El feminismo como propuesta organizativa

El 8 de marzo del año 2018  fue un día histórico, su fuerza tocó a todas las personas que lo vivimos y sus efectos han venido para quedarse por décadas. Hablamos con Haizea Miguela, de la Comisión 8M en Madrid (colectivo motor de esa movilización), para que nos cuente cómo vivieron, desde el epicentro del movimiento, el 8M y el camino hasta llegar a él. Nos preguntamos con ella cómo se organiza el movimiento feminista; como se configuran las formas de construcción y toma de decisiones, como se dinamizan las asambleas o como funcionan las relaciones dentro del propio movimiento y con los otros. En definitiva, queremos comprender la cultura política que ha impregnado al feminismo organizado en esto que empieza a llamarse la Cuarta Ola.

La huelga se organiza como si fuese un traje hecho a medida”.

Desde los años 70 existe un espacio similar al de la Comisión 8M que ha servido para preparar todas las manifestaciones, pero este año ha sido diferente. Ya en el 2017, a raíz de las convocatorias que llegaron por medio de las redes sociales desde Argentina, Polonia o Italia se convocó el Primer Paro Internacional de Mujeres, con muchas facetas: la huelga laboral, de estudiantes, de cuidados y de consumo. Dado el éxito de la convocatoria, “se sale con el compromiso de organizar una huelga” para el año siguiente. Y desde esa comisión comienzan a reunirse el día 8 de cada mes. La elección de esa fecha no fue algo simbólico: pretende conseguir que las que no puedan ir un 8 vayan el otro. “Hay un sentimiento, todo el rato, de querer estar todas, todas las posibles, lo más diversas posibles”, señala Haizea.

El carácter internacional e internacionalista se combinó con la necesidad de dotar de significado sustantivo a las palabras “huelga·” y “feminista”. Con esa idea comenzaron a crearse comisiones de contenido, de comunicación y de extensión. Lo primordial era preguntarse: “¿qué motivos son suficientes para que las mujeres paren 24h?” “¿qué dinámicas desarrollamos para fomentar la participación?”. Nada estaba escrito de antemano. “La huelga se ha organizado en función de las necesidades que colectivamente íbamos viendo” afirma Miguela. El éxito ha residido, pues, en hilar fino, como si la huelga fuese “un traje de alta costura hecho a medida”.

Rotación de tareas, dinamización colectiva y reparto de los trabajos

Los movimientos sociales androcéntricos y masculinos han reproducido en su seno prácticamente siempre la división sexual del trabajo que estructura la sociedad. Por un lado, las mujeres hacen los trabajos invisibles, que son sostén de la economía o de las organizaciones políticas. Por otro, los hombres acaparan tareas visibles y poco rotativas, generando así estructuras jerárquicas en las que solo algunos suben hacia arriba.

Por suerte, las dinámicas en el movimiento han sido completamente diferentes. ¿Es efecto de que sean mujeres, socializadas en la feminidad? Sí, pero aún más importante es que sean mujeres feministas. El feminismo es un movimiento de impugnación al poder establecido y a las maneras de reproducirse. Por eso, en la comisión “cada una decide cuánto se quiere implicar y se van adquiriendo pequeños compromisos para que todas las mujeres puedan participar”. Además, han creado la comisión de accesibilidad, para pensar de forma transversal en que las acciones que se llevan a cabo sean accesibles para todas, teniendo en cuenta la diversidad funcional, es decir, “para que estemos todas”. También han organizado varios talleres, como el titulado Nosotras tomamos la palabra, para que las mujeres quieran hablar en público y hacer de voceras del movimiento. Quieren llevar el mensaje a cada rincón.

La dinamización siempre rota, siempre se ocupaba gente distinta. Todas las voces valen, como regla, y los cuidados y el respeto son innegociables. El movimiento tiene claro que para avanzar hacia la sociedad feminista hay que empezar por parecerse a ella en nuestro día a día.

Aún así, sigue siendo necesaria la autocrítica. “No hay aún una estructura saneada, sino que aún es un desafío el cómo organizar a tanta gente, que no se generen roles, que no se valore tanto en función del tiempo que puede estar una mujer en el movimiento. Y es que en una sociedad patriarcal, capitalista y racista “no todas tenemos las mismas posibilidades de participar” A estas dinámicas opresivas tratan de oponerse “con vocación de colectividad, apegadas a la realidad, diversidad, generando el todas juntas…” Pero son enemigos fuertes. “Hay mucho que mejorar” reconoce Haizea.

El efecto 15M

Sería impensable un movimiento como el que estamos viviendo sin el 15M y lo que ha implicado en términos de apertura de un nuevo ciclo político. “Hay un cambio que tiene que ver con el 15M, aunque es algo previo, y con el objetivo de desbordar” precisa Haizea. La voluntad de ser mayoría, la lógica de desborde, y la utilización de las redes sociales (sobre todo, Whatsapp) son conceptos y prácticas sustanciales a la propia forma de construir la huelga. “Se trata de sumar” resume Miguela.

