Antonio Turiel es científico titular del CSIC en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC. Se dedica a la investigación de fenómenos no-lineales, particularmente de la turbulencia, y de la oceanografía física por medios de teledetección. Es experto en análisis de la señal y de la imagen, así como secretario del Comité Ejecutivo del Barcelona Expert Center, un centro experto que asesora a la Agencia Espacial Europea en el desarrollo y mejora de algoritmos de la misión SMOS de observación de la Tierra. Autor de más de 80 artículos científicos especializados, ha dirigido 4 tesis doctorales y tiene una patente. Estudioso también de los problemas de recursos naturales y de sostenibilidad de nuestra sociedad, edita y es el principal autor de un conocido blog de divulgación en español sobre este tema, The Oil Crash. Preside una pequeña asociación dedicada a la divulgación de estos problemas, el Oil Crash Observatory.

La Penúltima: Buenos días, Antonio. Espero que estés pasando estos días de reclusión en lo mejor posible. Ayer [lunes 20 de abril] vivimos una jornada en la que el barril de crudo de Texas llegaba a cotizar en negativo. Explícanos, en primer lugar, qué significa que un barril tenga un precio inferior a cero, y, además, las tres o cuatro variables que, a tu juicio, han dado lugar a esta crisis del precio del petróleo para que nos orientemos en su complejidad.

Antonio Turiel: En realidad el barril no ha llegado a un precio negativo, sino que los futuros que vencen el 28 de abril se están vendiendo a precio negativo.

En el mercado del petróleo existen diferentes tipos de contrato de compraventa: pueden ser «spot» (venta inmediata, te sirven el petróleo en seguida, uno o dos días), a 30 días, a 60 días y a 90 días. Cuando se compra a un cierto plazo, lo que se está haciendo es asegurar un precio que resulta conveniente tanto al comprador como al vendedor: el vendedor se asegura de que, aunque baje el precio del petróleo, él colocará su mercancía a un cierto precio y el comprador se asegura de que, aunque suba el precio del petróleo, él podrá comprarlo a un precio razonable. Estos contratos con entrega diferida comportan la obligación del comprador de adquirir la mercancía en el plazo previsto, y aquí es donde han comenzado los problemas.

Según la Agencia Internacional de la Energía, la demanda de petróleo mundial en abril habrá caído alrededor del 30%, fruto del parón impuesto por el confinamiento del coronavirus. Es una caída brutal: en lo peor de la crisis de 2008 cayó como un 4%, para que se hagan una idea. Resulta que ahora está habiendo una muy baja demanda por el parón económico. Al principio, los principales operadores del mercado del petróleo aprovecharon para comprar barato y almacenar este petróleo, pensando en que cuando la demanda repunte tendrán sus buenas reservas de petróleo que han conseguido a precio de ganga. El problema es que en EE.UU. los almacenes empiezan a estar bastante llenos, y eso ha motivado cierto pánico de los que tenían futuros de los que se tienen que ejecutar el 28 de abril. Muchas veces estos futuros los tienen especuladores, que «apuestan» en el mercado del petróleo y que la última semana venden esos derechos de comprar petróleo al precio pactado a los que realmente lo necesitan. Esta vez, debido al CoVid, se han quemado las manos y por eso estos contratos (los que vencen la semana que viene) se están vendiendo con descuento, o «precio negativo». En todo caso, no son los productores los que pierden dinero (el precio se acordó en el contrato en su momento y es obviamente positivo), sino los que tenían esos contratos que no saben qué hacer con ellos ahora. No crea que me causan ninguna pena.

Nótese, empero, que los precios spot o de entrega inmediata son y siempre han sido positivos: si pides petróleo porque realmente lo quieres usar te lo venden a un precio; actualmente barato, sí (unos 20$ por barril, algunos días menos incluso), pero no «te pagan porque te lo lleves».

La caída de demanda va a ser tan fuerte que el ciclo de destrucción de oferta – destrucción de demanda va a ser más rápido de lo previsto.

L.P: La propia Agencia Internacional de la Energía admite, como has escrito en ocasiones, que el pico del petróleo se produjo a finales de la década pasada, justo antes de desencadenarse la crisis de 2008. La actividad comercial no ha conseguido alcanzar los datos previos ese momento histórico. ¿Tienen ambos factores relación?

A.T: La producción de petróleo crudo tocó techo en 2005-2006 y desde entonces está en lento descenso. Para compensar la caída del petróleo crudo convencional (que es el petróleo de verdad, de mayor calidad) se han introducido muchos sucedáneos que no sirven para todo, y hasta éstos parece que tocaron techo en su producción, aunque más recientemente, en diciembre de 2018. En todo caso, desde la crisis de 2008, que fue desencadenada por un problema de oferta de petróleo que envió el precio por las nubes en julio de 2008, hemos tenido problemas con la oferta de petróleo hasta 2014, con precios demasiado elevados para poder mantener una buena actividad económica: por eso nos costó salir de la crisis anterior. Y desde 2014, con un consumo que nunca se recuperó y con una nueva abundancia de petróleos antieconómicos pero subvencionados por los EE.UU. (petróleo de fracking) el precio bajó radicalmente, pero ni el consumo se recuperó ni los precios eran adecuados para los productores, que perdían dinero. Al final, desde 2016 muchas compañías se están retirando discretamente del negocio del petróleo (REPSOL, entre otras) y se anticipan muchos problemas en el mercado petrolero en los próximos años. Sí, la crisis comercial y la del petróleo están íntimamente conectadas.

