Ya hace años que el Partido Popular, tiene un proyecto muy concreto para Madrid; un modelo de desarrollo, centrípeto, con la pretensión estratégica de concentrar el poder económico y financiero en Madrid utilizando elementos como el estatus de capitalidad y la misma concentración de poder estatal. Este proyecto estratégico tiene por inspiración la doctrina de David Ricardo y su llamada “ley de las ventajas comparativas” que no es otra cosa que la imposición de una división, jerárquica, de la producción y del trabajo en una escala geográfica.

Por ello, la especialización fiscal consistente en la exoneración de impuesto a las grandes empresas y grupos inversores no sólo genera una espiral fiscal competitiva hacia abajo, entre distintos territorios por retener empresas e inversiones, sino que además articula el centralismo con la dependencia, endeudamiento mediante. Y su primera víctima es Madrid: “No hay nadie que se beneficie de este centralismo salvo las grandes empresas que tienen aquí [en Madrid] su sede”, cómo retrataba Jacinto Morano. Además, este crimen fiscal deja un pesado testamento de 36.000 millones de euros de deuda que no hace sino empeorar las cosas, como explicaba Isa Serra.

Es decir, este proyecto de desarrollo hace de Madrid una economía de enclave con fuertes vínculos con el sector externo y sus inversiones. El centro se somete a las decisiones de otros centros, europeos, que generan las disparidades características de este modelo de desarrollo.

Sectores punteros en tecnología e inversión, silicons valleys, que conviven con otros sectores económicos de poco valor añadido y gran precariedad laboral, como la hostelería y el turismo.

Junto con la capitalidad y la centralización política, un elemento clave para esta estrategia de desarrollo es la fiscalidad, en concreto; la fiscalidad de enclave. La llamada de David Ricardo a la especialización de los distintos países y a comerciar en aquello en lo que cada país es “competitivo” tiene su traducción en la especialización fiscal de Madrid por la cual convertir Madrid en un paraíso fiscal se convierte en ventaja comparativa frente a otras ciudades y regiones y en el mayor reclamo para la inversión extranjera directa.

Este modelo, además de los rasgos centralistas que contiene, tiene sus primeras víctimas en los y las madrileñas porque entraña una dinámica de fuerte concentración del ingreso que deprime el mercado interno erosionando la capacidad adquisitiva de la demanda de las clases populares.

Y el sistema fiscal es una herramienta política clave en este proceso. Los efectos se notan en primer lugar en las enormes desigualdades de renta y propiedad y en segundo lugar en el déficit fiscal para financiar las instituciones públicas de bienestar. En el caso de solucionarse este déficit con el endeudamiento, como ha hecho el PP en Ayuntamiento y Comunidad, se intensifica la extracción fiscal de un excedente que es acaparado por el sector financiero, en buena medida externo.

Esta fiscalidad de enclave, inspirada en la doctrina de David Ricardo, ha sido históricamente fundamental para construir modelos de subdesarrollo: elevando unos centros a costa de unas periferias y en el proceso enriqueciendo los primeros y deprimiendo, y desindustrializando, a las segundas.

En la escala internacional, este modelo protagonizado por el Imperio Británico, tanto en el exterior como en las mismas islas británicas, sometió a una desposesión brutal a sus colonias. Y cuando estas lideraron sus luchas de liberación nacional para ponerle fin se encontraron que en muchos países había élites favorecedoras del modelo económico dependiente.

En el caso de América Latina, el desafío al subdesarrollo en los años 40 y 50 inspiró a una brillante escuela de economistas alrededor de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (la CEPAL), dirigida en su fase creativa por el argentino Raúl Prebisch, que oponían un modelo de desarrollo autosustentado que funcionara con la redistribución del ingreso, la demanda popular como factor de desarrollo y la industrialización orientada al mercado interno.

Esta escuela iba mucho más lejos que el keynesianismo, la alternativa desarrollada en la metrópolis, porque como explicaba Celso Furtado sobre la causa de la inflación en América Latina: “Todos sabíamos -en primer lugar, Prebisch- que la cuestión primordial hundía sus raíces en los constreñimientos derivados de la forma de inserción internacional.” (Furtado, 2008 [1993]: 74)

Sin embargo, el proyecto de los “keynesianos de la periferia” vio fracasar su modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones.

