En Escandinavia la fundación del estado moderno no se entendería sin la reforma luterana y su movimiento nacional-popular como fuerza jacobina. Haciendo memoria de lo que significaron estos acontecimientos en la memoria común, hacía falta un siguiente paso en la construcción nacional. En los principales territorios escandinavos la consecución del estado moderno y el desglose -más que reparto- de soberanías no era suficiente. Quedaba cerca el éxodo a EEUU por la crisis del sector primario, la pérdida de territorios por parte de Suecia y Dinamarca como también la revolución industrial junto con sus cicatrices, sobre todo en Noruega. La reforma luterana fundó el estado moderno y el estado de bienestar fundó la nación siguiendo el hilo del movimiento nacional-popular. Por Miguel Sanz Mayor.

 Una imagen típica de la Iglesia del Pueblo Danés como ejemplo de la reforma luterana y su contenido nacional-popular. (Vía Wikipedia)

Las primeras derrotas

Tras la primera victoria electoral de los Socialdemócratas en 1924 llegaría el gobierno de Thorvard Stauning y tras este ejecutivo llegaría la decepción. Los socialdemócratas se encontrarían con una Cámara Alta con una mayoría formada por Liberales y Conservadores debido al funcionamiento del sistema parlamentario danés. Esto los llevaría a la inacción inducida por el contraste en la correlación de fuerzas entre cámaras. Una paralización que empeoraría la crisis económica que ya azotaba a los daneses con altos niveles de desempleo e inflación. El revés mayúsculo para los Socialdemócratas vino por parte del movimiento sindical, que vio con malos ojos que Stauning aceptara la propuesta de los mediadores estatales tras las sucesivas protestas por la consecución de unos nuevos Pactos Generales. Unas reivindicaciones que estuvieron marcadas por las demandas relacionadas con una subida de salarios y la propuesta de los mediadores de unirlas al nivel de inflación. La filtración de estas medidas por parte del gabinete Socialdemócrata rompió las relaciones entre los movimientos sociales y el partido de Stauning, que viraría hacia la derecha. El partido era Stauning y Stauning era el partido. No quedaba ala izquierda del partido, que se ubicó en un Partido Comunista inmerso en una lucha entre cuadros y corrientes.

La mala experiencia en la correlación de fuerzas bicameral se trasladaría a una Noruega marcada por la corta estancia de los laboristas británicos en Downing Street. Un Partido Laborista con una mayoría simple se encontraría en inferioridad en la correlación de fuerzas debido a la virulenta oposición de Liberales y, por lo general, de toda la derecha. Los laboristas tuvieron el gobierno, pero no el poder. Se consumaba otra derrota. Una decepción que se convirtió en locura con la ampliación de la mayoría en 1927 y la determinación por parte de los laboristas de constituir »una transición hacia una sociedad socialista», como gritaron a los cuatro vientos. El gobierno duró tres semanas tumbado por el banco central y una moción de censura del resto de arco parlamentario. La correlación de fuerzas manda.

 »Chicos, estáis jodidamente locos», espetó el veterano laborista noruego Edward Bull ante la propuesta de transición hacia una sociedad socialista.

Establecimiento del estado de bienestar y abandono del socialismo

Tras derrotas tan contundentes estando en el gobierno se hacía evidente una crisis entre representantes y representados en Escandinavia. Que había desembocado en un proceso deconstituyente del bloque histórico, en la reducción reformista a lo electoral. De forma equivocada, los laboristas noruegos creyeron que estaban en condiciones de radicalizar el gobierno cuando lo que demandaba el momento era radicalizar la democracia. Por otro lado, los Socialdemócratas daneses acabaron basando su hegemonía en la correlación de fuerzas. La situación demandaba algo más, algo herético que cruzase las líneas. Algo más allá de lo parlamentario. Hacía falta una renovación de discurso y doctrina para que los Socialdemócratas no se quedaran en meros reformistas.

