Con 2.664.325 votos, un 10,26% de porcentaje y 24 escaños sobre un total de 350, la entrada de VOX en el Congreso de los Diputados representa el renacer de la extrema derecha en nuestro país. Hay que retroceder a 1979 para encontrar a Blas Piñar, único diputado de la entonces llamada “Unión Nacional”, sentado en el hemiciclo gracias a 378.964 votos, el 2,11%. En 1982, y tras la desaparición de este único escaño, la extrema derecha se irá cobijando bajo el paraguas de la casa común del PP – para asimilarse junto a las corrientes más conservadoras del partido de la derecha española– o en formaciones neonazis con un marginal apoyo social. 

Los resultados electorales de VOX, siendo importantes, certifican que el apoyo popular a formulaciones políticas con un discurso autoritario y reaccionario sigue siendo limitado. En un contexto de creciente polarización social, especialmente ante la crisis territorial, los 24 escaños  de VOX suponen el “pinchazo” de una burbuja cuyas expectativas, alimentadas en redes, tertulias y debates, ha resultado irreal, lo cual ha quedado certificado en las siguientes citas electorales.

 

LECCIONES DEL PASADO

 

la extrema derecha española solo ha logrado sus objetivos merced a la fuerza coactiva de una parte del Ejército, que ha tenido un importante papel rector en la vida política desde el s. XIX”

 

En España, el fascismo nunca ha ganado unas elecciones. A diferencia de Mussolini o de Hitler, que lograron el poder en 1922 y 1933 respectivamente gracias al voto popular, la extrema derecha española alcanzó el poder tras un golpe de estado contra la República y la victoria del ejército sublevado, con apoyo militar de la Italia fascista y la Alemania nazi, en la guerra civil española. 

En las elecciones de febrero de 1936, Falange española – el partido directamente identificado con el Partito Nazionale Fascista de Benito Mussolini – obtuvo 6.800 votos y ningún escaño, lo que motivó que el Duce retirara la subvención que José Antonio Primo de Rivera recibía del Estado italiano para su aventura política. 

En aquellas mismas elecciones, y con una participación del 72% de los electores, las candidaturas de la derecha habían cosechado 4.503.505 votos, frente a los 4.654.116 del Frente Popular: un 46% frente a un 47%. También entonces, la configuración territorial del país, el papel de la religión y el movimiento obrero habían galvanizado a los sectores más reaccionarios del país. 

Una primera lección del pasado es que la extrema derecha española solo ha logrado sus objetivos merced a la fuerza coactiva de una parte del Ejército. Es un rasgo importante de la Historia de España: el papel rector que ha tenido el Ejército en la vida política desde el siglo XIX. 

El franquismo, heredero directo de esa concepción del estamento militar como corporación acreedora de la totalidad del poder, fue adaptando discursos, formas externas y mensajes a los cambiantes contextos que se sucedían (la II Guerra Mundial, la Guerra Fría, los años 60) pero mantuvo algunos rasgos inalterables y permanentes: una visión autoritaria básica, el Nacional-Catolicismo, el rechazo al pluralismo conflictivo (la existencia de distintas opciones que disputan el poder político), el papel central del Ejército y, por último, el peso de la mentalidad de los vencedores en una guerra civil, en una  cruzada. Una España de los vencidos y otra de los vencedores. 

 

EL DISCURSO DE VOX: LA DIALÉCTICA DE LOS VENCEDORES

El partido de Abascal comparte bastantes de los rasgos de las organizaciones de extrema derecha y del populismo reaccionario que están creciendo en Europa, desde el Frente Nacional de Le Pen a la Liga de Matteo Salvini, pero con algunas diferencias sustanciales, entre ellas, su escasa implantación entre las clases populares. En estas pasadas elecciones el voto en los barrios obreros que jalonan las ciudades no se ha volcado en VOX. Es un dato relevante: Le Pen, Salvini, incluso Trump, mantienen un discurso retórico anti-establishment, de defensa del mercado proteccionista frente al mercado abierto y han logrado conectar con una clase trabajadora asustada ante el deterioro de sus condiciones materiales de vida. Trump, un millonario, se dirigía específicamente al obrero blanco del centro industrial de EEUU, conectando con un importante segmento social depauperado y empobrecido desde la crisis de 2008.

 

“VOX es la respuesta del búnker franquista a la irrupción del 15-M y el cuestionamiento de la Transición española, a la quiebra del modelo territorial español”

 

Santiago Abascal no. Enarbola un discurso antifeminista, contra la inmigración y en defensa de una concepción excluyente de la familia, pero su programa económico es estrictamente neoliberal. Patria, Familia y Capitalismo duro.

Porque VOX es una fuerza política heredera del nacional-catolicismo. Una buena parte de sus dirigentes proceden de las familias favorecidas y enriquecidas durante el franquismo o conectadas con las cloacas del estado: las fuerzas vivas de la dictadura que lograron mantener sus cuotas de poder pese a la Transición o, más precisamente, gracias a la Transición. VOX es la respuesta del búnker franquista a la irrupción del 15-M y el cuestionamiento de la Transición española, a la quiebra del modelo territorial español, fruto de esa misma Transición -un Estado de las autonomías que 40 años después necesita un profundo ajuste- y la explosión de un activismo feminista especialmente intenso. VOX es heredero de la dialéctica de los vencedores.

