputar ahora la situación actual del coronavirus a Ayuso seria injusto, porque todavía desconocemos muchas cosas sobre el coronavirus, sobre por qué en Canarias o Murcia, por ejemplo, hay 20 veces menos tasa de mortalidad que en Madrid. Sobre los determinantes de su expansión y por qué en Madrid, por los motivos que sea, se han producido un numero de muertes y fallecimientos tales que han lanzado a España a ser uno de los países con mas casos y mortalidad del mundo.

El elemento central que explica toda la gestión de Ayuso es que ha sido una gestión partidista, de “politics” o “politiquería”, mas que de “policy” o de «políticas públicas”.

Dicho esto, su gestión debe ser analizada, para entender sus lineamientos y estrategias. Para empezar, el elemento central que explica toda la gestión de Ayuso es que ha sido una gestión partidista, de “politics” o “politiquería”, mas que de “policy” o de «políticas públicas”, de titulares mas que de soluciones, más que de la situación del coronavirus, una gestión de comunicación política. Mas que preocuparse por la situación de mortalidad, o de los mayores, la preocupación central ha sido la imagen de la Presidenta Ayuso en un intento por lanzarla a la arena nacional como la segunda nueva dama de hierro de la política española.

 

En resumen, su gestión se ha centrado en:

 

1) Búsqueda del interés partidista. En este sentido, Ayuso ha mostrado una deslealtad enorme, tanto con la oposición, a la que ha ninguneado y ocultado la información, como con el resto de instituciones del Estado, con las que ha protagonizado conflictos injustificables en un momento en el que se requería máxima responsabilidad política e institucional. Es especialmente evidente esta estrategia incluso con sus socios de gobierno a los que ha desautorizado, ninguneado e, incluso, retirado competencias en momentos clave.

 

2) Lógica electoral. El planteamiento de Ayuso y sus asesores ha sido, desde el primer momento, una búsqueda de rédito electoral, con gestos como las fotos con los aviones, el anuncio sistemático de medidas ejecutivas de relumbrón pero poca efectividad práctica (comidas para niños con Telepizza), tratando de presentar a Ayuso como una líder activa, dinámica, que hace “cosas”, sin importar lo efectivas que sean. Es esta lógica electoral y partidista la que llevó a Ayuso a negarse a la medicalización de las residencias de mayores por parte del gobierno central, valorando que dicha intervención supondría un reconocimiento de impotencia y una desautorización institucional que, electoralmente, no le era rentable.

 

3) La mejor defensa es un buen ataque: La estrategia de Ayuso ha sido cuestionar todo lo que hace el gobierno central, tratar de “adelantarse” cuando podía, desautorizarle cuando no podía, criticar inventados vetos, trabas administrativas o los criterios decididos desde el gobierno central de manera sistemática: el cierre de las peluquerías, su negativa a cerrar Madrid, su negativa a la medicalización de las residencias, negativa a la entrada del ejercito en las residencias etc etc. Por no hablar de los continuos desplantes, no asistiendo a las reuniones de Comunidades Autónomas para sacarse fotos con los tardíos aviones con material sanitario.

 

4) Eliminación de los controles democráticos. Ayuso ha desactivado la Asamblea de Madrid de manera tajante, sin ningún pleno desde principios de marzo, ni siquiera comisiones formales de ningún tipo, como bien ha explicado Jacinto Morano. Nada de su gestión se ha aprobado en la Asamblea, no ha sido consensuada en ningún caso con la oposición a la que no se ha informado de nada y a la que no se le proporcionan datos, especialmente de residencias y sus fallecimientos.

 

5) Ultraliberalismo. La gestión de Ayuso de la crisis ha sido cualquier cosa menos pragmática. Cuando en la mayor parte del mundo incluso los mas acérrimos liberales están apostando por reforzar el Estado como herramienta inevitable para gestionar esta crisis, Isabel Díaz Ayuso y Miguel Ángel Rodríguez han apostado por la dirección contraria, por reforzar el sector privado, con la suspensión de los comedores escolares para otorgárselos a Telepizza, con el muro de Twitter de Ayuso convertido en un perpetuo anuncio empresarial, con la protección de la sanidad privada a la que no han exigido sus recursos y colaboración y a la protección de las empresas privadas de residencias, que no se han medicalizado y en las que, aún a día de hoy, no conocemos los datos de fallecimientos por residencias. En este mismo sentido, lejos de reconocer la necesidad de recursos públicos, Ayuso sigue negándose a recuperar impuestos como el de patrimonio o el de sucesiones, esos 4500M€ anuales que podrían haber servido para gestionar mejor la crisis y ha recurrido a un “crowdfunding” que ya ha recaudado más de 14M€ como afirma triunfalismo la presidenta.

