El ecofeminismo es una corriente de pensamiento y también un movimiento social que liga el feminismo y el ecologismo. Se trata de una filosofía y una práctica activista que defiende que el modelo económico y cultural occidental se constituyó y se mantiene por medio de la colonización de las mujeres, de los pueblos “menos desarrollados”  y de sus tierras y su naturaleza. Revela que la subordinación de las mujeres a los hombres y la explotación de la naturaleza son dos caras de la misma moneda y responden a unas lógicas comunes: la ilusión de poder vivir al margen de la naturaleza, el ejercicio del poder patriarcal y del sometimiento de la vida a las exigencias de la acumulación de capital. Este artículo, transcrito por Alberto Pajares, se fundamenta en una charla de formación que Laura Laguna, doctoranda en Estudios Feministas y activista ecofeminista y ecosocial en espacios como Fridays for Future, impartió a Juventud por el Clima Madrid y Extinction Rebellion Madrid en octubre de 2019.

Vivimos en un sistema que coloca las aspiraciones económicas en el centro en lugar de colocar la vida; instaurar un sistema ecofeminista que se centre en proteger las condiciones de vida digna requiere cambiar todo el sistema económico pero también cambiar nuestra manera de relacionarnos entre nosotras y con nuestro medio natural.

BASES TEÓRICAS DEL ECOFEMINISMO

Desde la época presocrática, a partir de la escuela pitagórica, empezamos a entender el mundo de manera ordinaria a través de  lo que se denomina pensamiento dualista occidental. Este pensamiento entiende y explica lo que nos rodea a través de pares de opuestos excluyentes, por ejemplo, el día y la noche, o la ciencia y tecnología, incluso la cultura frente a la naturaleza. Podemos encontrarnos la razón frente a la emoción, el humano frente al animal (ya que, aunque seamos animales siempre excluimos a la especie humana del mundo animal). También enfrentamos el individuo de la comunidad de manera que a día de hoy operamos de forma mucho más individualista que en otras épocas pasadas o que en otros lugares del mundo. También enfrentamos hombre y mujer. Estos pares de conceptos no están en igualdad de condiciones; se entiende siempre que, en cada binomio, hay uno que predomina y que por tanto tiene la capacidad de explotar y someter al otro. 

Si aislamos todos los términos de los dos lados, configuramos 2 tipos de individuos: el individuo varón, muy ligado a la ciencia, a la tecnología y, por tanto, vinculado a la razón que es además la norma de lo humano, conectado también al pensamiento individualidad y que, por supuesto, predomina sobre la mujer. Lo que nos queda al otro lado es el individuo mujer, que está más ligada a la naturaleza ya que siempre hemos sido entendidas desde el punto de vista más reproductivo (como detalle, la salud de las mujeres se visualiza como salud reproductiva) más ligada a la emoción frente a la razón (argumento usado para no dejarnos votar o acceder a puestos políticos), más ligada al mundo animal (desde textos bíblicos a textos científicos)… Hasta hace bien poco el hombre siempre había sido la medida de lo normal y la mujer la desviación de la norma. El propio Aristóteles decía que la mujer era un varón deforme. Incluso la medicina lo ha estado tratando así hasta hace poco. Hasta el año 2000 no hubo ningún dibujo certero de la fisonomía del clítoris; los atlas de anatomía siempre dibujaban el cuerpo masculino,  apareciendo el cuerpo femenino únicamente para ilustrar el aparato reproductor.

Esta visión humanista del mundo de pares opuestos es un tanto maniquea: los mismos hombre y mujer, desde el punto de vista del género y del sexo, tampoco son del todo aisladas. El sistema hormonal del sexo y el género son un contínuo, no somos pares aislados; una mujer cis como yo puedo tener niveles hormonales más parecidos a los de un hombre que a los de otra mujer cis. Todo esto lo vemos claramente con el resto de identidades que no son binarias. El pensamiento dualista excluyente genera lógicas de dominación: frente a estos pares de opuestos, el par superior tiene el derecho de dominar y explotar al otro concepto, entendido históricamente como inferior.

