Por Gerry Adams*

La necesaria suspensión de las conmemoraciones de la Revuelta de Pascua no significa que no podamos llevar a cabo su celebración. Todos podemos llevar un lirio republicano. Dondequiera que sea posible puede ponerse una corona de flores, leer proclamas, hacer unos minutos de silencio. Todo esto puede hacerlo uno o dos personas mientras mantengan la distancia social. No es necesario grandes multitudes. Ni siquiera es necesario dejar nuestras casas. Encontrad un lugar tranquilo, recordad a nuestros compañeros caídos. Leed a Pearse o un poema de Macdonagh para vosotros mismos. Cantad o tocad una canción patriótica. Pensad en las vidas, el trabajo, el coraje de los hombres y las mujeres de 1916 y de aquellos que han seguido su ejemplo desde entonces. Reflexionad sobre el pasado. Planead el futuro.

En aquellos tiempos, en Dublín y en Belfast las celebraciones de la Revuelta de Pascua estaban prohibidas por el viejo orden. Pero los intrépidos republicanos solían encontrar un modo de sortear la prohibición. Algunos incluso fueron a la prisión por hacer esto. Cómo en los días en que, en las celdas de castigo, como prisioneros políticos, separados los unos de los otros, rendíamos nuestro propio homenaje individual al pasado y al futuro. Aunque estuviéramos nosotros solos en una desnuda celda de prisión. Solos pero juntos. Separados pero unidos.

En los últimos ocho años de la ‘Década del Centenario’ ha habido muchas conmemoraciones innovadoras, emotivas, la mayoría inspiradoras, frecuentemente exuberantes y conmovedoras a lo largo de la isla de Irlanda y más allá. Para mí uno de los momentos más memorables, que me puso la piel de gallina, fue en la fría mañana del Domingo de Pascua de 2016 en la celebración de la Revuelta. Miles vinieron a la conmemoración del Sinn Féin enfrente de la sede de la Oficina de Correos de Dublín. En un inolvidable momento la gente empezó espontáneamente a alzar sus voces en un a cappella. Empezó como un susurro y creció en desafiante armonía hasta que el eco de la canción se hinchó hasta llenar la calle O’Connel cómo los orgullosos rebeldes debieron cantar…

“¡Una nación de nuevo, una nación de nuevo, e Irlanda, durante mucho tiempo una provincia, será una nación de nuevo!”

“¡Una nación de nuevo, una nación de nuevo, e Irlanda, durante mucho tiempo una provincia, será una nación de nuevo!”

Todas estas conmemoraciones marcaron eventos que tuvieron lugar en la convulsión que sacudió Irlanda hace un siglo. La firma del pacto del Úlster; el cierre patronal de Dublín; la formación del Ejército Ciudadano Irlandés, los Voluntarios Irlandeses y Cumann na mBán [del gaélico irlandés “Consejo de las Mujeres Irlandesas”: milicia armada de las republicanas]; el contrabando de armas de la Fuerza de Voluntarios del Úlster y de los Voluntarios Irlandeses; el alzamiento de 1916, la Proclamación y la ejecución de los líderes; las elecciones de 1918; el establecimiento del Primer Parlamento Republicano en enero de 1919 y mucho más.

Muchas de estas conmemoraciones han sido organizadas por comunidades locales orgullosas de su historia

1920, especialmente, -hace un siglo- fue un año importante. Para muchos fue el punto de inflexión de todo lo que ha ocurrido desde entonces. Fue el año en que el Ejército Republicano Irlandés demostró al gobierno británico que la resistencia a la dominación británica ya no era un arrebato temporal sino una lucha popular por el cambio que no podría ser derrotada militarmente. Gran parte de la ciudad de Trim del condado de Meath, fue destruida por la Policía Real Irlandesa y los Black and Tans [“Negro y Caqui”, los paramilitares de la fuerza de reserva] también lo fueron Balbriggan y la ciudad de Cork. No es sorprendente que a los ciudadanos patriotas les llenara de rabia la intención de los últimos gobiernos irlandeses de homenajear a estas fuerzas.