Fue en 1920, pero podría aplicarse a las crisis que han sufrido las fuerzas de la izquierda en los países nórdicos.

La crisis de 1929 acentuaría todas las sacudidas anteriores para constatar la desigualdad de representatividad a la vez que de riqueza entre el pueblo y las élites en la política global. Un año que coincidiría con comicios en Dinamarca tras años de recortes tanto presupuestarios como de derechos laborales tras la desconexión inducida entre estado y sindicatos. En el mismo tiempo, surgirían las teorías económicas liberales de John Maynard Keynes y el crecimiento de la tradición socialista de la Sociedad Fabiana en Reino Unido. Los Socialdemócratas escandinavos tenían una nueva línea a seguir tras quedarse huérfanos de Comintern. Con estos compañeros de viaje, en las elecciones del 29 arrasarían con más del 40% del voto y en el 32 la crisis económica arrasaría en Dinamarca llevándola a niveles del 50% del desempleo tras los aranceles de Reino Unido a la producción del sector agrario danés. Seguía en los países nórdicos el complejo de país de agricultores que se ha transformado actualmente en el miedo a un Brexit que despierta la hipótesis de una nueva subida de aranceles. La historia -o la farsa- se repite y la crisis se vuelve a cebar con la estructura económica que se encuentra la izquierda al llegar al poder.

 Tal crisis humanitaria obligaría a los Socialdemócratas a pactar con los conservadores una ayuda económica (de 90 millones de euros) para los desempleados. Fue lo único que pudo realizar el gabinete reformista antes de convocar elecciones en 1932 con la demanda latente de la patronal de bajar los salarios un 20% junto con unos sindicatos reforzados y amenazantes. Se prolongó el subsidio y la estancia en el poder de Stauning, que se erigía como salvador del país, aunque »quizá habiendo sacrificado nuestros principios» como llegó a declarar. Fue la primera vez que en Dinamarca se usó el poder legislativo para convocar un estado de excepción por una contienda entre clases y no entre países. Fue apodado como Kanslergadeforliget y consistió en un pacto con los Liberales para devaluar la moneda un 10%, instaurar la prestación por desempleo, un seguro de accidentes laborales, una ley de seguridad y la ley del bienestar. Todo ello conformaría el sistema general de la seguridad social o, dicho de otro modo, el estado de bienestar danés.

 En los años treinta se instauraría el estado de bienestar en Noruega entre los pactos entre el Partido Agrario y los Laboristas tras -también- una crisis en el sector agrario. La doctrina del pacto sería una mezcla entre el New Deal de Roosevelt, la economía planificada de la URSS y principios del keynesianismo. Traducido a lo parlamentario, fue una mezcla entre aquello que promulgaban en sus programas el Partido Agrario -como escisión de los Liberales-, los laboristas y los Liberales del Senterpartiet. El keynesianismo fue traducido en Noruega por la Escuela de Oslo y sus estudios sobre la relación estructural entre el gasto público y la empresa privada. En concreto, Ragnar Frisch identificó que las fluctuaciones económicas podían paliarse ajustando el gasto estatal y regulando la oferta de crédito. El programa de Oslo se tradujo con la implementación de subsidios estatales tanto para pequeñas empresas como para el sector agrario además del impuesto al valor agregado del uno por ciento. En Suecia se instaurarían las medidas con la novedad de la inclusión de las políticas fiscales, que sacaría a la luz las deficiencias del sistema recaudatorio -y su distribución de la riqueza- de Dinamarca y Noruega, que estaban en niveles históricos de déficit presupuestario debido a la falta de cohesión fiscal. En el país sueco surgiría la Escuela de Estocolmo con su libreto amarillo liberal al igual que en Noruega. Fueron programas ceñidos a reactivar el consumo interno, fue el paso decisivo hacia el fabianismo en los países nórdicos. El abandono definitivo del programa socialista.

