Simplemente a través de su nombre, Extinction Rebellion ha conseguido transmitir al gran público cuál es la verdadera alarma que subyace tras el ya desgastado concepto de “cambio climático” consiguiendo poner el foco exactamente donde era necesario para provocar el paso definitivo a la acción. Gracias a su pujante estrategia comunicativa, lo que antes era una responsabilidad depositada en el sector ecologista, ahora se evidencia como una crisis que amenaza con acabar con todo.

La primera vez que entras en contacto con el nombre de este movimiento, ya hace saltar las alarmas. ¿Extinction? ¿Rebellion? ¿Qué es lo que quieren? La traducción al castellano se ha consensuado como “Rebelión o Extinción”: básicamente, que o nos rebelamos, o nos extinguiremos de la faz de la tierra. Pero, ¿Rebelarse contra qué? ¿Quién se extingue? Quizá estos segundos de incertidumbre frente a entender exactamente lo que quieren decirnos con este nombre, es dónde radica el éxito de su estrategia comunicativa. Nos han roto todos los esquemas nada más empezar: ya no hay rastro de color verde, parece que tampoco esperanza.

Extinction Rebellion se rebela, pero no te dicen exactamente en contra de qué, algo que de primeras activa la curiosidad de averiguar quién es el enemigo aquí. XR, como se denomina al movimiento de manera abreviada, no se rebela contra ninguna entidad o individuo específicos, es decir, no se rebela en contra de gobiernos, ni de empresas, ni en contra de personas con nombre y apellidos: se rebela en contra de todo a la vez. Han alzado una rebelión en contra del cuento de ciencia-ficción que nos aseguraba que podíamos vivir eternamente subidos en la ola del crecimiento infinito sin pagar ninguna consecuencia al respecto. Sonaba demasiado bien para ser cierto, pero el ser humano si que tiene una capacidad ilimitada de creer en los relatos que inventa.

¿Cuáles son esas consecuencias? Nos lo dice también su nombre: La extinción. En el marco antropocentrista en el cual se desarrolla el cuento del crecimiento ilimitado, sería impensable que nosotros pudiéramos estar bajo amenaza de desaparecer de la faz de la tierra. Extinction Rebellion no deja absolutamente ninguna duda al respecto, la entrada en la Sexta Gran Extinción anunciada por la comunidad científica tampoco. La crisis climática ha dejado de ser un problema que afecta solo a bosques y animalitos que van desapareciendo poco a poco, para hacer extensiva esta amenaza a la propia vida humana.

Lo revolucionario en este sentido, es que solamente atendiendo a las dos palabras que integran su nombre, abandonamos en cuestión de segundos El cuento de la lechera, para adentrarnos en el del Planeta inhóspito, de David Wallace-Wells. Este disruptivo despertar a la realidad, ha permitido una especie de borrón y cuenta nueva desde dónde reformular el problema desde sus bases: Ya no se trata sólo de reciclar, de ponerse la etiqueta “eco-friendly” en la frente o de ser el ciudadano ejemplar que da lecciones a sus vecinos; tampoco se trata de depositar la esperanza en negociaciones políticas que solo sirvan para determinar qué países pueden emitir menos gases de efecto invernadero y cuáles más para después venderles bonos de carbono. Se trata de algo mucho más grave: un problema estructural y sistémico que requiere de nosotros una rebelión contra el modelo de vida que llevamos, cuyo final ya conocemos, y que es la irremediable extinción de toda posibilidad de vida sobre el planeta.

Por Andrea Molina, Arquitecta. Miembro de Extinction Rebellion España