De ahí que como superación de la CEPAL surgiera una segunda generación alrededor de la Teoría de la Dependencia dispuesta a abordar críticamente los modelos de desarrollo e industrialización y las nuevas formas de dependencia financiera que emergían en los 60 y 70.

Abordar este legado puede ayudarnos no sólo a analizar las prácticas económicas desde una perspectiva política sino también a oponer alternativas a los modelos de desarrollo que vemos a escalas tan diferentes como la Unión Europea o el Estado español y sin embargo profundamente conectadas. Tarea crítica necesaria para construir un nuevo modelo económico, siguiendo el esquema de Iván Miró, desde la voluntad política consciente.

Ya que evitar los debates económicos lleva a una peligrosa dependencia teórica de la que prevenía Keynes: “El hombre práctico que se cree libre de influencias intelectuales, casi siempre es esclavo de algún economista difunto”.

Situar históricamente la doctrina de Ricardo y su aplicación concreta en las relaciones entre el Imperio Británico y Portugal, además de otros países, puede servir para explicar esta lógica política que genera subdesarrollo. Y, por tanto, tomar la medida al proyecto fiscal de Ayuso y su conexión vertebral con la dependencia de escala europea. De modo que podamos pensar, y construir, alternativas con ambición de éxito y de transformación. Objetivos que están en juego en la discusión entre Pau Llonch y Manolo Monereo de hace algunos años.

Antes que Maastricht fue Methuen. Ricardo: teórico de la bourgeoise conquerante

La ley de las ventajas comparativas de David Ricardo consiste en la especialización de cada país en aquel factor de la producción en el que es supuestamente más competitivo; sea por la mano de obra, los recursos naturales, los productos manufacturados o la disposición de tecnología. Esta especialización de escala mundial también pretendía conquistar y operar en otras escalas.

Junto a la especialización la doctrina de Ricardo promueve el libre comercio para conectar las distintas ventajas comparativas mediante el intercambio comercial.

David Ricardo publicó en 1817 su “Principios de la Economía Política y Tributaria” dónde argumentó a favor del desarrollo industrial inglés y en contra de la protección del sector agrícola, a causa de sus altos costes en Inglaterra. Por ello presentó como alternativa comprar en el extranjero los productos donde fueran más baratos de modo que “la producción agrícola obtenida allí podría entonces ser cambiada por aquellos productos manufacturados en Inglaterra” (citado en Frank, 1978 [1973]: 106)

Ricardo ilustraba esta estrategia mediante el ejemplo del caso de Inglaterra y Portugal. En el cual Portugal se especializaba en la producción de vinos e Inglaterra en la de paños y prendas textiles. Pero este intercambio comercial lejos de llevarse a cabo en términos de beneficio mutuo acarreó la desindustrialización de Portugal mientras que Inglaterra iniciaba su despegue a lo largo de los 150 años siguientes.

Y es que otro punto clave en este caso consiste en que este acuerdo no fue fruto de un pacto libre y paritario, sino que fue resultado de una relación de fuerzas estipulada en el Tratado de Methuen. Este tratado firmado en 1703 sometía a Portugal al vasallaje de Inglaterra. Portugal obtenía protección política y militar frente a España a cambio de renunciar a sus privilegios comerciales con sus colonias.

Uno de los efectos de la ventaja comparativa trata de la imposición de un intercambio desigual, en lugar de un libre comercio, que da lugar a una nada virtuosa dualidad económica al interior de los países. Si la teoría de la dualidad, inspirada por el economista holandés J. H. Boeke, vino a justificar el efecto ‘modernizador’ del colonialismo holandés en Indonesia (Frank, 1978 [1970]: 71-72). Su práctica conllevó el establecimiento de un sector moderno orientado a la exportación y su comercialización cultivando a su alrededor un sector tradicional, ‘atrasado’; de economía de subsistencia de campesinos empobrecidos que representaban una abundante y precaria mano de obra para el sector exportador.

Así el intercambio desigual alumbra al moderno subdesarrollo y su crecimiento sin desarrollo en el que, como señala André Gunder Frank:

“el crecimiento externamente estimulado del sector de exportación de materias primas condena a la mayoría de la gente (trabajen directamente en este o no) a una estructura colonial y de clase que no solamente impide el desarrollo, sino que genera subdesarrollo. Y sin embargo, todo esto acelera el desarrollo de aquellos que están fuera del mundo subdesarrollado, y el de algunos pequeños intermediarios de dentro de él.” (1978 [1970]: 74)

Este proceso va a la par del desarrollo del racismo para justificar tales jerarquías entre el centro desarrollado y moderno y la periferia atrasada subdesarrollada con el objetivo de culpar del subdesarrollo a los propios países dependientes y absolver de cualquier responsabilidad las injerencias externas.

