Cristina Monge, subtitulo su magnífico trabajo sobre el 15-M (Prensas de la Universidad. Universidad de Zaragoza, 2017); 15M: Un movimiento político para democratizar la sociedad. En mi opinión Cristina logra expresar el significado profundo de un movimiento de la sociedad española que sobre todo y por encima de todo reclamaba una democratización de todos los ámbitos: político, institucional, económico, social, organizacional e incluso de los propios movimientos sociales.

Los objetivos no logrados, los cambios a medias, la reaparición de la política en sus formatos de verticalismo e hiperliderazgos, el desánimo y la frustración que siguió al entusiasmo y a la alegría (especialmente el ciclo político-electoral que recorrió el año 2016, donde al final “el dinosaurio (Rajoy) seguía allí”), todo ello no nos puede ocultar los profundos cambios que el 15-M logro en nuestra sociedad. Todos los movimientos posteriores son deudores de lo que sucedió en las plazas de nuestro país en aquella primavera del 2011. Las mareas, las marchas por la dignidad, la movilización contra los recortes, el proces en Cataluña, la irrupción de la excepcional movilización feminista, la lucha de los pensionistas, las movilizaciones vinculadas a las “economías colaborativas”. El aprendizaje del 15-M ayudo a todos estos procesos a desarrollarse en marcos nuevos y en formas innovadoras con una tremenda penetración social. Pero también en la esfera política muchos de los hechos están marcados por el 15-M: la irrupción de Podemos, la crisis del Psoe y la posterior victoria de Pedro Sanchez en las primarias y en el Congreso, el montaje de Ciudadanos, la crisis del PP (en el afloramiento de la corrupción tiene mucho que ver la intransigencia social a la misma) y la posterior victoria de Casado en unas seudoprimarias y en definitiva la quiebra del sistema bipartidista, introduciendo en el escenario la imprescindibilidad de la negociación y del acuerdo, como ha mostrado la moción de censura de Pedro Sanchez que nadie preveía simplemente unos días antes.

La fuerza del 15-M topó con la reacción organizada de las fuerzas opuestas a un cambio profundo, armando un contra 15-M institucional. En los 21 puntos más reivindicados por el 15-M la mayoría iban dirigidos a un cambio democratizador de las instituciones. Ante ello el primer y fundamental cortafuegos fue la abdicación de Juan Carlos cuyas actuaciones estaban llevando a la Corona a un punto de no retorno y a ello se aplicaron de forma eficiente los poderes fácticos de la transición (Prisa, CNI, Felipe/Rubalcaba); el PP y posteriormente Ciudadanos se volcaron a aprovechar los errores políticos del PSOE y Podemos (no dar salida gubernamental a los resultados electorales del 20-D), y la crisis catalana para acelerar y profundizar la reversión de aspectos nodales de la Constitución del 78 rompiendo pactos claves de la misma:
a) Territorial, con un Estatuto en Cataluña que no fue votado por el pueblo
b) Local, desmontando la autonomía local con las leyes Montoro y el techo de gasto
c) Judicial, otorgando poderes ejecutivos a los jueces para su batalla contra el proces y muchas otras políticas
d) El social, con una reforma laboral que liquidaba la capacidad negociadora de los sindicatos e imponía las condiciones más ventajosas a los intereses patronales.

En definitiva estábamos asistiendo a una clara involución hacia un sistema más clasista y autoritario, en las antípodas del 15-M, sin embargo la ruptura social y política que había generado este, volvió a resurgir mediante la moción de censura que encabeza Sanchez en acuerdo con Podemos y los nacionalistas y pone sobre el tapete una agenda de cambios (en condiciones mucho mas difíciles que en 2016) que conecta con muchos de los elementos que la sociedad española demando en las plazas de pueblos, barrios y ciudades.

EL 15M sucedió hace 7 años, en 2011. Si en 2011 tenías 10 años, hoy tendrías 17. Y el 15M, esa cosa que nos atravesó la vida, no te atravesó la vida, yo creo. El 15M es un acontecimiento. Un acontecimiento es algo que cambia profundamente las cosas, que abre las cosas. Un acontecimiento puede, por ejemplo, latir mucho tiempo después sin que sepamos que eso que sentimos, esa forma de ver las cosas, es un latido de ese acontecimiento. Es decir, que quizás esa persona a la que el 15M no le atravesó la vida, está atravesada por el 15M, pero no lo sabe, o no lo nombra. Cuando algo te atraviesa la vida, te la cambia, te rompe (te arregla) y el mundo que te rodea cambia con ello, hay el peligro de dejar de ver cómo y dónde late y se empieza a sustituir por imágenes, icónos, fechas, aniversarios. Se fija y, quizás, se borra.

¿Qué es lo que late hoy del 15M? Probablemente un camino de vuelta, lo digo con mucha prudencia.