Partido del pueblo: superación de la lucha de clases y hegemonía

No olvidemos que la política nacional de un país está siempre bajo la luz incesante de la política internacional y su correlación de fuerzas. Esto nos lleva a observar cómo en aquel momento histórico el péndulo de la revolución se movía de un lado a otro y cómo los reformistas lo aprovecharon para justificar el abandono del socialismo. El punto de inflexión se produjo en 1929 cuando los Comunistas Alemanes respaldaron las tesis de Estrasburgo y su consiguiente consideración del SPD como principal enemigo de la revolución. Fue la ruptura de un aparente bloque histórico y la aparición del fascismo como bloque homogéneo capaz de gobernar, como ocurrió en Alemania. Un aprendizaje que caló en los países nórdicos debido a que muchos socialdemócratas como Willy Brandt (futuro Canciller de Alemania Occidental) hicieron vida de exiliado desempeñando el papel de intelectuales bajo seudónimos y la nacionalidad sueca, noruega o danesa.

 En los países nórdicos se evitó que el nazifascismo creciente arrasara con el pasado democrático debido, en parte, a la influencia de los intelectuales socialdemócratas alemanes que huyeron a Escandinavia. Se produjo una reformulación del bloque histórico socialdemócrata desde una nueva concepción del estado imitando la idea alemana de Volksgemeinschaft por parte del teórico Ernst Wigforss, cercano a la corriente de la Sociedad Fabiana y del socialismo corporativo. Aunque lo realmente revolucionario por parte del revolucionario reformista fue la inclusión de la visión orgánica del estado (cercana a la aniquilación de lo heterogéneo de Carl Schmitt) de Rudolf Kjellén. Una visión innovadora que versaba acerca de que el estado era la suma de la nación, el país, la comunidad y la ley (desde una visión alemana del estado). Aquel que recogería este guante de seda para dominar con un puño de hierro -como diría Gramsci- sería el histórico dirigente Per Albin Hansson, que además lo ligaría con la tradición de la Casa del Pueblo extendida por toda la familia socialdemócrata europea. En este momento, el proyecto de país socialdemócrata en los países nórdicos sería convertirlo en la casa del pueblo. Los socialdemócratas suecos apostaron de lleno por la conjunción de las ideas de Casa del Pueblo, nacionalismo y socialismo.

 Per Albin Hansson imaginó al Partido Socialdemócrata desde la metáfora de un puente que pudiese superar el eje de la lucha de clases, pasando del sectarismo a convertirse en un partido para todas las personas, cultivando la solidaridad entre clases y la justicia social para todos. Esta idea apareció en 1926 en un artículo publicado que tituló »Suecia para los suecos, los suecos para Suecia», utilizando los términos de la derecha sueca y la narrativa nacionalista de Erik Gustaf Geijer, algo que chocaba frontalmente con aquel Marxismo. La concepción de Casa del Pueblo convirtió a los Socialdemócratas suecos en un partido que definitivamente iba a apostar por una economía mixta o nacional-estatismo socialista basada en la regulación y no en la propiedad. En el que el concepto de clase era sustituido por el de pueblo. No había que socializar los medios de producción, había que regularlos. No había que representar a »los trabajadores», había que representar »al pueblo». Así se hizo junto con el apoyo del Partido Agrario, que facilitó la introducción de las pensiones públicas o las dos semanas de vacaciones pagadas en 1938, año en el que se consiguió el acuerdo entre patronal y agentes sociales para regular la capacidad negociadora sobre condiciones y salarios.