De hecho, la clásica hipótesis de Max Weber apuntala esta concepción acerca de las virtudes connaturales de la burguesía conquistadora europea a lo que Paul Samuelson, el neokeynesiano estadounidense, respondió frontalmente que:

“Nuestra conclusión es pues que, si partimos de las doctrinas del puritanismo y el ‘capitalismo’ o de la concepción factual de la correlación entre la acción económica y religiosa, no podemos hallar apoyo para las teorías de Weber. Todas las pruebas las contradicen” (en Frank, 1978 [1972]: 84)

Arghiri Emmanuel en su obra “El intercambio desigual: ensayo sobre los antagonismos en las relaciones económicas internacionales”, publicada en 1972, explicaba que la doctrina de las ventajas comparativas lejos de actuar en base al laissez faire et laissez aller había sido impuesta:

“por el ejercicio de las fuerzas políticas y militares, por el uso del trabajo forzado y, en general, por la transformación mediante la fuerza de los modos de producción. (…). Naturalmente, quienes sufrieron los efectos de esta ‘ley’ la objetaron y, donde fue posible, la resistieron.” (Frank, 1978 [1973]: 107)

No por casualidad el republicano independentista Jawaharlal Nehru retrataba las dramáticas consecuencias de la doctrina de las ventajas comparativas impuesta sobre la India por parte del Imperio Británico:

“Casi todos nuestros problemas más importantes actuales han crecido bajo leyes británicas y como resultado directo de la política británica. Los príncipes, los problemas étnicos, los intereses encubiertos, nativos y extranjeros, la falta de industria, y el descuido de la agricultura, la lentitud extrema de los servicios sociales, sobre todo, la trágica pobreza de la gente” (Nehru citado en Frank, 1978 [1968]: 34)

Por estos motivos, Friedrich List, el autor intelectual de la Zollverein (la unión aduanera de la Confederación Germánica), decía sobre el ejemplo de Ricardo, el Tratado luso-británico de Methuen, que sus objetivos eran otros muy diferentes a los del libre comercio:

“Portugal pasó a estar completamente subordinado a Inglaterra, y ésta pudo, gracias al oro y la plata obtenidos del comercio con ese país, aumentar enormemente su comercio con la India Oriental y China, para así establecer, más adelante, su vasto imperio en la India, y expulsar a los holandeses de sus posiciones principales” (List en Frank, 1978 [1973]: 107)

En definitiva, Methuen consagraba una dependencia que ya habían predispuesto tratados anteriores entre Portugal e Inglaterra. De hecho, ya en el siglo XVIII el marqués de Pombal, primer ministro portugués, se lamentaba de que; “los ingleses habían sometido a la nación a un estado de dependencia.” (Pombal en Frank, 1978 [1973]: 108)

Hasta la derecha republicana estadounidense veía la estrategia incrustada en la doctrina de las ventajas comparativas. El patriciado republicano estadounidense encarnado en Alexander Hamilton prevenía, en su “Informe sobre las manufacturas” (1791), contra el comercio con Europa dados los efectos desiguales que entrañaba:

“Los Estados Unidos no pueden intercambiar con Europa en términos de igualdad; la falta de reciprocidad los haría víctimas de un sistema que intentaría inducirlos exclusivamente a la agricultura y a apartarse de la elaboración de productos manufacturados. Una constante y creciente demanda, por parte de ellos, de las mercancías europeas, y en cambio una parcial y ocasional demanda de las suyas, necesariamente les expondría a un estado de empobrecimiento, comparado con la opulencia a que sus ventajas políticas y naturales les permiten aspirar” (en Frank, 1978 [1973]: 110-111)

Ya que como da cuenta aquí hasta el propio Hamilton el intercambio desigual genera una bola de nieve de efectos acumulativos; la descapitalización de los países dependientes y la absorción del excedente por parte del centro:

“Dado que transfiere el excedente invertible desde los países pobres, quienes así no lo pueden invertir, hacia los ricos, que efectivamente lo invierten; de esta manera se ensancha la brecha entre los salarios y se aumenta aún más el intercambio desigual influyendo sobre las respectivas estructuras y modos de producción que así se desarrollan y se subdesarrollan.” (Emmanuel en Frank, 1978 [1973]: 118)

Evidentemente esta captación de excedente también supone un déficit en la balanza de pagos que tiene su contrapartida en la cuenta financiera: endeudamiento de unos, préstamo lucrativo de otros.