El 15M dice “así no” al poder. El poder responde de dos maneras. Una es “cállate” y la otra es “Si así no, cómo”. Y empieza un viaje desde ese acontecimiento hacia el poder para hacer y decir cómo. El 15M es un acontecimiento social, irrepresentable, irreductible por completo, más anónimo que liderado, más retaguardia que vanguardia, más deseo que planificación. Creo que látido fundamental del 15M es algo así como “La sociedad tiene que poder defenderse colectivamente de lo que la hace vulnerable” y “Esa defensa se basa en tener más derechos”.

Una parte del proceso de estos años ha sido una traducción institucional de dichos planteamientos, para ello se han tenido que construir diversas máquinas políticas que han intentado con mayor o menos éxito traducir al campo de la intervención institucional ese carácter irrepresentable, anónimo, de retaguardia, de deseo en un campo definido por las cualidades contrarias, las del poder: visibilidad, liderazgos carismáticos, representación, vanguardia. Ahí se ha producido algo nuevo y ciertos vacíos. El camino de vuelta, ese “conocer cómo se vuelve a la plaza” es la pregunta más importante que tenemos que hacernos hoy. No porque la otra, la de la institución y el poder, no sea importante, sino porque a esa ya hemos respondido.

Quienes hemos participado en la parte municipalista de esas herramientas institucionales hablamos desde hace unos meses de una idea, muy poco concreta aún, pero que nos sirve para hacer un boceto de respuesta a la pregunta del camino de vuelta a la plaza, que no es simplemente volver a llenar la plaza, sino identificar dónde están ahora las plazas, qué necesitan, cómo pueden fundar campamentos y proteger a la sociedad. Lo llamamos “municipalismo del afuera” y creo que será un desafío político, al menos, alegre. No es poco.

Lo del 15M iba fundamentalmente de pasiones alegres.

El 15M ha supuesto un empoderamiento revolucionario de lo que podríamos llamar la gente corriente, personas que no habían participado nunca en política o que llevaban mucho tiempo apartadas de ella, empiezan o vuelven a implicarse muy activamente en la misma.

El 15 de mayo de 2011, la base de la sociedad decide que ya no puede seguir dejando los asuntos que son importantes en manos de los políticos profesionales, siente que sus derechos básicos están siendo pisoteados cada día y que la única defensa posible es la auto organización en asambleas en las plazas y la lucha en las calles.

La primera consecuencia que tiene el movimiento es que los partidos políticos convencionales sienten que la ciudadanía ejerce sus derechos políticos no sólo a través del voto cada cuatro años, si no de una forma continua, crítica y participativa y esto implica un cambio de actitud que era muy necesario; ahora tienen que rendir cuentas, ejercer la transparencia y apartar el despotismo y la prepotencia que tan asentadas estaban en la vida política.

Pero el cambio no se queda sólo en esto ya que desde el seno del 15M surge el debate, con mucha intensidad, sobre si la lucha debe mantenerse sólo en la calle o hay que entrar también en las instituciones, no a través de los partidos políticos tradicionales, si no creando una nueva herramienta cuyo principal objetivo debe de ser conseguir que las instituciones estén de verdad al servicio de las personas.

A finales del 2012 y durante todo el 2013 se genera una actividad intensa, por parte de las personas que defienden que el 15M debe entrar en las instituciones, para construir una herramienta que permita dar ese salto, respetando al máximo el espíritu asambleario, inclusivo transversal y horizontal.

A partir de entonces el movimiento se enfrenta a varios problemas críticos:

¿Es posible crear una nueva organización para entrar en las instituciones en la que puedan seguir participando todas las personas corrientes, movilizadas con el 15M y mantener su espíritu?

¿Qué papel pueden o deben jugar las organizaciones tradicionales, pero afines ideológicamente y con mucha experiencia política, en esta nueva herramienta?

¿Es posible conseguir que convivan estos dos mundos, que tienen intereses comunes, pero formas de organización tan opuestas?

En enero de 2014, como resultado de esta búsqueda, surge Podemos, en el que muchas de las personas movilizadas con el 15M ven esta nueva posibilidad y que inmediatamente tiene que enfrentarse a estas cuestiones y tratar de darles solución.

Asimismo, en mayo de 2015, diferentes candidaturas que también han surgido al amparo de este espíritu, consiguen entrar a gobernar en los Ayuntamientos de varias de las ciudades más grandes del país, lo que se ha llamado ayuntamientos de cambio.

Se abre entonces una oportunidad histórica ya que el municipio es sin duda la institución más cercana a la ciudadanía y la que de una forma más directa va a poner a prueba el objetivo de poner las instituciones al servicio de las personas.

Desde la perspectiva actual es innegable que los problemas y los retos a los que se tenía que enfrentar el 15M cuando se decide dar este paso adelante son mucho más complejos de lo que inicialmente se pensaba.

Pero por otro lado nos encontramos en un momento precioso, ya que la experiencia de estos años es valiosísima y ahora tenemos la capacidad de analizar con rigor qué se puede hacer y cómo conseguirlo, tanto desde el punto de vista de la construcción de nuevas formas de organización política como de transformación de las instituciones.