Si hay una nota característica del feminismo, esa es la pluralidad de corrientes que van entremezclándose entre sí con una meta común: la búsqueda de la liberación de la mujer y el reconocimiento de capacidades y derechos que tradicionalmente han pertenecido a los hombres. Ahora bien, existe una corriente de la que quizás se haya oído hablar algo pero de la cual, seguramente, muy pocas personas están bien enteradas, excepto las propias interesadas. Me refiero al feminismo islámico. Para comprender de qué hablamos cuando hablamos de feminismo islámico, se hace imprescindible una breve contextualización. En los países que podríamos englobar dentro del apelativo de “países árabes” nos encontramos, a muy grandes rasgos, con tres corrientes principales: el feminismo islámico, el feminismo árabe o musulmán y el feminismo laico.

Empecemos por el principio. Como es bien sabido, en el mundo árabe-islámico hay un aspecto que marca de forma primordial a la sociedad: la religión islámica. Una religión en la que destacan la opresión y el menosprecio hacia la mujer y todo lo que tenga que ver con ella. Hay que comenzar por reconocer un hecho obvio: no partimos de la misma realidad. Hay ciertos extremos que no siendo permisibles socialmente ya en occidente, se mantienen más vivos que nunca en la vida de las mujeres musulmanas: la exigencia del marido de la cobertura completa del cuerpo como seguro contra el deseo de otros hombres, la permisividad ya no de la violación, sino del matrimonio entre una mujer violada y su violador si este así lo considera, la violencia física constante y la despenalización del feminicidio… Dada esta situación de partida, la emergencia de un feminismo islámico parece clara. 

Pero, ¿en qué consiste el feminismo islámico? El feminismo islámico es, a todas luces, un movimiento curioso. Aún siendo un movimiento feminista, tiene una lucha y unos intereses muy distintos a los que pueda tener el movimiento feminista occidental. Cuando se habla de feminismo islámico se tiende a englobar a éste dentro del feminismo árabe. El feminismo islámico, como tal, es el movimiento que busca liberar a la mujer desde dentro del propio Islam. Para este movimiento, feminismo e Islam no son incompatibles. Sus protagonistas son mujeres que quieren liberarse de la opresión masculina y social sin tener que renunciar a sus creencias religiosas. Consideran que el Islam, como tal, no es una religión patriarcal y machista, ni que busque oprimir, someter y discriminar a la mujer en detrimento del hombre. Muy al contrario, estas mujeres consideran que, en realidad, el Islam es una religión que contiene elementos emancipadores y que busca la igualdad entre los seres humanos, mujeres incluidas. Sostienen que, si el Islam ha llegado a ser una religión tan asfixiante, esto se debe a las malas interpretaciones del Corán y a la degeneración de la tradición islámica. Estas feministas buscan, mediante relecturas y reinterpretaciones, una visión liberadora del Islam.

Por su parte, lo que paradigmáticamente podríamos englobar como feminismo árabe o musulmán, parte de la cultura árabe e, incluso, de la musulmana, reivindicándose ciertos aspectos de la cultura musulmana y valorando como ejemplares a los personajes de la tradición histórica musulmana que han luchado por la liberación de la mujer. El eje dicotómico respecto al feminismo islámico es su concepción del Islam como una religión opresora por naturaleza, incapaz de aportar a la mujer las herramientas para la lucha y la emancipación. A pesar de esta mala valoración del Islam, no podemos ignorar que, por imperativo antropológico, una vez que se admite la cultura árabe-musulmana como base cultural válida, se asumen también los elementos de los que esta cultura está atravesada, entre los que destaca la religión islámica.

Por último, nos encontramos con el feminismo laico, el pariente más cercano del feminismo occidental en el mundo árabe y cuyas características nos son más conocidas.

Una vez definido el qué, pasemos al por qué. ¿Por qué un feminismo islámico?. En las sociedades árabes, el Islam, con su corte patriarcal y dominador actual, está profundamente arraigado entre hombres y mujeres. Ellas también temen a Dios y, probablemente, mucho más que ellos, seguramente porque las han inculcado que son responsables de sus propios pecados y de los que puedan ocasionar a los hombres por el motivo que sea (o que ellos inventen).

