El miedo es una pasión del género de la tristeza que debilita el cuerpo social y legitima una política reaccionaria y autoritaria.

Esto pone de relieve una problemática de límites. Límites del cuerpo y límites hacia los cuales el odio y el miedo pueden ser empujados. El miedo fomenta al odio y lo profundiza. Comprender este movimiento de miedo y odio significa entender la derecha como un fenómeno dinámico cuyos límites no han sido identificados en esta fase reaccionaria que una parte significativa del mundo está viviendo.

La esfera política en Italia expresa al máximo esta fase de reacción. El ciclo político reaccionario está invirtiendo buena parte del mundo y se puede leer como una nueva fase política dentro de la crisis económica que estalló en el 2008. Una fase política que quiere liquidar con violencia y renovado autoritarismo las luchas por lo común y la democracia real como los “movimientos de 2011” que tomaron las plazas de todo el mundo en los primeros años de la crisis. De hecho, si consideramos la palabra “reacción” en su significado literal de “oposición a una acción”, observamos que la respuesta autoritaria es global del mismo modo en que lo fue el desafío que lo precedió.

La primera especificidad a señalar de la fase reaccionaria que vivimos en Italia es el no estar precedida de un verdadero y propio 15M. Esto no significa que no hayan habido fuertes luchas en los primeros años de la crisis. Sin embargo, estas luchas no se han inscrito en un horizonte general que estuviese en condiciones de generar un mayor empoderamiento y esperanza en la sociedad y no han logrado conectarse con la revuelta global.

Las razones de esta triste particularidad se enmarcan en la conjunción del declive del “belursconismo” y el ascenso del Movimento 5 Stelle. En cada uno, la falta de esperanza y la emergencia del miedo asociada a la reacción son los ingredientes que sitúan a Italia en el centro de la política según Steve Bannon. Este último, que dado su apoyo lobbistico y estratégico en las elecciones de Trump, Bolsonaro y el proceso del Brexit, ha encontrado en Italia importantes y variados seguidores e incluso ha fundado  una “escuela soberanista” en una abadía del centro de Italia. Gracias a la apertura de decenas de proyectos como esta escuela, con su fundación y la presencia creciente en los medios mainstream italianos y de muchos otros países, Bannon encarna la renovación en la era digital de la trama internacional “negra” compuesta por una oscura financiación, fundamentalismos cristianos, lazos con los sectores de la criminalidad organizada y  aparatos burocráticos y militares.

Sin embargo, la extrema derecha en Italia no nace con Bannon. Los fascistas, si bien siempre han sido extremadamente minoritarios, han delineado toda la historia de la posguerra italiana, gozando de una gran financiación y llegando incluso a ser decisivos para la realización de actos terroristas por parte de los servicios secretos. No obstante, la deriva de los últimos años ha introducido el germen de la extrema derecha en el discurso público.

El discurso público que hasta hace poco tiempo se hubiera considerado fascista incluso en los medios de comunicación mainstream, hoy está en el gobierno del país y ha llegado a desplazar lo que denominamos el sentido común. Esto se materializa, en primer lugar, en una completa homologación de las formas más brutales de violencia racista y la deriva de un discurso de odio contra las personas migrantes y racializadas. Si bien el racismo en Italia ha estado siempre presente -negado de manera sistemática e hipócrita a raíz de su pasado colonial-, es innegable el papel sustantivo que han jugado las estrategias de adoctrinamiento de masas a través del uso profesional de las redes sociales digitales. Esta utilización constituye uno de los puntos de fuerza principales de la nueva Liga de Salvini (es el político con más likes en Facebook de Europa), pero se apoya sobre un universo negro, amplio y variado en las redes sociales y alcanza incluso sectores contiguos del Movimento 5 Stelle.

El viejo centro derecha “popular” y televisivo de Berlusconi ha sido fagocitado completamente por una Liga que conjuga los instrumentos digitales con una estructura partidista tradicional -en el norte-, y con una relación directa con las organizaciones explícitamente neofascistas. Organizaciones con las que La Liga en un principio buscó acuerdos electorales y posteriormente optó por mantener su apoyo externo, tanto económico como político. 

Las organizaciones neofascistas como Casapound y Forza Nuova continúan, con más financiación y cobertura que nunca, atacando a los sujetos sociales débiles: la primera en el marco de un fascismo “postmoderno”, y la segunda con un carácter más tradicional ultra-católico.

