Las feministas hemos llegado para quedarnos y hemos llegado para ganar. Después de casi tres siglos de Historia, de lucha, de teorizar, conceptualizar, de conseguir todos los derechos formales que tenemos las mujeres, ahora está surgiendo una nueva ola planetaria feminista con la que queremos cambiarlo todo.

En un país como el nuestro donde se borraron casi todas las huellas de nuestras predecesoras, donde minimizaron nuestros logros, donde se produjo una transición desde una dictadura que nos trataba como menores de edad eternas a una democracia de baja intensidad donde hemos tenido que pelear cada uno de nuestros avances, aún ahora parece que lo conseguido siempre esté en disputa. En lo relativo a los derechos de las mujeres siempre podemos retroceder. Ahora mismo podemos escuchar desde determinadas bancadas políticas que se nos amenaza con arrebatarnos el derecho al aborto,  (deberían pensar qué fue lo que le ocurrió al último que lo intentó), o que hablan de eliminar la ley de violencia de género, cuando desde que se contabilizan los asesinatos machistas (y sin contar aquellos que se producen fuera del ámbito de la pareja) llevamos casi mil en 14 años.

Conseguir vidas dignas de ser vividas, vidas libres de violencias, vidas con libertad, sin miedo y en igualdad, han sido algunas de las razones que nos han movilizando en esta Cuarta Ola que se evidenció claramente en el 8M del 2018. Una movilización masiva de todo tipo de mujeres que pedían eso: vidas dignas de ser vividas. Y para tener esas vidas hay que cambiarlo todo, hay que ir al corazón del sistema, y hay que ofrecer propuestas concretas que incidan en las estructuras donde está asentado este sistema que nos oprime; un sistema que es patriarcal, capitalista, racista y que castiga la diversidad funcional, la diversidad de orientación sexual o expresión de género. En las calles vimos a un movimiento que contaba con todas, que tenía la propuesta del mundo nuevo feminista que llevamos en nuestros corazones de una manera radical. Demostramos que radicalidad, masividad y hegemonía no tienen porqué ser términos que confronten entre ellos.

Todo lo cambió esa huelga feminista, y nada en nuestro país será igual. Aun así, hay que tener en cuenta varias cosas: en realidad no hemos inventado nada. Antes de nosotras ya se había producido un paro internacional y varios años en los que la lucha de las mujeres se había internacionalizado. Esta es una de las características de esta Cuarta Ola: ahora sí el feminismo es global, ahora sí se han unido todas las mujeres del mundo.  Además, le debemos mucho a esos trescientos años de historia y a todas las activistas feministas de los últimos 50 años que ahora comprueban que hay relevo y que el feminismo también es intergeneracional. Y le debemos mucho también a otros movimientos sociales, como el 15M, que aunaba también radicalidad y masividad pero al que le faltó, quizá, ser capaz de hacer propuestas concretas para imaginar un mundo nuevo.

Ahora  parece que vuelven las extremas derechas, también a escala planetaria, y ya han llegado también al estado español con sus políticas basadas en el odio: a los inmigrantes, a cualquiera que perciban como diferente, y a las mujeres, somos nosotras las que parecemos llamadas a ser la resistencia. Porque el feminismo se ha curtido desde siempre en la resistencia y en el activismo y hemos abanderado muchos de los movimientos de resistencia al sistema criminal capitalista: ejemplos nos sobran, la PAH, el movimiento estudiantil, la marea verde, la marea blanca, las yayoflautas, las pensionistas… Estamos en todos ellos de manera activa.

Pero el feminismo no es sólo para resistir, sirve también para avanzar. Y en un ciclo político de desmovilización y de cierto ensimismamiento de la izquierda, es el movimiento feminista el único que ya tiene propuestas concretas para poder hacer nacer ese mundo nuevo. Y sí, hay que tejer alianzas con el resto de movimientos que impugnan el sistema y que tienen como horizonte la transformación radical de la sociedad. Queremos construir una sociedad del bienestar de la que se beneficiaría la sociedad en su conjunto.

El feminismo, como movimiento vivo que es tiene también sus debates abiertos y en esta revista vamos a intentar tratar algunos de ellos desde el respeto, la diversidad y la profundidad para que podamos aprender de todas y tener visiones más globales.

Tenemos que cambiar las prácticas en nuestras vidas cotidianas, en nuestras organizaciones, en los partidos, para que más temprano que tarde nos parezcamos a aquello que queremos ser. Hay que utilizar prácticas feministas donde la diversidad se transforme en riqueza, donde la palabra de todas sea importante, donde no haya hiperliderazgos y donde la activista escriba y la teórica marche a una manifestación. Porque como dice Emma Goldman «Un cambio social real nunca ha sido llevado a cabo sin una revolución… Revolución no es sino el pensamiento llevado a la acción.»