“VOX representa la continuación en el expolio que venimos sufriendo durante muchos años, pero que ya exige formaciones más paranoicas.”

Andrés Villena Oliver (Elche 1980), acaba de publicar Las redes de poder en España (Roca Editorial) donde vuelve a investigar el entramado del poder, tal y como hizo en el anterior ¿Cómo se gobierna en España? La estructura de las élites gubernamentales en 2004 y 2012 (Comares Editorial). Descubre al lector una compleja red de relaciones entre cargos públicos y privados, la élite burocrática y sus vínculos personales y profesionales. Hablamos con este sociólogo y periodista sobre la extrema derecha y su arraigo en estas redes de poder.

En tu nuevo libro, Las redes de poder en España, vuelves a tratar el tema de las élites y su estructura de relaciones, algo en general bastante desconocido para la gente. ¿Cómo funciona realmente esa élite?

Esta pregunta da para mucho… Una manera de responderla sería decir que normalmente imaginamos un Estado separado de un supuesto mercado de empresas de diverso tamaño. Necesitamos romper con esa visión: lo que las puertas giratorias revelan es la existencia de una enorme red de posiciones estratégicas, posiciones mixtas ocupadas por personas que pasan un tiempo en el sector público y otro en grandes empresas. Creo que el dinero que ganan con ello es lo de menos: lo relevante es que conectan todas las plazas clave del poder en la sociedad. Es decir, conforman una red que acapara la toma de decisiones importantes para nosotros: el volumen de inversión pública, grandes contratos, etc. No hay una foto que muestre esta élite, esta red, porque es imposible hacerla, y tampoco ha habido interés hasta ahora en ello. 

El tema de este número de La Penúltima es la extrema derecha. Hay quien considera a VOX como el “PP de las tres de la mañana, con cuatro cubatas encima”, en cuanto a la desinhibición de sus propuestas. Pero me gustaría saber, si desde el punto de vista social, es sostenible esta afirmación y hay realmente una serie de puntos comunes entre VOX y el Partido Popular más allá de lo obvio con Santiago Abascal.

Vox nace, por decirlo de alguna forma, en el Barrio de Salamanca. Es una escisión decadente de la clase dominante española. Es el correlato partidista de una minoría que querría aprovechar la situación actual para destrozar el Estado de bienestar porque considera que eso sería bueno para el mundo de los negocios. Para ello, busca todos los chivos expiatorios necesarios: feminazis, antitaurinos, separatistas… Todos estos peligros y amenazas son necesarios para que la gente vote en contra de sus intereses. Vox es útil porque, efectivamente, muestra de manera descarnada lo que otros no se atreven a decir. Es como un irónico ejercicio de transparencia política. 

Es evidente que ha existido un voto canalizador de la decepción hacía la clase política. ¿Crees que VOX puede tener una vigencia mayor que la que ha tenido la “nueva” izquierda?

Es difícil hacer predicciones. Vox es también una expresión de descontento por los cambios culturales sucedidos en la última década. Gente mayor, de ámbito rural y bajo nivel de estudios que siente que se queda atrás, que no comprende lo que está pasando. Y todo esto, mezclado con una situación de empobrecimiento. Pasa en toda Europa, al tiempo que los liderazgos de ‘hombres fuertes’ parecen convertirse en una norma. Para Vox es mucho más fácil que para Podemos: no es lo mismo oponerse a los excesos del neoliberalismo que pedir un registro de trabajadores sociales en materia de violencia de género. Como fácil expresión de descontento, Vox tiene bastantes posibilidades de seguir siendo importante en los próximos años.  

El hijo del cuarto marqués de Valtierra, familiar del embajador en Alemania en 1940, el sionista amigo de Bannon y Aznar, el masón exministro de la UCD, el que nadó al peñón de Gibraltar para colocar una bandera de España… En realidad, VOX daría para más novelas de las que pensamos. ¿Qué figura o figuras te parecen más llamativas de todas las que han irrumpido en esta alt-right española?