Crecimiento del consumo de energía y crecimiento PIB, Gail Tverberg.

L.P: La disminución del nivel de demanda actual de petróleo, debido al coronavirus, ¿puede desencadenar un ciclo de crisis de oferta y demanda, y por tanto, una gran crisis económica mundial?

A.T: Efectivamente, pero además va a ser mucho peor, porque la caída de demanda va a ser tan fuerte que el ciclo de destrucción de oferta – destrucción de demanda va a ser más rápido de lo previsto.

En el corto plazo, fruto de la crisis económica que ya tenemos encima, ha caído la demanda y no será capaz de recuperarse en muchos meses. Los productores de petróleo, que ya perdían dinero, tendrán que hacer recortes en exploración y desarrollo de nuevos campos de petróleo aún más drásticos, y algunos todo y así quebrarán y su producción se parará en seco. Esto causará una destrucción de oferta, que continuará hasta que la oferta pase por debajo de la demanda y repentinamente, en pocas semanas, el precio del petróleo se vuelva a disparar. Eso agudizará la crisis económica en marcha y ahogará cualquier posibilidad de recuperación, y hundirá aún más la demanda con mayor destrucción de actividad económica (destrucción de la demanda), haciendo colapsar el precio del petróleo otra vez, y vuelta a empezar. Los años que vienen se caracterizarán por la volatilidad del precio del petróleo.

En los años 40 la producción de petróleo podía subir, había posibilidad de consumir más energía, que, recordemos, es la capacidad de hacer trabajo. Ahora no podemos comprar nuestra salida de la crisis con helicóptero del dinero porque el mundo físico no lo permite, porque no va a haber capacidad física de producir más, sino que encima cada vez podremos producir menos.

L.P: Muchos esperábamos que el inicio de la próxima crisis económica viniese provocado por un pico de los precios del petróleo, y nos estamos encontrando con lo contrario. ¿Significa esto que cambian los escenarios que vienes describiendo?

A.T: No, simplemente en vez de empezar la espiral del descenso del petróleo con una destrucción de demanda causada por los altos precios se ha producido una destrucción de demanda por el confinamiento del CoVid. A partir de ahí, todo seguirá como era previsible, con además el freno económico que supone el control de la pandemia añadido.

L.P: Parece que casi todos los gobiernos se han vuelto Keynesianistas: hay una recuperación del “espíritu del 45”, del New Deal y el Plan Marshall como salida expansionista a la previsible crisis económica que acecha. Aún en el mejor de los casos, con una mutualización o incluso quita de deuda soberana, ¿nos encontramos en el mismo escenario de los años 40 para que esta estrategia sea exitosa?

A.T: En los años 40 la producción de petróleo podía subir, había posibilidad de consumir más energía, que, recordemos, es la capacidad de hacer trabajo. Podíamos producir más con toda es energía abundante y salir de la crisis con ese incremento de producción. Esa posibilidad a partir de ahora no va a estar disponible; peor aún, nuestra disponibilidad de energía y en seguida de materiales va a ir disminuyendo en los próximos años y lustros. No podemos comprar nuestra salida de la crisis con helicóptero del dinero porque el mundo físico no lo permite, porque no va a haber capacidad física de producir más, sino que encima cada vez podremos producir menos. Esas recetas, en este momento, son muertas y fallidas.

Estimación de la energía neta de los hidrocarburos líquidos en el escenario Nuevas Políticas del WEO 2017 en millones de barriles de petróleo equivalente por día. Elaboración de Antonio Turiel.

L.P: ¿Ha sonado la última canción de la fiesta de la economía globalizada? ¿El sistema volverá a ser funcional?

A.T: Sinceramente, se habían acumulado muchas tensiones en los últimos años y estábamos esperando que saltara el resorte; el CoVid ha sido la chispa detonante de algo que era inevitable, pero es que encima ha sido una detonación inicial demasiado fuerte y nos ha empujado hacia adelante unos 5 años en el proceso de declive. El sistema seguirá funcionando aún unos cuantos años, pero cada vez tendrá más achaques y problemas, y en todo caso el bajón que estamos haciendo ahora es irrecuperable, de esta solo saldremos hacia abajo.

L.P: ¿Hay lugar para la esperanza? ¿Hay un tejido social y/o sindical capaz de empujar hacia una salida justa y fraterna a nivel global para la crisis que viene, o, al menos, seremos capaces de crearlo con las herramientas que disponemos?

A.T: Siempre hay esperanza, y más importante que la esperanza, hay posibilidades. Muchas. Técnicamente nuestra situación, aunque complicada, es abordable. Lo que pasa es que hay que hacer muchos cambios, y cuando antes mejor. Pero se puede hacer, desde el punto de vista técnico. Si estos cambios son o no implementables por consideraciones de carácter social o psicológico, o político si quieren, eso es difícil de saber, aunque seguro que va a ser complicado hacer todos los cambios mentales y de paradigma que debemos hacer. Pero yo aún creo que es posible. Eso sí, como dices, tenemos que crearlo, no está hecho.

Por Alberto Pajares.