El ecofeminismo nos dice que todas las opresiones que existen, por cuestión de raza de sexo, de género,.. están vinculadas conceptualmente a través de esta lógica de la dominación. De este modo vemos claramente cómo los dos sistemas opresores por antonomasia, que son capitalismo y patriarcado, van de la mano y se retroalimentan. El ecofeminismo es una propuesta que une dos movimientos con potencial emancipador para poder combatir de manera más holística estas opresiones. El ecofeminismo dice que es imposible luchar por los derechos de la mujer de manera en un contexto de crisis climática. Las luchas, cuando se vinculan, se entienden y se llevan a cabo mejor.

CRISIS DE LOS CUIDADOS

El ecofeminismo también se ocupa de la crisis de los cuidados, habla de esta división sexual del trabajo. El trabajo productivo es aquel que te otorga derechos como ciudadana y ciudadano: en España, para obtener el derecho a pensión, a la seguridad social, y a buena parte del resto de derechos económicos y sociales necesitas haber cotizado. Ese trabajo remunerado, históricamente ha sido llevado en la vida pública por los hombres, y esto ha hecho que las mujeres no hayan sido ciudadanas de pleno derecho. El feminismo liberal pensó que si queremos conseguir una igualdad efectiva lo que tenemos que hacer las mujeres es entrar al mercado laboral. El problema es que el mercado laboral tal y como existe hasta ahora es un mercado feroz, voraz, que depreda materias primas y personas,…. El ecofeminismo opina que  la mujer tiene que tomar partido en la vida pública pero también los hombres deben volver a la vida privada, corresponsabilizarse al mismo tiempo de las tareas invisibles de cuidados, y que, además, no queremos la igualdad a través de las mismas normas del juego. Ante el hecho de que haya más hombres toreros que mujeres toreras; el feminismo liberal podría decir: tenemos que incentivar la participación del mundo de la tauromaquia en las mujeres porque así conseguimos la igualdad. El ecofeminismo opina que el sufrimiento animal y la violencia son un valores patriarcales y que no queremos asumir ese igualdad. Lo que queremos es que haya menos personas toreras, hombres y mujeres, ya que queremos abolir la tauromaquia. No queremos convertirnos en tiburones de negocios porque los círculos de negocios son, entre otros muchos sectores, los que están destruyendo el planeta en donde vivimos. Lo que queremos es que los valores del cuidado, de los vínculos, de las afectividades, de la comunidad formen parte del imaginario colectivo de toda las personas, hombres y mujeres.

“Un feminismo que no entienda que el medio ambiente es una cuestión feminista no no estará teniendo en cuenta la totalidad las mujeres” Alicia Puleo

CRISIS MATERIAL, ENERGÉTICA, MIGRATORIA, DE BIODIVERSIDAD

Vivimos en un contexto de crisis climática, ecológica y de biodiversidad pero también social. la crisis climática y ecológica consiste en una pérdida masiva de biodiversidad, en el deshielo de los polos, acidificación de los océanos, procesos de desertificación, … Estamos en un camino que nos lleva al colapso; esencialmente es un proceso, y no un momento, en el que experimentamos una reducción inmensa de lo que mal denominamos recursos (porque da a entender que son cosas que son puestas para que los seres humanos las usemos). Hoy incluso metales como el cobre, hace poco muy abundantes, están escaseando. A menudo las soluciones que se nos vienen a la cabeza tienen un carácter exclusivamente tecnológico y científico y estos tiene ciertas limitaciones; la escasez de recursos es tan increíble que es probable que no podamos seguir desarrollando muchas tecnologías como pensamos que seríamos capaces.

Estamos sufriendo cambios en los ecosistemas, estamos sufriendo una pérdida de biodiversidad tremenda en la que muchísimas especies insectos están desapareciendo a nivel extraordinario, algo que no nos causa mucha empatía y no genera mucha desazón; los insectos parece que no importan pero importan mucho. No obstante, ell nivel de polinizadores está escaseando y esto va intervenir de manera drástica en los procesos naturales, cuya inmensa mayoría ya están alterados, algunos de forma irreversible. 

