En los últimos años el movimiento feminista autónomo ha sido capaz de lo más importante para un movimiento social, poner nuestros asuntos en el centro de la agenda pública y avanzar en el cambio cultural para cambiar el sentido común. Un sentido común androcéntrico y patriarcal que borraba a las mujeres, a nuestras historias y a nuestros asuntos. El feminismo como “una hermenéutica de la sospecha” hace que muchas jóvenes y no tan jóvenes hayan visto claramente que sus sospechas estaban bien fundadas y que el orden dominante estaba sujeto por unos determinados intereses que iban en contra de nuestras vidas, en sentido literal.

Las grandes huelgas internacionales de los años 2018 y 2019 hicieron ver a la sociedad en su conjunto que el feminismo tenía al menos la misma fuerza que tuvo el movimiento obrero en los siglos XIX y XX y que, actualmente, era el movimiento más aglutinador y el único que estaba dando propuestas a la crisis en la que la sociedad estaba inmersa.

Estas huelgas, en la Comunidad de Madrid, se han desarrollado a través de la Comisión 8M, donde nos hemos juntado muchísimas mujeres, algunas veníamos de partidos o de sindicatos, otras de asociaciones y del movimiento autónomo, pero todas al entrar en las asambleas masivas, de doscientas o trescientas mujeres, nos quitábamos el carnet del partido o del sindicato por llegar a acuerdos, a consensos, por el bien común. Teníamos debates interesantísimos. Creo que he aprendido mucho de feminismo en esas asambleas y comisiones de trabajo preparando la huelga del 2018, desde que no éramos demasiadas y veíamos muy complicado hacer una huelga feminista, a cuando empezamos a ser más y más y cada vez lo íbamos viendo más cercano. Recuerdo la asamblea estatal en Zaragoza con más de quinientas mujeres consensuando un documento, línea a línea, frase a frase. Y cuando lo terminamos, la satisfacción de haber sido capaces de generar unos contenidos de manera asamblearia, horizontal, conjunta, desde las diferencias que teníamos, pero desde la ilusión que nos despertaba hacer Historia que, de una vez por todas, cambiaría el mundo, su cultura. Sabiendo ya que íbamos a ser escuchadas por todo el mundo y que nuestras ideas, iban a estar en el centro de las conversaciones en los barrios, en los pueblos, en los mercados, en los centros de trabajos, en las aulas, en las televisiones, que íbamos poder llegar a cada rincón con nuestras sospechas fundadas del orden dominante.

Creo que no es necesario decir que la Huelga feminista fue un éxito rotundo que generaría un antes y un después. Esto no quiere decir que todo comenzara ahí, nosotras éramos conscientes que formábamos parte de un proceso histórico, que llevábamos todos los aprendizajes de nuestras predecesoras, que teníamos presente en todo momento nuestra genealogía y que gracias a las que fueron antes, podíamos ahora avanzar. Una de las características principales era la intergeneracionalidad, como mujeres muy jóvenes aprendían de feministas históricas y como éstas últimas, escuchaban con atención a las más jóvenes.

Lo que sí es necesario decir es que ya en ese momento estaban con nosotras mujeres trans, aportando como todas, aprendiendo y enseñando. También había posturas distintas, que no contrarias, cuando se hablaba de prostitución.

Después de esa huelga del 2018, una vez que no había duda en que habíamos conseguido la hegemonía, claro ejemplo de ello fue ver a Rajoy con su lazo morado. Después de todos los ataques que habíamos sufrido de ciertos sectores políticos y mediáticos, el 9 de marzo de 2018 parece que todo el mundo se hubiese despertado feminista. Sabemos que no es cierto, que ni lo eran ni lo son. Pero significaba eso, haber conseguido la hegemonía cultural, que habíamos sido capaces de centrar otro marco.

Entonces comenzó la reacción. Y es que siempre funciona igual, cuando las subordinadas avanzamos para subvertir el orden comienza la reacción de aquellas personas que no quieren avanzar, que el cambio les da miedo, que están cómodos en sus privilegios.