En diciembre de 1920 los británicos aprobaron el Acta del Gobierno de Irlanda que impuso la partición y el establecimiento de dos Estados en nuestra isla.

Dos alcaldes de Cork murieron por la causa. El viernes 20 de marzo fue el aniversario del asesinato de uno de ellos; Tomás MacCurtain, el primer alcalde del Sinn Féin de la ciudad rebelde. MacCurtain fue elegido al cargo de alcalde después de las elecciones municipales del 15 de enero de 1920. Estas elecciones, que seguían a las de 1918, consiguieron conquistas significativas para el Sinn Féin. Las elecciones de enero abarcaban consejos urbanos y de distrito. Los candidatos del Sinn Féin, del Partido Laborista, y otros nacionalistas, ganaron 172 de los 206 consejos de la isla. En junio el Sinn Féin ganó 338 de 393 gobiernos locales, incluyendo 36 distritos rurales de 55 en el mismo Úlster. Sin embargo, los unionistas se decidieron rápidamente a introducir una mayor geometría electoral en las circunscripciones municipales de los seis condados. Acabaron con el sistema proporcional electoral e introdujeron requisitos de propiedad para el voto quitando así a decenas de miles de nacionalistas el derecho a votar en las elecciones municipales.

En estas elecciones a la alcaldía de Cork, celebradas el 31 de enero, Tomás MacCurtain prometió defender los principios de la República declarada en la Pascua de 1916 y luchar por la libertad irlandesa. Por este motivo propuso que el Ayuntamiento jurara fidelidad al Parlamento de la República de Irlanda ya que creía que las autoridades locales eran una pieza clave para el éxito del Parlamento republicano. Por ello dijo: “ahora depende de los representantes locales jurar lealtad al gobierno proclamado por los representantes del pueblo y jurar lealtad al Parlamento republicano.” Luego izó la tricolor en el ayuntamiento de la ciudad de Cork. La decisión de MacCurtain fue acogida con un sonoro aplauso y la interpretación de Amhrán na bhFian -Canción de un Soldado [en 1926 sería el himno nacional]- que por aquella época era generalmente conocida por la mayoría como el himno del Sinn Féin

Además de ser alcalde MacCurtain también era el comandante en jefe de la brigada de Cork del IRA. MacCurtain era muy popular, profesor de irlandés, defensor de la Liga Gaélica, además de un diligente representante público.

De joven MacCurtain había viajado por las carreteras y caminos del Munster rural promoviendo la Liga Gaélica y dando clases en irlandés. Más adelante viajó por los mismos caminos promoviendo y organizando los Voluntarios Irlandeses en Cork. Después de la Revuelta de 1916 fue encarcelado. Tras su liberación en el momento del comienzo de la Guerra de Independencia MacCurtain se convirtió en un popular líder del IRA.

En las primeras horas del 20 de marzo de 1920, en el día que MacCurtain cumplía 36 años, hombres armados con caras pintadas de negro de la Policía Real del Úlster liderados por el inspector Oswald Swanzy entraron por la fuerza en su casa. Había sido asaltada cerca de 20 veces en los meses anteriores. Su mujer, Eilís, luego diría que “parecían conocer la casa mejor que yo.” Dos hombres corrieron escaleras arriba hacia su habitación. En cuanto Tomás MacCurtain abrió la puerta recibió dos disparos en el pecho. Hubo un tercer disparo. MacCurtain cayó al suelo delante de su familia. Una hora más tarde, cuando su familia estaba arrodillada al lado de su cama, llegaron los soldados británicos y registraron la casa, incluyendo la cama en la que estaba tendido el cuerpo de MacCurtain.