La situación que vivimos es dramática; aún así, la crisis civilizadora no afecta igual a todos los lugares del mundo y esto hace que haya unas poblaciones más afectadas que otras. Las poblaciones del sur global son mucho más vulnerables por diversos factores: por su localización geográfica que los hace muy más vulnerables frente a procesos de desertificación, frente a altas temperaturas, escasez de agua,… También tiene que ver con factores sociales, con la edad, con el nivel económico, con la pobreza, con la precariedad. Las feministas sabemos muy bien que la pobreza es mucho mayor en mujeres que en hombres; esto hace que las mujeres seamos más vulnerables a la crisis climática en varios sentidos: somos más vulnerables a las sustancias tóxicas contaminantes y que pueden afectar de manera muy diversas para salud: afectan al sistema nervioso, periférico y central y provocan cambios inmunológico.

ECOFEMINISMO Y LENGUAJE 

El lenguaje crea imaginario; cuando hablamos de políticos todo lo que nos viene a la cabeza son señores con corbata, al igual que cuando hablamos de médicos, ingenieros, y también igual que enfermeras, secretarias,… Sabemos que el lenguaje construye realidad; con los animales sucede también. En la lengua inglesa tenemos ejemplos claros: una autora, Carol J. Adams, escribió “The sexual politics of meats” donde relacionaba la violencia hacia las mujeres con la violencia hacia los animales. Explicaba cómo, en inglés, cuando hablamos de un animal nos referimos a él como “it” y no otro pronombre personal. Si nos referimos al cerdo animal lo llamamos “pig” pero si es procesado, su carne se denomina “pork”. Para hablar de una vaca hablamos de “cow” pero si ha sido tratada se le llama “beef”. En español sucede algo parecido: Pez y pescado,… El referente ausente, que así se denomina, hace que no empaticemos con la realidad de la situación, cambiando el foco de lo importante, transformando un ser sintiente en un plato de comida. Esto opera de forma parecida con el cambio entre mujeres prostitutas y mujeres prostituidas, cuya diferencia está en dónde ponemos el énfasis; si es prostituta, el énfasis está en ella misma y si la llamamos prostituida, en los puteros. Cuando analizamos el lenguaje vemos que ha servido para justificar todo tipo de desigualdades sociales y también desigualdades frente a la naturaleza. La palabra recursos naturales hace que tengamos una visión utilitaria, incluso mecanicista, del mundo natural, que condiciona la forma de relacionarnos con ella. 

HISTORIA DEL ECOFEMINISMO

El ecofeminismo surge en los años 70, con concepciones que ha dejado muchas secuelas y que hace que desde fuera se malinterprete. El ecofeminismo clásico era esencialista, que tiene raíces en ciertas ramas del feminismo de la diferencia. El feminismo de la igualdad de raíz ilustrada busca la igualdad efectiva a través del trabajo y a través de conseguir los derechos que eran principalmente masculinos, de manera que lo que queríamos era tener acceso a las universidades, a los trabajos, a la vida pública y a la política. El feminismo de la diferencia era el que opinaba que hombres y mujeres somos diferentes y que eso no era malo. Proponían empoderarse a través de la feminidad. Ambos tienen problemas: los problemas del feminismo liberal se han abordado anteriormente, mientras que el feminismo de la diferencia acaba siendo sexista y muchas veces acaba volviendo a mantras patriarcales. Al celebrar que la mujer tuviese mayor capacidad reproductivas y de cuidado, hizo que la mujer volviese a casa y a la cocina, al lugar donde nos querían. En el ámbito ecofeminsta, Susan Griffin escribió “Women and Nature, the role inside her”,  que trataba del empoderamiento a través de la naturaleza. Más adelante surgió el feminismo deconstructivo, en los años 90’, en donde se hace una crítica al capitalismo, a la economía liberal y además deja de ser esencialista. Se enfatiza mucho la relación entre el dominio patriarcal hacia las mujeres y las explotación de la naturaleza (la cual, por cierto, siempre se representa a través de imágenes femeninas: la pachamama, la madre tierra, gaia, ninfas,…). Esta visión extractivista de la naturaleza recordará mucho a cómo se ha tratado de las mujeres e incluso a los animales, quienes también se han visto como una “otredad”, inferior, por lo que tenemos derecho a explotarlo también para satisfacer nuestras necesidades.