Ya hay mucha gente que, sin decidirse aún a hacer huelga, ha empezado a pensar cosas y a tratar de sacar problemas y conflictos hacia afuera. “La huelga era la excusa, una herramienta para interpelar a la gente, para plantear problemas, para abrir debates en la sociedad, para hacer propuestas, para la interpelación colectiva, el pensar como resolver problemas de forma colectiva y abierta”.

Pero no solo cuentan las vías de comunicación: también el mensaje y la manera de transmitirlo. “Las lógicas de comunicación han cambiado mucho. Nombrar la realidad hace que existan los problemas que sentimos. Buscamos palabras cada vez más complejas que describen muy bien la realidad, pero las palabras esdrújulas y los manifiestos de 4 hojas se enfrentan a la llegada de Twitter y a la falta de tiempo de la gente. Instagram ya no tiene ni caracteres. ¿Cómo utilizar la imagen para que te apetezca ir a twitter, para que te apetezca ir al manifiesto, para que te apetezca ir a una asamblea, para que te apetezca organizarte con tus amigas? Teníamos que hacer el camino inverso” relata Miguela.

Nuevas gramáticas para nuevas luchadoras. La huelga empezó a desbordar cuando las estudiantes de instituto y universitarias comenzaron a acercarse. “Hay muchas chavalas de 17 años que en función de su experiencia necesitan que la huelga se organice en Instagram. Yo les llamo la generación del corazón morado. Antes de esto, quien ha participado en el feminismo nos conocíamos todas. Ahora, cuando alguien se enfada, se dicen unas a otras “no te enfades, corazón morado”. Esto, a juicio de Haizea, genera un choque entre la tradición feminista de nombrar la realidad con la máxima fidelidad y la necesidad de rapidez comunicativa de las nuevas redes sociales.

Las nuevas integrantes entran en escena respirando el ecosistema del 15m. “La cultura política de los últimos 15 años se ha oxigenado. Ha entrado muchísima gente que tiene un objetivo: sacar adelante una propuesta” describe Miguela. Esto ha cambiado por completo la composición social y sobre todo generacional de los movimientos feministas en los últimos años. Son mujeres muy jóvenes que conviven y construyen codo con codo, mano a mano, con históricas militantes feministas de la segunda ola.

Nuevas oportunidades… y nuevos retos. “Mucha gente nueva tiene que empezar a entenderse. Pero genera tanta ilusión y motivación… Pesa la idea de “remar a favor”, de sacar el objetivo adelante Un carácter colaborativo presente, incluso, en la banda sonora de la huelga. “En todas las canciones hay un lema colaborativo muy fuerte, común y muy en positivo: “juntas, libres y diversas”. No cantan “abajo el patriarcado” Que eso también, pero después” aclara la improvisada portavoz.

Ganar el futuro e ir hacia adelante, hacia los objetivos marcados, se consigue desde el optimismo y la ilusión. La cuestión, para ella, era pensar “cómo contar a hermanas pequeñas que existe la violencia sin banalizar ni quitar importancia al problema. Cómo hacerlo para que nos entiendas todas y se sumen a nosotras. Esos objetivos condicionan mucho”

Desde la experiencia y la complejidad de la vida de las mujeres

“Los medios nos decían siempre “es que es tan real” ¿Como que “real”? ¡Pues claro!, es que cada vocera participa en tal sitio porque es algo que le afecta en su vida, que le atraviesa en su vida, día a día. Nosotras hablamos de nuestros problemas. Es real porque es mi vida, mi propuesta política está basada en mi experiencia política”. Por eso, entre otras cosas, el mensaje solidario que se acabó convirtiendo en hegemónico ese día (“hacemos huelga por las que no pueden”), rompe con la clásica concepción del parón productivo donde hay esquiroles, rechaza la dicotomía del conmigo o contra mí. “En esta huelga no hay esquirolas porque todas vamos a hacer lo máximo posible por cambiar lo que podamos. Nos va la vida en ello” opina la entrevistada.

Es tan fácil y tan difícil como combinar y entender la complejidad de las mujeres con la voluntad de ser mayoría, como comprender la huelga como un punto de inflexión de un largo proceso y no como un punto final. “La huelga es un proceso, no es el 8M, es lo que va a cambiar el 9 de marzo. todo lo que va a cambiar políticamente, cómo vamos a salir reforzadas para seguir haciendo propuestas políticas… Y hacer la huelga apegadas a la realidad. Faltan muchas, pero ya somos muchas, y muy diversas” celebra Haizea.

Sabemos que la cultura política feminista siempre ha roto con las formas masculinas de hacer política. Ahora se ha mezclado con el acontecimiento 15M y sus implicaciones en el conjunto de luchas. ¿Tendrá el feminismo, también, la capacidad de transformar los movimientos sociales y las organizaciones políticas para que avancemos desde la práctica cotidiana hacia la sociedad feminista que queremos construir?