Con la reacción vino también el intento de cooptación, que esto siempre ocurre también. Un cierto sector del feminismo que no había participado activamente en la preparación de la huelga, también se vieron amenazadas, veían cómo ya era imposible controlar un movimiento autónomo tan diverso y gigante, ya no podían mantener su hegemonía dentro del propio feminismo. Así fue como comenzó el debate del sujeto del feminismo, algo que parecía que tuviera una respuesta fácil. Las mujeres. El sujeto del feminismo somos las mujeres. Todas. Con nuestra diversidad. Por eso la importancia del plural, mujeres. Porque el lenguaje crea ideas, y mujer se queda corto, parece que sólo fuera mujer blanca, de clase media y heterosexual. Pero no, el sujeto del feminismo somos las mujeres en plural. Las de la clase trabajadora, las lesbianas, las trans, las negras, las gitanas, las diversas funcionales, las psiquiatrizadas. Teníamos que ampliar el marco porque no queríamos que se salvasen sólo las de arriba, queríamos que nos salvásemos todas. Que juntas y diversas rompiéramos los cerrojos del patriarcado y avanzaramos hacia un mundo libre. Doloroso fue ver que había un sector del feminismo, algunas que tenían mi respeto, que lo negaban una y otra vez y querían expulsar del movimiento a ciertas mujeres, a las trans. Y sus argumentos eran no sólo mediocres sino también hirientes y extremadamente duros. Querían hacer un “totum revolutum” de cuestiones que no tenían nada que ver entre ellas para disparar a un enemigo común, pero interno, las mujeres trans. Y digo interno porque las mujeres trans siempre han formado parte del movimiento feminista, siempre he compartido mis espacios de militancia con ella, y dentro del movimiento he tenido buenísimas amigas trans a las que quiero, respeto y con las que he aprendido. Pero este sector mezcla sin parar la abolición de la prostitución, la pornografía, y las trans. Como si no existiesen trans abolicionistas.

 

Con la reacción vino también el intento de cooptación, que esto siempre ocurre también. Un cierto sector del feminismo que no había participado activamente en la preparación de la huelga, también se vieron amenazadas, veían cómo ya era imposible controlar un movimiento autónomo tan diverso y gigante, ya no podían mantener su hegemonía dentro del propio feminismo. Así fue como comenzó el debate del sujeto del feminismo.

 

Me pregunto qué hubiera hecho Lohana Berkins este 8 de marzo, a qué manifestación hubiera ido o en qué pancarta se habría sumado. Ya he dicho que es importante respetar, aprender y tener presente nuestra genealogía y creo que todas aquellas que no respetan a las mujeres trans, deberían aprender de ellas, ver como hay algunas que comparten ciertas cosmovisiones con ellas, y otras no. Exactamente como las que no somos trans. Quiero decirles que dudo mucho que hayan conocido a mujeres trans, que hayan tenido amigas trans, que hayan visto sus lágrimas, que hayan acompañado su transición y la dureza que conlleva, la pérdida de privilegios. Y no creo que nadie haga eso por capricho. Hablan de lobby y de borrado de las mujeres por unas personas que no llegan al 1% de la población, que sus datos de paro superan el 80%, que sus tasas de ser asesinadas están disparadas, donde sus índices se suicidios son altísimos, principalmente en la infancia y adolescencia, En definitiva, están yendo a por las más débiles de la cadena. Ojalá alguna vez tengan una amiga trans y escuchen sus sentimientos, sus alegrías y sus dolores.

También nos diría a todas que levantemos la mirada, que el feminismo es una fuerza internacional y que tenemos que mirar a países como Brasil, Argentina o Turquía donde este último 8 de marzo han llenado las calles y han sido reprimidas en muchos casos por la policía, pero ahí han estado luchando juntas. El debate, los disensos enriquecen, pero que no se nos vaya ahí toda nuestra fortaleza. El feminismo es ahora el muro de contención frente al fascismo global y es el único movimiento que es capaz de avanzar en este momento delicado de la Historia. Es momento de sumar, de multiplicar, de intentar llegar a acuerdos, de disentir si se quiere, pero desde el respeto y teniendo claro que tenemos que estar todas en el mismo lado. Que el enemigo real no está entre nosotras. Que no podemos dar ventaja al adversario si nos ponemos a pegar por las redes o en las manifestaciones. Que no se les puede dar ni una pizca de ventaja. Que nos necesitamos todas, y que ser distintas forma parte de la potencia del feminismo.

Sumemos, con todas las mujeres, con las lesbianas, las trans, las trabajadoras, las negras, las gitanas, las diversas funcionales, las psiquiatrizadas. Porque todas somos sujetos del feminismo, porque es lo único capaz de salvarnos a todas y proporcionarnos una vida libre y feliz para todas.

Nos merecemos darnos esta oportunidad.

 

Por Paloma García Villa, activista feminista y diputada autonómica por Unidas Podemos.