La verdad es que, viendo el pasado de algunos, produce cierto alivio ver sionistas en esta formación… La familia Espinosa de los Monteros refleja la extracción elitista de esta formación, al menos en su alta dirección. Espinosa de los Monteros padre fue presidente de Iberia con los socialistas, de Mercedes Benz, vicepresidente de Inditex, consejero de Acciona… Iván Espinosa de los Monteros y Rocío Monasterio construían y diseñaban viviendas de lujo y son beneficiarios de una generosa herencia familiar. Ese populismo nacionalista que inyectan en su público objetivo no tiene nada que ver con los círculos con los que estos han vivido: el Club Puerta de Hierro, entre otros sitios exclusivos a los que sus votantes jamás accederán. En esta pareja y en muchos votantes de Vox se confirma la máxima de Carlos Marx, cuando en el Manifiesto Comunista afirmaba que las ideas dominantes son las ideas de la clase dominante. La cuestión sería por qué en la derecha se ha producido este corrimiento hacia el neofascismo, que es algo que parece que ocurre de manera cíclica. 

¿Cuál crees que es el mayor peligro que representa VOX y la extrema derecha en España?

Legitiman tendencias que mucha gente tiene pero que no llega a expresar. Legitiman conductas de desprecio a minorías de todo tipo. Quieren impulsar políticas de rebajas de impuestos que implicarán recortes brutales en inversiones de carácter social. Representan la continuación en el expolio que venimos sufriendo durante muchos años, lo que pasa es que dicha continuación exige de la aparición de este tipo de formaciones más ruidosas y paranoicas. 

Volviendo al tema de las élites, ¿crees que la izquierda más allá del Partido Socialista tendrá alguna opción de romper esa red relacional que marca los intereses con los que actúa en España?

Es una pelea muy difícil. Roosevelt logró aprobar, en los Estados Unidos, una legislación socialmente ambiciosa con buena parte de la élite empresarial en contra. Para ello, se atrajo para sí una parte del empresariado y de la banca, y soportó una oposición absolutamente brutal. Pero logró modificar la red, que quedó alterada y se adaptó para continuar conservando privilegios. Hay que valerse de las estructuras estatales para avanzar en esa transformación –para eso hay que ganar las elecciones, reclutar a funcionarios de élite que quieran cambiar cosas…–, hay que prever huelgas de inversiones, fugas de capitales, medios de comunicación que van a hacer todo tipo de campañas en contra. Pero todo eso ocurre y ha ocurrido ya. Hace falta una fuerza electoral fuertemente cohesionada en torno a una identidad y un programa de acción. Si, además, existen otros movimientos en Europa –en Estados Unidos empiezan a llamar la atención–, y se establecen conexiones, las posibilidades aumentan notablemente. Hay que replantear la situación de la Zona Euro, que representa, en las condiciones actuales, una camisa de fuerza democrática, lesionando la autonomía estatal. Otro punto gravísimo del que se habla muy poco.  

Siendo optimistas, ¿Qué puede hacer la izquierda contra esto?

PSOE y Podemos deben acercar sus posiciones y llegar a un programa de mínimos, ambicioso y con miras más allá de cuatro años. Todo lo que estoy diciendo es casi imposible ahora mismo por la conducta de ambos partidos y por la presión ejercida desde poderes que trascienden al resultado de las elecciones. Si se refleja que las subidas del salario mínimo animan a trabajar, refuerzan la capacidad de consumo e inversión y no destruyen empleo, se habrá logrado una importante victoria ideológica. Se trata también de caminar en esa dirección, metiendo en agenda este tipo de temas. Iglesias y Sánchez son bien conscientes de esta estructura de poderes que no pasan de moda: ¿por qué no dedican más tiempo a explicarlo a los electores? Esto les daría mucha credibilidad. La gente está deseando saber qué ocurre detrás. Quizá haya llegado el momento para hacerlo.