Su asesina generó mucha indignación y fue ampliamente condenado. El cuerpo de Tomás MacCurtain, vestido con su uniforme de Voluntario Irlandés, fue llevado a Cork para ser expuesto en la catedral. El cortejo funerario fue el más multitudinario que jamás se haya visto hasta el momento en la ciudad.

En abril de 1920 se llevó a cabo a una investigación judicial sobre la muerte de MacCurtain. El jurado declaró culpable por asesinato al inspector de la Policía Real del Úlster Oswald Swanzy, al primer ministro británico David Lloyd George, al Lord gobernador de Irlanda John French, y al inspector general de la Policía Real del Irlandesa T. J. Smith.

Los británicos, en un intento de proteger a Swanzy de las represalias del IRA, lo trasladaron de Cork a Lisburn.

Voluntarios del Primer Batallón de la brigada de Cork fueron hasta allí para pasar cuentas. Y así lo hicieron el 22 de agosto cuando Swanzy estaba saliendo de la Catedral de Lisburn. La mayoría cree que utilizaron el arma de MacCurtain para ajusticiarlo.

Cómo venganza los lealistas quemaron los barrios católicos de Lisburn. Como consecuencia, algunas personas fueron enjuiciadas por los incendios. Los lealistas atacaron todas las áreas católicas de Belfast. Un total de 33 personas murieron en los siguientes diez días en el transcurso de los disturbios y los tiroteos sectarios que ocurrieron en la ciudad.

Tomás MacCurtain fue el primero de los dos alcaldes de Cork en morir ese año. Siete meses más tarde, en octubre de 1920, el compañero y amigo de MacCurtain, Terence MacSwiney murió en la prisión de Brixton tras 73 días de huelga de hambre. MacSwiney fue el sucesor de Tomás MacCurtain como alcalde tras su asesinato, habiendo oficiado incluso su funeral en el que dijo que  a pesar de que la obra de MacCurtain había sido interrumpida, la lucha por libertad seguiría adelante.

Este año con motivo de un programa de eventos para celebrar el centenario de 1920 en Cork la Asociación Atlética Gaélica del condado ha producido unos jerséis conmemorativos especiales para sus futbolistas y jugadores de hurling. Esta ha sido una innovadora manera de honrar nuestra historia. ¡Bien hecho! La parte delantera de la camiseta tiene estampada a la izquierda una imagen de Tomás MacCurtain y en la derecha una imagen de Terence MacSwiney, con Cork en llamas de fondo. La espalda del jersey tiene estampada una imagen de la piedra conmemorativa de Kilmichael que recuerda la emboscada a las fuerzas auxiliares británicas en noviembre de 1920. Fue el mayor combate de la guerra de independencia y en él murieron 16 auxiliares y tres miembros del IRA.

Afortunadamente esos días de conflicto se han terminado en nuestros días. Pero no deberíamos ser reticentes a recordarlos. Deberíamos hacerlo de un modo respetuoso y tolerante. Los revisionistas deberían ser cuestionados fuerte pero inteligentemente. Ahora tenemos una vía pacífica para ganar la libertad, pero no siempre ha sido este el caso. Así que cualquiera que sea la libertad que tengamos, o que podamos tener de ahora en adelante, no deberíamos olvidar jamás el rol fundamental de los rebeldes en la causa.

Faltan 2 semanas para Pascua. Este año la crisis del coronavirus implica que no habrá ninguno de los grandes actos públicos de solidaridad republicana con nuestros compañeros caídos y sus familias.

Así pues, busquemos maneras innovadoras e imaginativas de rememorarlos a nuestra manera. Pongamos nuestro granito de arena en las redes sociales celebrando la revuelta de 1916 y la lucha por la libertad. Honremos nuestro pasado y reflexionemos sobre el futuro. A solas si es necesario, pero juntos. Separados, pero unidos.

*Publicado originalmente en inglés en el blog personal de Gerry Adams. Traducción de Albert Portillo y Kike Prada.