Miseria de la dependencia teórica

Desafortunadamente el keynesianismo metropolitano, y no sólo, está lejos de un análisis estructural del modelo ortodoxo y sus consecuencias sobre las soberanías. De hecho, la teoría keynesiana desde Gunnar Myrdal hasta John K. Galbraith, pasando por Albert O. Hirschman, permaneció en buena medida atada a la concepción ortodoxa del desarrollo. Análoga a la dependencia teórica en la que se encuentra teóricos neokeynesianos como Paul Krugman, baste recordar su recomendación de una “devaluación interna de los salarios del 30%” para la España de 2008.

No sé qué habría dicho André Gunder Frank sobre Krugman, pero sí sobre el propio Myrdal y su extraña manera de oponerse al monetarismo ortodoxo o al desarrollismo ricardiano utilizando en última instancia el mismo argumento que Walt Whitman Rostow; que el subdesarrollo es fundamentalmente culpa de la cultura de los subdesarrollados. A lo que Gunder Frank respondía irónicamente con la misma cita que encabezaba el libro de Myrdal sobre el subdesarrollo asiático, “Asian Drama: an inquiry into the poverty of nations” (publicado en 1968); “Hasta los herejes permanecen limitados por el pensamiento tradicional en la formulación de sus herejías” (Myrdal en Frank, 1978 [1969]: 136).

El problema del keynesianismo es que, a semejanza de la teoría neoclásica, excluye, menosprecia, las dimensiones históricas y de escala que caracterizan el sistema capitalista mundial. De ahí la anulación, también, de las relaciones de fuerza y conflicto en las prácticas económicas, lo que en última instancia conlleva un connato de despolitización de lo económico, renunciando a analizar la economía desde el prisma político.

Tendencia neoclásica y keynesiana ajena, por cierto, al propio Adam Smith que en su tratado “La riqueza de las naciones” tenía en cuenta el modo histórico en que se había conformado el moderno sistema capitalista por el cual mientras a Estados Unidos, las trece colonias en ese momento, llegaban refugiados políticos perseguidos por motivos religiosos en el resto de América Latina desembarcaban nobles aventureros sin blanca que no buscaban cultivar pequeñas parcelas sino saquear y extraer todas las riquezas a sangre y fuego.

En el capítulo “Sobre los motivos para el establecimiento de nuevas colonias” Adam Smith analiza en estos términos el proyecto de Colón en el que;

“El piadoso propósito de convertirlos al cristianismo santificó la injusticia del proyecto (…) Fue la sed de oro la que arrastró a Cortés a México y a Almagro y Pizarro a Chile y Perú” (en Frank, 1978 [1969]: 140) “la plata del nuevo continente parece ser de esta manera uno de los productos principales gracias al cual se fomenta el comercio entre los dos mundos, el Nuevo y el Viejo (…) Sin embargo, para los indígenas de las Indias Orientales y Occidentales todos los beneficios comerciales que podían haber resultado de estos acontecimientos, se han hundido y podrido a causa de las desgracias espantosas que éstas han ocasionado” (Smith en Frank, 1978 [1978]: 154)

Por este motivo, es importante en el análisis de las prácticas económicas tener en cuenta la onda larga del proceso de la acumulación más allá de la coyuntura y así poder llevar a cabo un examen estructural, que no estructuralista, de la situación. Con el ánimo de retomar una tradición del pensamiento político caracterizada por: “reconsiderar los problemas del ‘desarrollo económico a partir de una perspectiva que insiste en la naturaleza política de los procesos de transformación económica.” (Cardoso y Faletto, 1973 [1969]: 4).