 Los acuerdos y medidas de este tipo también llegaron a Noruega con un Partido Laborista radicalizado, pero con un menor apoyo, lo que también les obligó a reformularse en la línea de los socialdemócratas suecos. Los Laboristas noruegos se convirtieron también en un partido populista, que además consiguió reformular de tal manera el bloque histórico que el Primero de Mayo acabó siendo una reivindicación obrera llena de banderas noruegas con lemas obreristas. »Ciudad y campo, de la mano» fue el eslogan más exitoso en la historia de los Laboristas noruegos. Hila con la incorporación del voto agrario al bloque histórico como actor unido al trabajador industrial, lo que deja a las claras que los laboristas eran conscientes de que sin el trabajador agrario era impensable la hegemonía y el cambio. Ese eslogan lo que escondía era una alianza obrero-agraria.

»Ciudad y campo, de la mano» rezaba el cartel de los laboristas noruegos en 1933 (Vía Wikipedia)

 Una alianza obrero-agraria que en Dinamarca tendría su origen en la apropiación del nacionalismo moderno campesino de los Grundtvigianos que apareció en la segunda mitad del siglo XIX igualando sus reclamos influenciados por los nacionalistas pastores luteranos a los de la clase obrera urbana. Los Socialdemócratas daneses empezaron en este momento a plantearse y a discutir la unión de obreros y campesinos bajo el concepto de pueblo. Su punto álgido tendría lugar en el programa electoral de 1934 realizado por Thorvald Stauning bajo el título de Dinamarca para el Pueblo. El concepto folket de pueblo como núcleo de la nación danesa es el inicio de la hegemonía cultural y política de la sociedad y política danesa. Una hegemonía disputada tanto por liberales grundtvigianos como por los Socialdemócratas. Un eslogan como ejemplo fue el de »Dinamarca para los daneses» que inspiraron a los laboristas noruegos o en 1936 la utilización del explícito »Stauning o caos» que nos vuelve a llevar a la concepción gramsciana de orden de una manera directa. El eslogan alude a que votar a los socialdemócratas no es cambiar un orden por otro, es establecer el orden ante el desgobierno de los recortes y las guerras.

«Stauning o caos», póster de las elecciones danesas de 1935

Consagración del estado de bienestar y de las naciones

Es imposible desligar la constitución de la nación sueca, danesa y noruega de los socialdemócratas y la hegemonía del espacio político sin este momento constituyente de instituciones. El ciclo que empieza en los años veinte demuestra cómo el bloque histórico que podríamos denominar como nacional revolucionario reformista fue el garante de la democracia entendiendo que la democracia sólo se podía garantizar a través del estado de bienestar. Supieron seguir el hilo nacional-popular de la revolución luterana para construir sus naciones, entendiéndolas desde la comunidad, la justicia social y el orden.

 Cabe decir que la influencia intelectual de Gramsci en los países nórdicos ha sido reducida, pero no es una hipótesis nada descabellada el entender la hegemonía de los socialdemócratas a través de Gramsci. Espero no haber sido pretencioso porque soy consciente del riesgo y de los más que posibles errores.

Bibliografía

Nik Brandal, Øivind Bratberg and Dag Einar Thorsen. 2013. The Nordic Model of Social Democracy. London:  Palgrave Macmillan, a division of Macmillan Publishers Limited 2013.

Agnes Batory (2019) Nordic nationalism and right-wing populist politics: imperial relationships and national sentiments, by Eirikur Bergmann, Democratization, 26:6, 1088-1089, DOI: 10.1080/13510347.2019.1577382

Bergmann, Eirikur. 2017. Nordic nationalism and right-wing populist politics: imperial relationships and national sentimients. London: Macmillan Publishers Ltd.

JOUR. Therborn, Goran. New Left Review. 2018/09/01. »Twilight of Swedish social democracy».   https://newleftreview.org/issues/II113/articles/goran-therborn-twilight-of-swedish-social-democracy (consultado 22 abril 2020)

César Rendueles. 2017. Antonio Gramsci: Escritos (Antología). Madrid: Alianza Editorial.

Therborn, Göran. 2018. Kapitalet, överheten och alla vi andra: Klassamhället i Sverige. Sverige: Flexband.

Gracias a Mäerten Björk de Tillfällighetsskrivande.