A día de hoy hay muchos más ecofeminismos, influidos por la realidad material, cultural y climática en donde se desarrollan, como el de Vandana Shiva desde la india, que viene con su propio contexto que nos podría resultar un poco esencialista. Aún así es muy interesante la crítica bestial que hace al desarrollo, que los occidentales lo asociamos a acabar con nuestro medio natural. Ella es una gran defensora de la agroecología, que es, por cierto, una buena propuesta de cambio ecofeminista. Vandana critica el avance voraz de empresas como McDonalds en una sociedad eminentemente vegetariana como la de la India.

A día de hoy hay muchos más ecofeminismos, influidos por la realidad material, cultural y climática en donde se desarrollan, como el de Vandana Shiva desde la india, que viene con su propio contexto que nos podría resultar un poco esencialista. Aún así es muy interesante la crítica bestial que hace al desarrollo, que los occidentales lo asociamos a acabar con nuestro medio natural. Ella es una gran defensora de la agroecología, que es, por cierto, una buena propuesta de cambio ecofeminista. Vandana critica el avance voraz de empresas como McDonalds en una sociedad eminentemente vegetariana como la de la India.

 “El ecofeminismo es el feminismo que ha tomado conciencia del siglo en el que vive” Alicia Puleo

ECOFEMINISMO CRÍTICO

Defiendo el ecofeminismo crítico de Alicia Puleo. Alicia une todo lo comentado previamente con la multiculturalidad crítica, que, definido a vuelapluma, sería aprender de lo mejor de cada sociedad sin idealizarlas. Una población indígena que vive un estilo de vida mucho más sostenible que la nuestra no es necesariamente es más feminista; por lo que hay aspectos de lo que aprender y otros que desechar. Alicia también habla de la sororidad internacional feminista, para ocuparnos de todas las mujeres, un “todas” global. Si mi necesidad de vestimenta requiere ineludiblemente que haya mujeres explotadas en Latinoamérica o Asia, quizás tendría que revisar lo que entiendo como “necesidad”. Hoy hay camisetas con eslóganes feministas producidas por niñas y mujeres en condiciones de semiesclavitud. Nuestro estilo de vida occidental recae y genera perjuicios en otras partes del mundo, que normalmente están invisibilizados pero que el ecofeminismo expone. El ecofeminismo crítico de Alicia Puleo afirma que no somos ni tecnófobas ni tecnólatras; tampoco pensamos que la tecnología nos vaya a salvar, puesto que la tecnología es parte de la superestructura que nos ha traído hasta aquí. Cuando se habla de colonizar Marte, en el caso de que fuera posible, sabemos que es algo que no estará al alcance de todo el mundo, que sólo unas personas podrán pagarlo, al igual que pasaba con los botes del Titanic. La tecnología no es universalizable. Sólo unos pocos occidentales pueden vivir como vivimos cualquiera de nosotras, aunque tampoco seamos millonarias. Y si algo no es universalizable, no es un derecho sino un privilegio, por lo que, de nuevo, el hecho de ser mujer y ser pobre será un problema para alcanzarlo.

MUJERES, CRISIS CLIMÁTICA Y SALUD

Las mujeres somos más vulnerables a la crisis climática en varios sentidos: somos más vulnerables a las sustancias tóxicas contaminantes. Estas pueden afectar de manera muy diversa a nuestra salud: afectan al sistema nervioso, periférico y central y provocan cambios inmunológicos.También sabemos que predisponen a sufrir varios tipos de cánceres. En el caso de las mujeres embarazadas, esta exposición a las sustancias tóxicas también afecta al desarrollo del feto; en el crecimiento durante la infancia producen alteraciones endocrinas…. Además está habiendo un crecimiento de nuevas enfermedades asociadas a lo que llamamos desarrollo. Estas enfermedades emergentes son, por ejemplo, la sensibilidad química múltiple, la fatiga múltiple y la fibromialgia. No hace hace falta saber mucho de salud para saber que esas tres enfermedades se presenta mucho más a menudo en mujeres que en hombres.