(mappa delle aggressioni – gli unici attentati in Italia ad oggi)

 

Pero lo más alarmante es que el desplazamiento del sentido común no está vinculado únicamente al campo político de la derecha, sino que se ha hecho explícito en las políticas y en los discursos de la totalidad de las fuerzas políticas italianas.

En particular, podemos resumir la deriva de la opinión pública sobre la cuestión migratoria y el derecho de asilo a partir de tres episodios inherentes a la política institucional italiana: el comportamiento de las tres principales fuerzas parlamentarias en el periodo previo a las elecciones de marzo de 2018. Episodios que ilustran la naturaleza estructural del movimiento reaccionario que ha llevado a la formación de un gobierno de alianza de la Liga y el Movimiento 5 Stelle en mayo de dicho año.

En primer lugar, las palabras del líder del Movimento 5 Stelle Luigi Di Maio en marzo de 2017 criminalizando las ONG llamadas “taxis del mar” y comparadas a las organizaciones de traficantes, son fruto de una estrategia mediática que trasciende las ONG y ha contribuido a desacreditar el principio de solidaridad en todas sus formas.

Después, la política migratoria “internacional” de Minniti, ministro del Interior del Governo Renzi y después Gentiloni, cuya acción ha sido decisiva para el control de los flujos migratorios y sobre la realidad libia. A costa de la vida de miles de personas.

Por último, un acontecimiento que ejemplifica a la perfección la alianza entre entre grupos neofascistas y una política migratoria cada vez más derechizada es el Tiroteo en Macerata que se ha convertido en una referencia incluso para el terrorista responsable de los atentados de 2019 en Nueva Zelanda. En Macerata, la Liga ha obtenido un resultado electoral de 20% de los votos. Para Salvini estos atentados –los únicos en Italia- están justificados al no haber resuelto la cuestión migratoria.

A partir de ese momento, las agresiones no han dejado de crecer y las excentricidades de Salvini se han multiplicado. Sin embargo, el problema mayor es que, mientras Salvini continúa aglutinando fuerzas afines consolidando un consenso reaccionario basado en el odio y el miedo, no hay ninguna alternativa que contenga la deriva del sentido común por parte de otras fuerzas políticas, endeudadas con una hipocresía y oportunismo evidente y desarmado. 

La cuestión del racismo no es la única donde se evidencia la reacción de odio y miedo, si bien es la principal vía de legitimación del discurso de extrema derecha italiana. En el país más longevo del viejo continente el temor al fenómeno migratorio que la derecha ha denominado “la invasión” ha tomado tintes de complot de la “sustitución étnica”, relacionándose en modo perverso a otros fenómenos en curso. Incluso la emigración de los jóvenes, que no ha suscitado ningún tipo de politización desde abajo al contrario que en España, se atribuye a la inmigración. Además, la bajada de la natalidad (blanca) se atribuye a la crisis del patriarcado católico, de la familia tradicional y del matrimonio, y por tanto a la libertad de las mujeres antes que a las condiciones de precariedad. Esto ha llevado a un aumento de las represiones, legales y de facto, al aborto y a la autodeterminación femenina.

Sobre la lectura de los fenómenos demográficos se juega una partida enorme del sentido común en Italia, que se conecta a la fase de reacción global. La inversión económica y política de la derecha en el miedo no va a parar ni dejar de cobrarse víctimas. Sin embargo, algunas armas de oposición a este régimen del miedo se están finalmente fraguando. En Italia pasa principalmente por el movimiento transfeminista (también iniciado por un movimiento global, retomando el Ni Una Menos argentino) Non Una di Meno. Después de años de lucha, pasando por la huelga feminista del 8 de marzo, en marzo de 2019 este movimiento ha llevado a cabo una manifestación multitudinaria en la ciudad de Verona donde se desarrollaba el World Congress of Families, uno de los encuentros internacionales de la derecha más retrógrada con el objetivo de dar visibilidad y financiación a la ideología reaccionaria en temas de sexualidad. Frente a este congreso se ha conformado una asamblea, también de carácter internacional, de los movimientos transfeministas que han contado con la participación de compañeras de muchos países del mundo.

Contemplando el panorama italiano, tan central hoy en la estrategia del miedo reaccionario encarnado por Bannon y Salvini, la resistencia global parece no poder ser sino transfeminista. Es el único horizonte de empoderamiento y esperanza que se ha enraizado en Italia dentro de la crisis, encontrando resonancia con las luchas globales, y siempre con miras – a pesar de las censuras y los ataques– a un horizonte que garantice la convivencia real en las vida común de las calles frente al miedo impuesto por aquellos que nos quieren enfrentados.