 

6) Gestión deficiente. Como hemos visto, la gestión de Ayuso ha sido mas una gestión de la imagen pública que una gestión sustantiva, real, más centrada en generar notas de prensa y titulares que en resolver problemas. Esto, desafortunadamente, ha tenido consecuencias reales y palpables en las vidas de los madrileños. Dejando a un lado los problemas de coordinación que la estrategia de “la mejor defensa es un buen ataque” ha generado para la Comunidad de Madrid, hay dos elementos clave en los que la búsqueda de rédito político y el titular han ido en detrimento de la gestión.

Ayuso ha mostrado una deslealtad enorme, tanto con la oposición, a la que ha ninguneado y ocultado la información, como con el resto de instituciones del Estado, con las que ha protagonizado conflictos injustificables en un momento en el que se requería máxima responsabilidad política e institucional.

El primero ha sido el hospital de campaña de IFEMA, construido con un exceso de plazas, pero que ha servido para desmantelar la atención primaria. La falta de atención primaria en un momento en que muchos pacientes están en sus casas con seguimiento, ha sido criticada por el colegio de médicos y por los partidos políticos de la oposición. Y es posible que esta decisión de obtener una foto / titular haya podido costar vidas de gente que ha fallecido en sus casas, como apuntan los datos de los bomberos e informaciones ya publicadas.

 

El segundo elemento de gestión partidista ha sido la gestión de las residencias de mayores en la Comunidad. Esta gestión, inicialmente en manos de Alberto Reyero de Ciudadanos, fue retirada a beneficio del consejero de sanidad del PP cuando Reyero solicitó ayuda del gobierno central, concretamente de la UME, para la medicalización y la separación de los mayores en cuatro grupos en las residencias, como mandataba la orden ministerial SNS/265. Si la solicitud de Reyero muestra una preocupación no partidista por la gestión de las residencias, una preocupación honesta por el bienestar de los mayores, la decisión de Ayuso, negándose a la entrada de la UME y posteriormente a la medicalización de las residencias y a la entrega de datos sobre la situación a la oposición, muestran todo lo contrario, que en su caso ha primado el cálculo político, electoral, partidista, frente a la gestión. Respecto a las residencias, Ayuso ha actuado en todo momento como si fuesen una amenaza politica electoral, no como una realidad que había que gestionar para proteger a los mayores. Esta gestión y las decisiones de Ayuso son, posiblemente, su mayor responsabilidad política en la gestión de la crisis por el momento, responsabilidad que, en este caso si, no puede soslayarse, trasladarse o negarse, pues ha sido Ayuso y el PP, en todo momento, los que han tomado las decisiones sobre como abordar el problema en las residencias pese a las peticiones de su socio y las reclamaciones de la oposición.

 

En resumen, la estrategia de la presidenta de la Comunidad de Madrid ha ejemplificado, por lo menos hasta la fecha, lo peor de la política, el subordinamiento del interés colectivo y de la gestión real, en este caso, incluso vidas reales, a la ideología, los intereses particulares y partidistas, buscando el conflicto y el choque para presentarse como líder mientras usa los resortes de poder para la autopromoción, en algunos casos en detrimento de las personas que viven en la Comunidad de Madrid.

La estrategia de la presidenta de la Comunidad de Madrid ha ejemplificado, por lo menos hasta la fecha, lo peor de la política, el subordinamiento del interés colectivo y de la gestión real, en este caso, incluso vidas reales, a la ideología, los intereses particulares y partidistas.

Ya lo he señalado y lo repetiré: no creo que sea justo señalar el número de muertos en la Comunidad como un argumento contra el PP o contra Ayuso. Pero, por el contrario, hay decisiones políticas durante esta crisis que solo son responsabilidad de Isabel Díaz Ayuso y de Miguel Ángel Rodríguez, porque se han tomado en contra de las recomendaciones estatales, de sus socios en el gobierno, contra la opinión de la oposición, por interés electoral y político y en detrimento de las personas que viven en la comunidad. Esa sí es una responsabilidad, que, llegado el momento, habrá que exigir a la actual presidenta del Partido Popular de Madrid y habrá que señalar que, en esta crisis, ha ejercido más de dirigente del PP que de presidenta de todos los madrileños.

Por Ignacio Paredero, Politólogo.