Ya van tres años desde que, anualmente, se organiza la huelga feminista en Italia. Desde que la marea de mujeres y personas lgbtqia* inundó las calles de Roma el 25 de noviembre 2016 contra la violencia de género, ha surgido el movimiento Non Una di Meno, que inmediatamente se unió a la llamada argentina hacia una huelga feminista global por el 8 de marzo 2017 al grito: “¡Si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras!” A partir de ese momento se crearon y se multiplicaron las redes territoriales, que se coordinan a través de asambleas estatales en la construcción de las movilizaciones.

Desde el principio llamamos a una transformación radical de la sociedad, reconociendo que la violencia patriarcal tiene un carácter estructural y que el feminicidio no es sino la punta más atroz y más evidente de un sistema que constantemente desvaloriza nuestras vidas y nuestros cuerpos. En el “Piano femminista contro la violenza sulle donne e le violenze di genere”- elaborado colectivamente en los grupos de trabajo en las asambleas nacionales – denunciamos que la violencia de género es polifacética y nos afecta en todas las esferas de la vida: en el ámbito educativo, donde se reproducen las desigualdades y los roles de género y los saberes feministas están marginalizados; en el ámbito laboral, donde la explotación y la precariedad generalizada se suman a la segregación laboral y a las disparidades salariales sufridas por las mujeres, que nos quitan las posibilidades materiales de independencia y autonomía; en el ámbito medico, donde nos impiden autodeterminar nuestros cuerpos, limitando el derecho al aborto, medicalizando y patologizando las subjetividades trans y no binarias; en los tribunales, donde se culpabiliza a las mujeres que sufrieron abusos y violaciones; en las narraciones mediáticas, que presentan los feminicidios como crímenes pasionales y retratan a las mujeres estereotipadamente, necesitadas de protección; en las fronteras y con el racismo institucional, que cotidianamente matan a las que se escapan de sus propios países y a las personas racializadas.

Frente a estas violencias “¡la huelga es la respuesta!”.

A través de una reapropriación y una resignificación de esta herramienta, hasta ahora monopolizada desde los sindicatos y progresivamente vaciada de sentido, convocamos autónomamente una huelga que no mire sólo por mejoras específicas, sino que reivindique un cambio político y social general, yendo más allá de las categorías laborales e incluyendo el terreno de la reproducción social. La huelga feminista del 8 de marzo va a ser unahuelga de todo trabajo ya sea productivo o reproductivo y de cuidados, suspendiendo todas las actividades asalariadas o gratuitas que permiten la reproducción de este sistema social, una huelga del consumo, contra el sistema de producción que explota la tierra y los cuerpos, y también una huelga “del género”, para autodeterminarnos frente a las identidades y roles que nos imponen.

Confiamos en la capacidad de la huelga para afirmar nuestra fuerza política, y para experimentar otras formas de organizar nuestros tiempos de vida a partir de nuestras necesidades.

Nuestro planteamiento siempre ha sido transfeminista: consideramos que la violencia de género, que afecta a las personas socializadas como mujeres y las relega a posiciones subordinadas, al mismo tiempo afecta a todas las personas que no cumplan la norma binaria y heterosexual; a la vez, nuestra postura es interseccional y prestamos atención a los demás ejes que nos sitúan en la jerarquía social y como estas diferencias se cruzan con el género. Por esta razón convocamos a la huelga no sólo a las mujeres, sino a todas las personas lgbtqia*, migrantes, precarias y cualquiera que se una a nosotras en la lucha para acabar con el sistema hetero-patriarcal, racista y capitalista. Convocamos también a los hombres, no para mostrarnos solidaridad, sino para que ellos mismos asuman la tarea de reconocer sus propios privilegios y de deconstruir actitudes machistas y patriarcales.

Mientras que los sindicatos mayoritarios siguen ignorando la movilización feminista, los sindicatos de base han convocado una huelga general de 24 horas con el fin de que haya cobertura legal para la huelga laboral y están activamente colaborando en los territorios para que la información de la huelga llegue de modo capilar a todas las trabajadoras.

Sin embargo, ya sabemos que, aun con las garantías formales, hacer una huelga es siempre más difícil para las diferentes figuras del mundo del trabajo precario. Por esta razón, estamos experimentando prácticas de ayuda mutua, como cajas de resistencia, y en los diversos territorios se están construyendo talleres para la huelga, elaborando,, formas alternativas de huelga, a partir de condiciones laborales diversas: sciopero bianco, no contestar a los correos, ceñirse estrictamente a las tareas contenidas en los contratos, hacer todo lo posible por ralentizar el trabajo, hablar con los usuarios de la huelga, manifestar la propia adhesión simbólica poniéndose prendas negras y fucsias etc.. Paralelamente en los cuidados se está intentando construir redes y prácticas para ponerlos en común, para visibilizarlos y para permitir una participación más amplia en las manifestaciones.

La huelga de este año se inscribe en un proceso de movilización más intenso que los años pasados, en el “estado de agitación permanente” declarado por el movimiento feminista desde la asamblea nacional en octubre en Bolonia, en oposición a las políticas racistas, sexistas y homófobas del nuevo gobierno de corte reaccionario. En nuestro país, mientras se ha aprobado la ley Inmigración y Seguridad del Ministro Salvini, que intensifica la criminalización de la pobreza y la guerra contra las migrantes, asistimos a fuertes ataques contra la autonomía de las mujeres, que se han concretado en las tentativas de limitar el derecho al aborto a través de mociones presentadas en diferentes ayuntamientos “a favor de la vida”, y en la ley propuesta por Pillon, el ministro de la Familia y de la Discapacidad – significativamente, así ha sido renombrado el Ministerio para la Igualdad de Oportunidades – sobre separación y tutela de menores, que intenta dificultar la ruptura del vínculo matrimonial. Como en todo el mundo, la nueva alianza entre neoliberalismo, racismo y patriarcado está intentando violentamente reafirmar y renaturalizar las jerarquías y los roles sociales: la oposición a este proceso nos llama con fuerza a una unión más estrecha entre los movimientos feministas y las luchas antirracistas.

El 8 de marzo vamos a oponernos a estos ataques y vamos a reivindicar la libertad de movimiento para todas, un permiso de residencia europeo, el derecho de asilo, la ciudadania sin condiciones; la libertad de decidir sobre nuestras capacidades reproductivas, sobre nuestras relaciones sexuales y afectivas más allá del modelo de la familia tradicional; acceso universal a unos servicios públicos en condiciones, un salario mínimo europeo, un reddito di autodeterminazione, contra las políticas neoliberales de empobrecimiento y precarizaciónque recortan las bases materiales para una autonomía real.

Sin embargo, la huelga no será el final de la movilización. El 29, 30 y 31 de marzo se está organizando en Verona el Congreso Mundial de la Familia, donde fuerzas ultraconservadoras de todo el mundo se darán encuentro. En esta ocasión queremos responder convirtiendo Verona en una ciudad transfeminista y por eso os llamamos a todas a una movilización internacional para el día 30 y a una asamblea el día siguiente, en la convicción de que el avance de las derechas a nivel global, necesita una respuesta también global.