Como ha observado la feminista María Fernández Estrada, hay que partir del hecho de que la identidad cultural musulmana, en estos momentos, recae fundamentalmente en el sexo femenino. Mientras que, por ejemplo, es habitual que los adolescentes varones asistan al instituto en vaqueros, a las mujeres, en cambio, se les exige el hiyab. Ellos se acercan a la globalización, ellas son soporte y expresión de la identidad que se supone comparten ambos. Partiendo de este ejemplo, y desde una visión idealista-occidental, podríamos pensar que la prohibición del hiyab podría servirnos para producir cambios en el peso que esas mujeres soportan sobre sus hombros, pero cualquier mujer árabe sabría decirnos que prohibir sin más la utilización del hiyab no tiene como consecuencia un efecto liberador, sino que, de hecho, sería contraproducente. Y es que, cuando realmente pisamos el terreno, vemos que esta prohibición lo que podría provocar es que las adolescentes, sencillamente, dejaran de asistir a la escuela. De este modo, habríamos castigado doblemente a unas víctimas ya suficientemente castigadas por sus propias estructuras patriarcales. Por eso es tan importante que el feminismo occidental empatice con el feminismo islámico. Porque la tierra que pisamos, la cultura que la baña y la religión que la atraviesa nos marcan un contexto de partida absolutamente distinto.

Este artículo no pretende convertirse en  una defensa a ultranza del feminismo islámico como meta pero, desde luego, pretende serlo del feminismo islámico como punto de inicio. El feminismo occidental ha conquistado ya muchas áreas de la vida en lo que respecta al reconocimiento familiar y social de la mujer. Pero, en el mundo árabe, para alcanzar el nivel de emancipación de la mujer tanto desde el punto de vista social como religioso, primero habría que reformular el Islam de tal manera que ya no se considere un pecado el simple hecho de ser mujer, en el que el hombre no pueda tener libre albedrío por ser hombre, en el que no puedan justificarse sus acciones por una especie de legitimación o consentimiento divino. Cuando he visto cualquier situación de injusticia hacia la mujer en el mundo islámico y he preguntado la razón de la misma, la respuesta siempre ha sido la misma: lo dice el Corán. Pero esto no es cierto. No es el Corán el que promulga estos preceptos, es la masculinidad musulmana la que se vale de una interpretación interesada para apuntalar un privilegio insoportable.

Una relectura feminista del Corán nos serviría para desmontar la mayoría de  esos tópicos en los que se refugian los hombres musulmanes para poder mantener su hegemonía y sometimiento sobre la mujer. A mi parecer, es importante entender que la lucha feminista en el mundo árabe tiene un camino muy distinto al que lleva actualmente la lucha occidental. Empecemos por una reinterpretación que ponga el Corán al servicio de todos sus fieles, en lugar de al servicio de unos para la opresión de otras. Deslegitimemos el libre albedrío patriarcal de los varones y comenzaremos a empoderar a la mujer. En este momento este punto de partida es la clave para que las mujeres musulmanas comprendan que no es Dios quien las quiere ver oprimidas si no el hombre que se aprovecha de Él para legitimarse en una posición de superioridad. Tratar de cambiar las sociedades musulmanes sin pensar primero en cambiar la concepción del Islam, será siempre una quimera. Porque a una mujer musulmana no se la puede convencer de que es deshaciéndose de Dios como alcanzará su plena libertad, pero sí se la puede convencer de que Dios no la quiere sometida, si no libre del yugo del hombre. Se la puede convencer de que la justicia y las exigencias divinas no van unidas a uno u otro sexo. Si conseguimos eso, estaremos allanando el camino para que en un futuro, si las mujeres árabes así lo consideran, pueda haber una gran revolución feminista al margen de la religión como ha sucedido aquí, en occidente. De hecho, si miramos atrás, ¿no comienza el feminismo occidental como una relectura de la historia, la sociedad y, desde luego, la comprensión de la religión cristiana? Es innegable el camino que hemos recorrido desde entonces, y el feminismo en el mundo islámico debe recorrer su propio camino. Puede que no sea el mismo que el de occidente, pero sí está claro que la meta es la misma.