…vuelan ya en cohete hacia la luna sin haberse parado a mirar ni a habitar la Tierra.

Como es sabido, el cambio climático amenaza numerosas especies que, antes de desaparecer, atraviesan un período de confusión: el inesperado desajuste temporal entre las abejas macho y las orquídeas, el retraso de ciertas aves migratorias, que llegan demasiado tarde o demasiado pronto para hacer sus nidos, la desnudez repentina de la liebre americana que, antes de perder su camuflaje blanco, queda expuesta a los depredadores como consecuencia del deshielo precoz, la puntualidad suicida del caribú de Groenlandia, cuyas crías mueren porque se ha adelantado la primavera y no encuentran nada que comer. Ahora bien, en su libro Animales confundidos el pediatra y poeta islandés Dagur Porson no se ocupa sólo de esos pobres animales que han perdido el paso de la naturaleza; para Dorson el animal más confundido de todos, «cría prematura de un cosmos sin hacer», es el ser humano. En su larguísimo poema de 10.450 versos, rival en ambición y longitud del Paraíso Perdido de Milton, el autor islandés relata en endecasílabos asonantes la lenta evolución darwiniana del planeta, deteníendose con premiosa delectación en la explosión cámbrica con su surtidor de especies y, 500 millones de años después, en el imprevisto impulso de los chapuceros mamíferos; para afrontar, a partir del verso 6.235, la aparición extemporánea del ser humano, que llegó prematuramente a un mundo que no estaba preparado para recibirlos. «Los humanos llegaron demasiado pronto y pillaron desprevenidas a las colinas, los almendros y las ovejas», dice Dorson en su poema. «Se pillaron desprevenidos también a sí mismos», añade 100 versos más allá, «y desde entonces llegan demasiado pronto o demasiado tarde a todas las citas: demasiado pronto a la guerra, demasiado tarde al amor». Animales confundidos, acaba Dorson, «vuelan ya en cohete hacia la luna sin haberse parado a mirar ni a habitar la Tierra».

Por Santiago Alba Rico