por Irene Bassanezi Tosi

En la actualidad, el movimiento feminista está creciendo y está propagándose en diferentes partes del mundo, y Brasil no es una excepción.

En Brasil, si entendemos el feminismo como un movimiento de resistencia de las mujeres, que revindican derechos, autonomía y libertad, entonces el feminismo surge en Brasil hace más de 200 años. En otras palabras, durante siglos mujeres indígenas, negras y blancas estuvieron luchando por vidas más dignas, por igualdad, por vivir una vida sin violencia, opresión y subordinación; enfrentando por lo tanto las desiguales estructurales patriarcales que están enraizadas en toda la sociedad brasileña.  

El movimiento feminista en Brasil es considerado una de los más estructurados del mundo, de acuerdo con la profesora Lúcia Avelas. El movimiento está bien organizado y articulado desde el municipio, a la región, al Estado hasta llegar a instancia nacional. Por lo tanto, se articula en diferentes redes, que interaccionan con las instituciones gubernamentales nacionales e internacionales. Está claro que la relación con el estado depende del gobierno que fue elegido; en el actual gobierno la Secretaria de Políticas para las Mujeres (SNPM) está vinculada al Ministerio de la Mujeres, la Familia y los Derechos Humanos, que tiene como ministra a Damares Alves, pastora de la iglesia evangélica, abogaba y educadora.

Para que se tenga idea en que manos está dicho Ministerio, ha sido Damares, que afirmó en una entrevista recientemente que los hombres se tienen que vestir de azul y las mujeres de rosa. Declaraciones de este tipo en un país en que una mujer es asesinada a cada dos horas, es decir el quinto país que más mata mujeres en el mundo, no tiene ningún compromiso con los derechos humanos y la vida de las mujeres. En otras palabras, están en riesgo los derechos que hemos adquirido en décadas, será un retroceso brutal para las mujeres del país.

El movimiento feminista tiene diferentes demandas: mayor participación de las mujeres en la política, igualdad salarial, el derecho al aborto (que en Brasil está legalizado solamente en caso de violación, riesgo de vida para la gestante y feto anencefálico), el combate a la violencia de género y a la cultura de la violación, los derechos sexuales y reproductivos. Además, si entendemos el movimiento feminista como un movimiento trasversal e interseccional, se incluyen las demandas del movimiento feminista negro, del movimiento indígena y del colectivo LGBTI.

Existe también en el movimiento feminista una preocupación hacia el cuerpo de la mujer y el uso que hace del mismo, un ejemplo es la “Marcha de las Putas”, que tuvo origen en 2011 Canadá y se expandió en diferentes países del mundo, llegando a Brasil en junio del mismo año. Dicho movimiento es contra la revictimización de las mujeres que sufrieron violación, las cuales son acusadas de haber provocado el acto violento por su comportamiento y/o vestimenta. Por este motivo en la marcha las mujeres utilizan poca ropa, mostrando el propio cuerpo como acto de resistencia al machismo estructural.    

A partir de 2014 surgieron diferentes movimientos feministas en las redes sociales, que tuvieron también repercusión internacional, como, por ejemplo: #Nomerezcoserviolada, #PrimerAcoso, #MiAmigosecreto, #Metoo.

Sin embargo, el reciente movimiento #Elenão, que surgió en las redes sociales durante la campaña electoral en contra de la candidatura de Jair Bolsonaro, fue el que más tuvo éxito en las redes y el primer que consiguió movilizar las mujeres en la calle, volviéndose la mayor manifestación de las mujeres en la historia del país.

A este hilo, la profesora Céli Regina Jardim Pinto, afirmó que, así como en otros países del mundo, en Brasil el movimiento feminista también está siendo popularizado, alcanzando diversos sectores de la sociedad. Dicho movimiento no revindicaba solamente demandas especificas vinculadas a las mujeres, sino que incluía también la defensa de los derechos humanos y la defensa de la democracia. Aunque la mayoría de las personas que participaron de la manifestación eran de izquierdas o centroizquierda, también agrupó otros colectivos, desde las anarquistas, a torcidas de futbol, a mujeres evangélicas y policías contra el fascismo, así como tuvo la participación desde artistas famosos, a residentes de las favelas.

El movimiento feminista brasileño es rico por su interseccionalidad. En este sentido, es a partir de los años 80 que el movimiento feminista negro, no encontrando espacio en el feminismo blanco, busca por más visibilidad. En el II Encuentro Feminista Latinoamericano de 1985, se crea el movimiento de mujeres negras. Desde entonces surgen diversos colectivos feministas negros en todo el país. En las últimas décadas gracias a la política de cuotas las mujeres negras tienen un mayor acceso en la Universidad, potenciando así también el movimiento feminista negro, el cual se expandió todavía más con el uso de las redes sociales.  

Asimismo, creo que es importante destacar el movimiento feminista indígena que empezó a organizarse en la década de 70/80, cuando mujeres empezaron a ganar protagonismo dentro del propio movimiento indígena. En la actualidad el movimiento feminista indígena está bien organizado y articulado, donde encontramos a mujeres indígenas lideresas, no solamente revindicando temas de género, pero del movimiento indígena como un todo. El movimiento indígena también se organiza en las redes sociales y tiene como una de sus reivindicaciones la protección del ecosistema, ya que son ellas que se enfrentan diariamente con la destrucción del medioambiente y son las más afectadas por el agronegocio y las políticas neoliberales.

Por otra parte, están surgiendo movimientos de mujeres reaccionarios como “Chicas no soy obligada a ser feminista” e “Mujeres contra el feminismo”. La esposa del expresidente Michel Temer afirmó en una entrevista que las mujeres tienen que ser, bellas, recatadas y del hogar, pretendiendo por lo tanto que las mujeres dejen de ocupar el espacio público. Es decir, hay movimientos reaccionarios que discuten las reivindicaciones de las feministas y los derechos adquiridos, dichos movimientos son de carácter burgués, conservador, que tienen el apoyo de una parte más reaccionaria de la iglesia evangélica y que tienen posturas de enfrentamiento con el movimiento feminista.  

Para concluir, a pesar del grande éxito de la manifestación de #Elenão y los esfuerzos del movimiento feminista y diferentes movimientos sociales y políticos, no fue suficiente para contrarrestar la elección de Bolsonaro. Sin embargo, no olvidemos Brasil tiene un movimiento feminista estructurado, que alcanza diversas regiones del país, desde lo más rural a lo más urbano, y ese movimiento feminista hará frente a las políticas reaccionarias y retrogradas del nuevo gobierno. De hecho, en este momento, las feministas brasileñas se preparan para adherir a la huelga internacional del 8 de marzo. ¡La revolución será feminista o no será!