En un sentido, por cierto, semejante al del ala izquierda y plebeya del marxismo de E. P. Thompson, Howard Zinn o Stuart Hall. No por casualidad este último dedicaría una conferencia contra el economicismo despolitizador y contra el idealismo elitista reivindicando que; “el uso que hace Marx del concepto de ‘lo económico’ no corresponde al sentido más estrecho, técnico y disciplinario del término; no es eso a lo que se refiere.” (Hall, 2015 [1983]: 114)

Las alternativas y nosotros

Más allá de la trayectoria política posterior de Fernando Henrique Cardoso, no demasiado ejemplarizante, éste y Enzo Faletto plantearían en “Dependencia y desarrollo en América Latina” (Siglo XXI, 1973 [1969]) algunas ideas importantes para imaginar un modelo de “desarrollo autosustentado” (Cardoso y Faletto, 1973 [1969]: 4).

En su propuesta plantean un nuevo esquema de poder que conquiste la autonomía de la periferia para poder llevar a cabo la democratización social y económica bajo el protagonismo de las clases populares. Redefiniendo en el proceso la relación centro periferia y amoldando el Estado al control popular doméstico:

“En estas circunstancias -de crisis política del sistema cuando no puede imponer una política económica de inversiones publicas y privadas para sostener el desarrollo-, las alternativas que se presentarían, descartando la apertura del mercado interno hacia afuera, es decir, hacia los capitales extranjeros, serían todas inconsistentes, como lo son en realidad, salvo si se admite la hipótesis de un cambio político radical hacia el socialismo.” (Cardoso y Faletto, 1973 [1969]: 138)

Modelo opuesto al de las economías de enclave que drenan el mercado interno concentrado el ingreso y deprimiendo el consumo. Y que se sustentan en un bloque de poder mediante las alianzas políticas requeridas por la vinculación con el sector externo representado por las compañías inversoras (Cardoso y Faletto, 1973 [1969]: 51). De tal modo que “el control de las decisiones de inversión depende directamente del exterior” y “los beneficios generados por el capital (impuestos y salarios) apenas ‘pasan’ en su flujo por la nación dependiente” (Cardoso y Faletto, 1973 [1969]: 53).

Este proceso es impensable sin la articulación política en la que se desenvuelve la dependencia, es decir, la centralización autoritaria del poder político (Cardoso y Faletto, 1973 [1969]: 153 y 156). Frente a lo cual se hace necesario vencer políticamente el subdesarrollo y la dependencia con la construcción de un bloque de poder que pretenda y consiga:

“la quiebra o por lo menos el repliegue del sector vinculado a la oligarquía y al enclave, para que sea posible utilizar el Estado, controlado ya por otros grupos por lo menos parcialmente, para plasmar los mecanismos de acumulación y de inversión capaces de crear un mercado interno, el que a su vez servirá de punto de apoyo de la nueva política.” (Cardoso y Faletto, 1973 [1969]: 101)

Monereo vs Llonch. Estrategias disímiles contra la dependencia

Hay un debate absolutamente clave en que sale a relucir este planteamiento estratégico. Se trata de la discusión entre Pau Llonch y Manolo Monereo del programa la Klau Crítica del septiembre de 2017. En ese debate Monereo subsume el antagonismo estatal-territorial en la tensión centro-periferia de escala europea para quitar importancia al primero y elevar la segunda a la categoría de contradicción principal.

Esta desconexión de escala es paradójica porque niega el derecho de autodeterminación a una escala menor a la europea al tiempo que lo reivindica frente al centro alemán y la Troika.

Perdiendo por el camino el análisis de cómo funciona la dependencia como lógica que también en el interior de los países dependientes centraliza el poder y establece alianzas con sujetos que se benefician de esta relación. En cambio, Llonch en su defensa de la autodeterminación llega una posición integral y estructural frente a la dependencia. De modo que plantea la autodeterminación como la “medida negativa de la dependencia”, en el estilo de Zavaleta:

“el grado de autodeterminación democrática es la medida negativa de la dependencia, y en tal sentido, por ejemplo, la conformación universal y verificable del poder, la intensidad participatoria en la enunciación de la voluntad general, el propio grado de igualdad en el consumo del producto nacional, son indicadores tan importantes como la propia existencia del mercado interno y la colectivización de la subsunción real o revolución intelectual.” (2015 [1982]: 310)

Por su parte, Monereo excluye que el centralismo político sea parte y válvula de la relación de dependencia. O que el Madrid tatcheriano funcione a modo de enclave fiscal y financiero como destacamento de primer orden de la Troika. No por casualidad Syriza hablaba de la existencia de dos troikas, la interna y la externa, estrechamente vinculadas entre sí (Katsambekis y Stavrakakis, 2014).