 

TRINCHERAS DE LA NOSTALGIA

Nostalgia deriva de los términos griegos de nostos -regreso- y algos –dolor-. La nostalgia nace ante el dolor por una pérdida, ante el deseo de un regreso imposible a un lugar, a un momento, que se idealiza. La extrema derecha europea y española han hecho de la nostalgia por un pasado mitificado (y por lo tanto, falso), su trinchera. La extrema derecha española es un viaje por la nostalgia como actitud política.

Nostalgia por una concepción de la familia que en realidad nunca existió como ellos la sueñan o la perciben. La familia nuclear católica, excluyente y en la que sobra toda fórmula distinta y plural. Nostalgia de un predominio del varón frente a un feminismo que juzgan agresivo por el simple hecho de que éste cuestiona y pone en quiebra un sistema de privilegios exclusivo y privativo; nostalgia de la uniformidad frente a las familias plurales, el matrimonio igualitario, las diversas orientaciones sexuales… En definitiva, frente a toda forma de sociedad plural. Y nostalgia por un pasado imperial – muy mitificado- y un concepto de la Patria que sienten amenazado. Patria, Iglesia e Imperio, tres pilares del régimen.

Cada momento histórico construye su propia visión del pasado y el franquismo impulsó una exaltación religiosa y un modelo devocional que nos retrotraía a la España trentista de la contrarreforma y una mística nacional anclada en un ideal de cruzada que se hace nacer en Covadonga y la gesta de la Conquista de América. Un pasado histórico idílico donde la esencia de la nacionalidad es el catolicismo y, particularmente, el catolicismo imperante en la España del siglo XVI: una nación escogida por la divinidad, con una misión, con un destino.

El concepto de “reconquista” aparece en la historiografía española durante el siglo XIX y es asumido por la Dictadura. Don Pelayo o el Cid (un noble visigodo y un caballero mercenario) se reinterpretan como héroes españoles frente al Islam o el Judaísmo, es decir, un yo nacional que se construye frente al otro. No es casual el inicio de la campaña de VOX ante la “Virgen de Covadonga” o su reivindicación de Blas de Lezo o los Tercios españoles. Ya Ramiro Maeztu, en su panfleto “Defensa de la Hispanidad”, lanzó uno de los mitos-clave del grupo de Acción Española durante la República: el de Hispanidad, recogido con entusiasmo ya desde el primer franquismo.  

 

“La extrema derecha española es un viaje por la nostalgia como actitud política”

 

El franquismo, la derecha española y la extrema derecha, se han apropiado del término “español”, identificando como sinónimos absolutos “español” y católico” y construyendo – otro dato relevante – el concepto de Patria y Nación frente al otro: en la Edad Media frente al Islam; en la Modernidad, frente a la Reforma de Lutero; en el siglo XX frente al “enemigo interior”: el comunismo durante la guerra civil y la dictadura; en el siglo XXI frente al independentismo catalán. Una dialéctica perversa y castradora. La pervivencia de dos Españas: la de los vencedores de la guerra frente a lo que se caricaturiza como anti-España, anti-Patria y anti-Español. 

Y de nuevo volvemos aquí al Ejército y su protagonismo, en este caso frente al “enemigo interior”: la presencia de ex-militares, declarados admiradores de la figura de Franco, en las listas de VOX es una constatación más de la adscripción de este grupo a la extrema derecha nacional-católica. Porque en nuestro país, anota Lleixá Joaquín en Cien Años de militarismo en España, se ha desarrollado un militarismo impulsado por militares de profesión pero sobre todo un militarismo suscitado por los otros, por los civiles. Las llamadas a una solución militar al problema en Cataluña están ahí, conectando presente y pasado.Y si el fascismo italiano exaltaba la juventud y las milicias del partido como minoría rectora, aquí ese papel le corresponde al Ejército, columna vertebral de la Patria. 

Nación. Unidad. Familia. Religión. Nostalgias por su pérdida. Y aún queda un último miedo: el miedo a la abiecta plebecula (la abyecta plebe), a la gente baja (phaúlou) que nunca será amiga de la gente de pro (spoudaiou). Escribía Agustín de Foxá en Madrid, de corte a checa: “pasaban las masas ya revueltas, mujerzuelas feas, jorobadas, con lazos rojos en las greñas, niños anémicos y sucios, gitanos, cojos, negros de los cabarets, rizosos estudiantes, obreros de mirada estúpida, poceros, maestritos amargados. Toda la hez de los fracasados, los torpes, los enfermos, los feos, el mundo inferior y terrible”.

Los piojosos progres, Ortega Smith dixit, las feas feministas, los pervertidos homosexuales, las peligrosas mareas de trabajadores exaltados. Ese mundo inferior y terrible que llenó las plazas un 15 de marzo y que lo sigue haciendo cada 8 de marzo. Esa abiecta plebecula que ha derrotado a la extrema derecha, otra vez, en las urnas. 

Víctor Manuel Casco Ruiz

Profesor de Geografía e Historia en la Enseñanza Pública de Extremadura