La vulnerabilidad que sentimos ante estos contaminantes se pueden agrupar en dos factores: los biológicos y los sociales. Como factores biológicos tenemos la edad: somos más vulnerables en las etapas de niñez e infancia y también en la tercera edad, ya que nuestro sistema nervioso en esas épocas es más vulnerable. Después está el factor sexo; ser mujer cis determina una mayor vulnerabilidad a los contaminantes al tener un porcentaje de grasa que ronda el 15% más que la composición corporal de los hombres. Eso nos hace muy vulnerables porque nos convertimos en bioacumuladoras: hay muchos contaminantes que al liposolubles, que se disuelven en grasas, se acumulan en nuestro tejido adiposo. Además, nuestro sistema endocrino se ve confundido por la estructura molecular de algunas sustancias toxicas, con hormonas femeninas, captándolas y haciéndolas pasar al sistema nervioso. A todo esto se suma que las mujeres cis tenemos mayor carencia de hierro y esto también nos hace más vulnerable a muchas enfermedades relacionadas con nuestro terrible estilo de vida. 

Entre los factores sociales nos encontramos diferencias laborales, puesto que la mayor parte de las veces las condiciones laborales femeninas son más precarias.También hablamos de la división sexual del trabajo, de la división de tareas (la amplia mayoría de limpiadoras son mujeres). Todo esto nos expone al contacto de mayor número de productos químicos. A todo esto se le suma el factor de la cosmética, donde no hace falta decir que las mujeres, de forma general, usamos muchos más productos cosméticos. 

Todos estos estos ejes de vulnerabilidad intersecan y se suman , como nos describe el feminismo interseccional, que nos explica que si una mujer está por norma general más oprimida que el hombre, al ser además lesbiana y tener diversidad funcional, será aún más oprimida.  Hay factores como la racialización, la diversidad sexual,… que también predisponen a ser más vulnerables ante todo esto. Al tener pocos recursos vamos a tener muchos déficits de alimentación, vamos a tener un desigual acceso a los sistemas sanitarios (en especial, fuera de España) y esto, de nuevo, favorece al hombre: como ya hemos visto, el hombre trabaja habitualmente en sectores que sí son remunerados y tiene de forma general más ingresos que sus parejas femeninas.

PROPUESTAS ECOFEMINISTAS

Para hablar de propuestas ecofeministas citaremos a Yayo Herrero y a Marta Pascual, con su libro “La vida en el centro”:

  •  Asumir y organizar la vida alrededor de los conceptos de interdependencia y de ecodependencia. La interdependencia, que nos lo da el feminismo, dice que todos los seres humanos somos dependientes las unas de las otras, al menos en algún momento de nuestra vida, en la infancia, en la vejez y en la enfermedad. Además, de forma general, necesitamos vínculos afectivos aunque este sistema individualista, capitalista y patriarcal nos trate de manera utópica (o distópica) como individuos independientes del resto de personas y también del medio. La ecodependencia lo trae el ecologismo: somos parte de la naturaleza aunque siempre creamos ser una especie superior,  y además dependemos profundamente de ella. 
  • La necesaria e imperativa reducción de la esfera material de la economía. La esfera material va decrecer obligatoriamente, y podemos elegir si la planificamos y la hacemos justa para todas o dejamos que suceda simplemente, aceptando que haya élites económicas que se beneficien de esa reducción. El grueso de la población vamos a tener que decrecer, y será mejor para todas si lo planificamos de manera organizada, implementando políticas medioambientales, justas y sociales que permitan una redistribución de la economía y de la riqueza 
  • Poner la vida en el centro: Destruir los ídolos del progreso ligado al crecimiento económico, una fantasía imposible de mantener, ya que no podemos crecer indefinidamente en un mundo finito. Sabemos que el PIB es un indicador que únicamente mide transacciones monetarias y no necesidades cubiertas, que aumenta cuando se declaran guerras o se contamina un río. Necesitamos otro tipo de indicadores, indicadores que midan la igualdad, la salud, la felicidad. 
  • Tenemos que valorar la diversidad, diversificar el sujeto normativo de nuestro sistema.
  •  Establecer y potenciar las relaciones de apoyo mutuo, los pactos de ayuda mutua. 
  • Establecer una democracia radical y de cooperación y fomentar relaciones comunitarias.
Jornada de formación impartida por Laura Laguna, doctoranda en Estudios Feministas y activista ecofeminista y ecosocial en espacios como Fridays for FutureTranscripción de Alberto Pajares.