DÓNDE ATERRIZAR. Un libro clave para huir del falso dilema.

La falacia del falso dilema contrapone dos puntos de vista como las únicas opciones posibles cuando en realidad existen una o más opciones alternativas que no han sido consideradas. 

Estamos viendo cómo la extrema derecha intenta afianzarse en los estratos populares planteando falsos dilemas que enfrentan al penúltimo contra el último. Un buen ejemplo son las declaraciones de Diego Fusaroel capital quiere migrantes y trabajadores pobres, la izquierda que quiere salvar vidas en el mediterráneo es por lo tanto funcional a la ideología del nuevo capitalismo global”.

Este pensamiento de Fusaro ha generado largos debates entre la izquierda: ¿es una reapropiación fascista de un análisis de clase o bien la protección de la clase obrera sólo puede ejercerse desde la radical soberanía nacional? 

Dónde Aterrizar, de Bruno Latour, es un valioso ensayo que pretende ser una brújula con la que orientarnos políticamente en estos tiempos. Latour, filósofo, antropólogo, politólogo y sociólogo, profesor de la London School of Economics, de Harvard y de la École de Sciences Po de París, sitúa en el desarrollo de la revolución industrial el inicio de una etapa que él denomina políticas del carbón. Este periodo se define ideológicamente en torno a un un eje delimitado por dos polos: lo Local y lo Global. Sobre ese eje, resultaba sencillo situar a grandes rasgos la derecha y la izquierda: lo antiguo, tradicional y conservador frente a lo moderno, al progreso y al desarrollo. 

Esos polos nos preparaban para todos los sacrificios, por ejemplo, abandonar nuestras raíces natales, dejar atrás tradiciones y costumbres para avanzar hacia el desarrollo”. 

Tras la era del carbón llegó la era del petróleo, permitiendo la gran aceleración histórica y sumiendo al planeta en los inicios de la crisis material en la que nos encontramos. Según Latour, el paso del carbón al petróleo reordenó los antiguos polos: lo Local pasó a ser lo que Latour denomina lo Local-menos (tradición, protección, identidad, certeza en lo étnico) y lo Global, Global-menos (la imposición mundial de los intereses de una élite). Contrariamente a lo que ocurría en la era del carbón, cuando ordenar a conservadores y progresistas en el antiguo eje era sencillo, ahora se ha vuelto una tarea complicada:

Ya no existe un horizonte compartido, ni siquiera para decidir quién es progresista y reaccionario”.

En el Antropoceno, la era geológica definida por la actividad humana, la Tierra reacciona para intervenir activamente en lo que Bruno Latour define como Geopolítica y Geohistoria: “se habla de geopolítica como si el prefijo geo- designara solamente el marco en el cual se desarrolla la acción política. Ahora bien, lo que está cambiando es que geo- designa desde ahora un agente que participa plenamente de la vida pública.” La inclusión de la Tierra como actor principal de la política dibuja, una vez más, un nuevo eje ideológico definido por dos nuevos polos: Lo Fuera del Suelo y lo Terrestre. Este es el nuevo eje ecológico: Lo Fuera del Suelo incluye aquellas estrategias de una élite que, tras darse cuenta de que no hay posibilidad de un espacio compartido para ellos y el resto con nuestras condiciones materiales, decide continuar como hasta ahora y así situarse u-topos (sin lugar) sabiendo que tienen más posibilidades de resistir al desastre. Lo Terrestre, por el contrario, plantea el reto de mantener un horizonte compartido en este planeta.

¨No hay nada más innovador y más contemporáneo que negociar un aterrizaje en el suelo (…) salir del estancamiento imaginando alianzas nuevas”.

La revolución industrial hizo de los cuerpos galileanos su objeto de análisis pero los conflictos geo-sociales nos obligan ahora a negociar con objetos lovelockianos, que “actúan, van a reaccionar (…) y es ingenuo creer que permanecerán inertes cualquiera que sea la presión ejercida sobre ellos”. 

Latour, por tanto, se desmarca bajo nuestro punto de vista de la falacia del falso dilema rojipardo entre el globalismo y el localismo. Plantear solucionar los problemas del Antropoceno utilizando las estrategias propias del obsoleto eje de la era del carbón (Local-Global) no va a funcionar.

“Lo Terrestre recompone la política: el CO2 no tiene la misma espacialidad de los transportes urbanos. Los acuíferos, las gripes aviares, no son locales. La economía fundada en el carbón no dibuja las mismas luchas que la economía fundada en el petróleo”.
Por Laura Mora y Alberto Pajares