Por ello, es fundamental la construcción de un bloque de poder que no sólo abarque la medialuna republicana y transformadora, desde la cornisa atlántica norteña hasta el arco mediterráneo oriental que comprende también el sur peninsular. Hace falta, también en Madrid y en interés del propio pueblo madrileño, una política propia, como decía Miguel Urbán, alternativa a la fiscalidad de enclave de Ayuso, para que Madrid pueda ser algo más que un enclave financiero central, puerta de entrada del estrangulamiento externo, y pueda reconstruirse como territorio libre y soberano respecto al Estado de la dependencia.

Frente al proyecto que utiliza el estatus de capitalidad madrileño y la fiscalidad de enclave como ventajas comparativas para desarrollarse a costa de otros territorios es necesario oponer una alternativa con menos sentido de Estado y más sentido territorial. Con tal de hacer de un Plan de choque social y de una Renta Básica madrileñas elementos contracíclicos contra la crisis y generadores de una dinámica económica territorial inspirada en la capacidad adquisitiva de las clases populares y la redistribución de la renta en lugar del dumping fiscal interterritorial.

Para vencer a la dependencia hace falta primero vencer a sus enclaves y para ello hará falta la estratégica osadía histórica que Cardoso y Faletto auscultaban en todas las luchas de liberación nacional para mejorar las condiciones de vida de la gente:

“Sabemos que el curso concreto de la historia, aunque sea señalado por las condiciones dadas, depende en gran parte de la osadía de quienes se proponen actuar en función de fines históricamente viables. Por tanto, no incurrimos en la vana pretensión de intentar delimitar teóricamente el curso probable de los acontecimientos futuros. Éste dependerá, más que de las previsiones teóricas, de la acción colectiva encaminada por voluntades políticas que hagan factible lo que estructuralmente apenas es posible.” (Cardoso y Faletto, 1973 [1969]: 166)

Referencias

Cardoso, Fernando Henrique y Faletto, Enzo, Dependencia y desarrollo en América Latina, Siglo XXI, México, 1973 [1969].

Frank, André Gunder, “Hasta los herejes permanecen limitados por el pensamiento tradicional al formular sus herejías” en Crítica y anticrítica: ensayo sobre la dependencia y el reformismo, Zero Zix, Madrid, 1978 [1969], pp. 136-153.

Frank, André Gunder, “Ciencia y subdesarrollo en el tercer mundo” en Crítica y anticrítica: ensayo sobre la dependencia y el reformismo, Zero Zix, Madrid, 1978 [1970], pp. 22-37.

Frank, André Gunder, “Las ‘cuestiones teóricas de antropología económica’, de Dalton” en Crítica y anticrítica: ensayo sobre la dependencia y el reformismo, Zero Zix, Madrid, 1978 [1970], pp. 65-79.

Frank, André Gunder, “Hacia una teoría histórica del subdesarrollo capitalista en Asia, África y América Latina” en Crítica y anticrítica: ensayo sobre la dependencia y el reformismo, Zero Zix, Madrid, 1978 [1970], pp. 154-175.

Frank, André Gunder, “Acerca de la tesis de Weber en torno a las raíces del desarrollo y el subdesarrollo en el nuevo mundo” en Crítica y anticrítica: ensayo sobre la dependencia y el reformismo, Zero Zix, Madrid, 1978 [1972], pp. 80-87.

Frank, André Gunder, “Acerca de las ventajas comparativas y el intercambio desigual” en Crítica y anticrítica: ensayo sobre la dependencia y el reformismo, Zero Zix, Madrid, 1978 [1973], pp. 105-121.

Furtado, Celso, “Nueva lectura de los textos de la CEPAL” en Antología del pensamiento político, social y económico de América Latina, ed. por Arturo Guillén y Gregorio Vidal, Agencia Española de Cooperación Internacional, 2008 [1993], pp. 73-76.

Hall, Stuart, “Repensar la base y la superestructura” en Estudios Culturales 1983: una historia teorética, Paidós, Buenos Aires, 2015 [1983], pp. 109-136.

Stavrakakis, Yiannis y Katsambekis, Giorgos, “Left-wing populism in the European periphery: the case of SYRIZA”, Journal of Political Ideologies, vol. 19, n. 2, 2014, pp. 119-142.

Zavaleta, René, “Problemas de la determinación dependiente y la forma primordial” en La autodeterminación de las masas, CLACSO, Buenos Aires, 2015 [1982], pp. 291-320.